
Simulaciones revelan que una expansión masiva de la eólica marina aumentaría las lluvias en el mar y las reduciría en la costa.
- 🌧️ Hasta un 15 % menos de precipitación en algunas zonas costeras bajo el escenario más extremo.
- 🌊 Más lluvia sobre el mar, especialmente alrededor de grandes concentraciones de aerogeneradores.
- 💨 Menor velocidad del viento y más turbulencia tras atravesar los parques eólicos.
- 🇩🇰 Dinamarca, Alemania, Países Bajos y Reino Unido, entre las regiones donde aparecen los cambios más claros.
- 📊 Diez años de condiciones meteorológicas simuladas, entre 2008 y 2017.
- ⚡ Escenario de máxima expansión, por encima de los objetivos actuales de 300 GW para 2050.
- 🔬 Un resultado basado en modelos climáticos, no en la observación de una reducción de lluvias que ya esté ocurriendo.
Miles de aerogeneradores marinos podrían cambiar dónde llueve en las costas del norte de Europa
¿Por qué importa?
Europa se prepara para convertir el mar del Norte en uno de los mayores centros de generación eléctrica renovable del planeta. Esa transformación permitirá producir enormes cantidades de electricidad con bajas emisiones, pero también obligará a comprender mejor un efecto menos evidente: cuando miles de aerogeneradores interactúan con la atmósfera al mismo tiempo, pueden modificar el viento, la turbulencia y el transporte de humedad a escala regional.
Un nuevo estudio publicado en Communications Earth & Environment plantea precisamente esa cuestión. Sus resultados indican que una expansión muy intensa de la eólica marina podría favorecer las precipitaciones sobre determinadas zonas del mar y reducirlas en áreas costeras próximas.
No significa que los parques eólicos estén provocando sequías. Tampoco que Europa deba frenar su despliegue. La investigación apunta hacia algo bastante más interesante: la planificación energética del futuro tendrá que considerar también las interacciones entre enormes infraestructuras renovables y el sistema climático regional.
Cuando un parque eólico deja de ser una instalación aislada
Un aerogenerador extrae energía cinética del aire para transformarla en electricidad. Como consecuencia, detrás de la turbina queda una estela caracterizada por menor velocidad del viento y mayor turbulencia.
En un parque con decenas o centenares de máquinas, estas estelas interactúan entre ellas. Y cuando se piensa en grandes áreas del mar ocupadas por múltiples parques próximos, el fenómeno deja de ser estrictamente local.
El equipo del Helmholtz-Zentrum Hereon quiso averiguar hasta dónde podría llegar ese efecto.
Los investigadores utilizaron el modelo climático regional de alta resolución COSMO-CLM, incorporando una representación específica de los parques eólicos. Las simulaciones analizaron escenarios correspondientes al despliegue existente y futuro de la eólica marina sobre la plataforma continental del noroeste europeo y el Báltico.
Para evitar que un año especialmente seco, húmedo o ventoso condicionara demasiado las conclusiones, se reprodujeron diez años de condiciones meteorológicas, entre 2008 y 2017. El estudio publicado en agosto de 2026 también evaluó diferentes tamaños de aerogenerador y escenarios de desarrollo para 2023, 2030 y horizontes posteriores.
El escenario más llamativo es deliberadamente extremo
Aquí está uno de los matices fundamentales.
La reducción de precipitaciones cercana al 15 % no describe lo que ocurrirá inevitablemente en las costas europeas en 2050.
Los investigadores construyeron un escenario de máxima ocupación de las áreas actualmente identificadas como potencialmente aptas para desarrollar eólica marina. Su capacidad instalada superaría ampliamente los objetivos políticos actualmente planteados.
Se trata, por tanto, de una especie de prueba de estrés atmosférica: llevar el despliegue a un nivel muy elevado para comprobar si aparece una señal suficientemente grande como para distinguirla de la variabilidad meteorológica habitual.
Esta distinción cambia bastante la lectura del estudio. El trabajo no ofrece una predicción cerrada del clima costero de 2050. Estima qué podría suceder bajo determinadas configuraciones de expansión masiva.
¿Cómo pueden miles de turbinas modificar la lluvia?
El mecanismo comienza con algo bastante conocido en ingeniería eólica: las estelas.
Las turbinas frenan parcialmente el aire que las atraviesa. En los escenarios estudiados, el despliegue a gran escala podría producir reducciones de la velocidad del viento superficial de hasta 2-3 m/s en determinadas circunstancias.
Pero no todo consiste en frenar el viento.
Las turbinas también aumentan la mezcla turbulenta entre diferentes capas de la atmósfera. Ese movimiento vertical puede transportar aire húmedo hacia arriba, donde encuentra temperaturas menores. El vapor de agua puede entonces condensarse, favorecer la formación de nubes y terminar produciendo precipitación.
El resultado sería una redistribución.
Parte de la humedad que anteriormente podía continuar avanzando hacia tierra precipitaría antes, sobre el propio mar o alrededor de las grandes concentraciones de aerogeneradores.
El balance total de agua atmosférica no desaparece. Cambia el lugar donde una parte de ella termina cayendo.
Hasta un 15 % menos de lluvia en algunos puntos costeros
Las simulaciones muestran una señal especialmente visible en sectores de Dinamarca, Alemania, Países Bajos y Reino Unido.
En el escenario de máxima expansión, las reducciones medias calculadas rondan aproximadamente el 8-15 % en determinadas regiones costeras, con disminuciones superiores al 15 % en partes de Jutlandia, Dinamarca. Los cambios resultan especialmente relevantes durante otoño e invierno y bajo determinadas circulaciones atmosféricas, entre ellas los vientos del suroeste.
La distribución espacial importa mucho.
No aparecería una franja uