
Las muestras recogidas en un punto de emisión natural al sur de Chengdu, en la cuenca de Sichuan, contenían entre 97,33 % y 98,24 % de hidrógeno, una de las concentraciones naturales más altas comunicadas hasta ahora y un récord en China.
- 🇨🇳 Récord de hidrógeno natural en China: hasta un 98,24 % de pureza.
- 🌍 Concentraciones comparables a algunos de los mejores yacimientos conocidos del mundo.
- 🪨 Posible generación mediante reacciones naturales entre agua y rocas ricas en hierro.
- 🔬 Ocho días de seguimiento del escape de gas, sin una caída apreciable del flujo.
- ♻️ Una posible nueva fuente de hidrógeno de bajas emisiones, todavía lejos de demostrar su viabilidad comercial.
- ⚠️ Sin reservas explotables confirmadas, sin caudal de producción industrial y sin costes de extracción conocidos.
Una filtración inesperada al sur de Chengdu
El descubrimiento comenzó en junio de 2026, cuando se detectó una emanación de gas de origen desconocido en la cuenca de Sichuan, al sur de Chengdu. Los análisis posteriores ofrecieron un resultado poco habitual: el gas estaba formado mayoritariamente por hidrógeno.
Entre el 2 y el 9 de julio, los investigadores realizaron un seguimiento continuo durante ocho días. Las muestras presentaron concentraciones de H₂ comprendidas entre el 97,33 % y el 98,24 %, con una media del 97,76 %.
El resto era escaso: entre 1,66 % y 2,54 % de nitrógeno y apenas entre 0,09 % y 0,20 % de metano. Durante las observaciones, la emanación mantuvo un flujo medio aproximado de 5 mililitros por segundo y no mostró una disminución evidente.
Es un dato interesante, aunque conviene ponerlo en perspectiva. Un pequeño escape superficial estable durante ocho días no equivale a un pozo capaz de producir hidrógeno comercialmente durante años.
Y esa distinción será decisiva.
Un 98,24 % que coloca a Sichuan entre los casos más llamativos del mundo
La pureza resulta especialmente relevante al compararla con otros sistemas naturales estudiados.
El campo de Bourakébougou, en Mali, presenta concentraciones cercanas al 97,4-98 %. En Huwayl Qufays, Omán, se han registrado valores de hasta aproximadamente el 99 %. Otros sistemas conocidos presentan concentraciones inferiores: alrededor del 84 % en Bulqizë, Albania, cerca del 91,8 % en Kansas y aproximadamente un 73,3 % en el pozo Ramsay-1 de Australia, según la comparación recogida por los investigadores chinos.
El caso de Sichuan entra, por tanto, en un grupo poco común de manifestaciones geológicas donde el gas encontrado es prácticamente hidrógeno puro.
La ventaja potencial es bastante intuitiva: cuantas menos impurezas acompañen al hidrógeno, menores podrían ser las necesidades posteriores de separación y purificación. Eso podría influir tanto en el consumo energético como en los costes de una futura explotación.
Todavía es un condicional. Falta conocer cómo sería realmente el gas obtenido de un reservorio profundo.
¿De dónde sale tanto hidrógeno?
El trabajo apunta hacia un origen inorgánico profundo.
Esto diferencia al hallazgo del hidrógeno producido industrialmente a partir de gas natural, carbón o electrólisis. En este caso, determinadas reacciones geológicas estarían generando hidrógeno dentro de la propia corteza terrestre.
Una de las hipótesis más interesantes está relacionada con la serpentinización.
Cuando determinadas rocas ultramáficas ricas en hierro interactúan con agua bajo ciertas condiciones de temperatura y presión, el hierro puede oxidarse mientras parte del agua se reduce. Entre los productos de estas reacciones aparece hidrógeno molecular (H₂).
La zona estudiada ofrece varias pistas geológicas.
El punto de fuga se encuentra cerca del cinturón de ofiolitas neoproterozoicas Shimian-Miaowan y dentro de una región influida por las enormes formaciones volcánicas de Emeishan. Los investigadores plantean que las peridotitas serpentinizadas, piroxenitas y determinadas rocas ígneas ricas en hierro podrían actuar como rocas generadoras.
También existen fallas profundas capaces de proporcionar vías para que el gas ascienda.
El escenario planteado resulta bastante sugerente: rocas profundas produciendo hidrógeno de manera continuada y grandes fracturas geológicas transportándolo hacia niveles superiores.
El escaso metano aporta otra pista
La composición química también ayuda a reconstruir lo ocurrido bajo tierra.
Si el hidrógeno procediera principalmente de la transformación térmica de materia orgánica o de la descomposición de metano, cabría esperar una composición diferente. Sin embargo, algunas muestras contienen aproximadamente un 98 % de H₂ frente a apenas un 0,09 % de CH₄.
Esa combinación ha llevado a los investigadores a descartar como fuentes principales tanto la evolución térmica convencional de materia orgánica como la descomposición del gas natural.
También podría indicar algo sobre la velocidad de migración.
En determinados ambientes profundos, el hidrógeno puede reaccionar con CO₂ y acabar formando metano mediante procesos geoquímicos. La escasez de CH₄ encontrada en Sichuan podría significar que el hidrógeno asciende relativamente rápido por las fracturas antes de ser consumido por otras reacciones, o que existe una producción profunda capaz de compensar continuamente esas pérdidas.
Hay otra posibilidad: que ambas cosas estén ocurriendo al mismo tiempo.
La Tierra podría contener mucho más hidrógeno de lo que se pensaba
Durante décadas predominó la idea de que una molécula tan pequeña y reactiva como el H₂ difícilmente podría acumularse en cantidades importantes bajo tierra.
Los descubrimientos recientes han obligado a revisar esa interpretación.
Un modelo publicado en Science Advances estimó que el subsuelo terrestre podría contener alrededor de 5,6 millones de millones de toneladas de hidrógeno geológico, aunque el rango de incertidumbre es enorme y la mayor parte probablemente nunca podrá recuperarse. Los propios autores advierten que estimar el recurso existente no significa que ese volumen sea técnicamente accesible o económicamente explotable.
Ahí está la cuestión importante.
El desafío ya no consiste únicamente en demostrar que existe hidrógeno natural. Se trata de encontrar acumulaciones suficientemente grandes, concentradas, accesibles y capaces de mantener una producción estable.
Sichuan ya había dado pequeñas pistas
La aparición de hidrógeno en esta cuenca tampoco surge completamente de la nada.
Desde 2023 se habían estudiado 2.417 análisis de gas procedentes de yacimientos de la cuenca de Sichuan. En los campos de Penglai y Anyue se identificaron 17 pozos con concentraciones superiores al 1 %, aunque esos valores seguían siendo demasiado bajos para hablar de una acumulación comparable con los grandes sistemas naturales conocidos internacionalmente.
El salto desde porcentajes modestos hasta más del 98 % cambia el interés geológico de la región.
No demuestra que exista un enorme yacimiento esperando bajo Chengdu. Sí demuestra algo previo y fundamental: el sistema geológico de Sichuan es capaz de generar o transportar hidrógeno extremadamente concentrado.
Eso justifica buscar dónde podría estar acumulándose.

El siguiente paso está bajo tierra
Los propios investigadores plantean tres líneas principales: identificar con mayor precisión las rocas generadoras, reconstruir las rutas de migración a través de fallas y ampliar los análisis isotópicos para determinar mejor el origen y evolución del gas. También proponen estudiar el hidrógeno presente en los gases del suelo para localizar posibles áreas de interés.
En otras palabras, el trabajo publicado funciona más como un mapa de pistas para futuras campañas de exploración que como el anuncio de una nueva explotación energética.
Harían falta estudios geofísicos, perforaciones exploratorias y ensayos prolongados de producción para conocer parámetros mucho más importantes desde el punto de vista energético: volumen del reservorio, presión, permeabilidad, tasa de recarga, composición del gas en profundidad y comportamiento del sistema durante la extracción.
Hasta que esos datos existan, hablar de reservas comerciales sería adelantarse varios pasos.
Un sector energético que todavía está en fase exploratoria
El interés por el hidrógeno geológico está creciendo rápidamente. Estados Unidos, Francia, España, Australia, Canadá, Finlandia y otros países cuentan ya con campañas de exploración o proyectos específicos.
España aparece además en este mapa emergente. La Agencia Internacional de la Energía destacó en su revisión de 2025 el proyecto Monzón-2, en Aragón, entre las iniciativas europeas dedicadas a estudiar acumulaciones de hidrógeno natural. También señaló proyectos de exploración en Francia, Finlandia y Reino Unido.
Pero la misma Agencia Internacional de la Energía introduce una dosis necesaria de prudencia: el hidrógeno natural continúa en una etapa exploratoria. La única producción comercial identificada en su informe de 2025 era la pequeña instalación de Bourakébougou, en Mali, con unas 5 toneladas anuales. La explotación comercial a gran escala antes de 2030 seguía siendo incierta.
Sichuan deberá superar exactamente esa frontera entre geología prometedora y recurso energético.
Una posible pieza para descarbonizar la industria pesada
Si finalmente aparecen depósitos abundantes y explotables con una huella climática reducida, el mayor interés probablemente no estará en utilizar hidrógeno para cualquier aplicación energética.
Su valor podría ser mucho mayor allí donde existen pocas alternativas.
La producción de fertilizantes, el refino, determinadas industrias químicas, la fabricación de acero mediante reducción directa y algunos combustibles sintéticos necesitan moléculas, no únicamente electricidad.
Precisamente ahí podría resultar útil una nueva fuente de H₂ de bajas emisiones.
No tendría demasiado sentido emplear un recurso potencialmente escaso para usos donde la electrificación directa resulta más eficiente. La electricidad renovable debería seguir siendo prioritaria en vehículos ligeros, calefacción mediante bombas de calor y multitud de consumos cotidianos.
El hidrógeno tendría más valor reservado para los sectores difíciles de electrificar.

Deja una respuesta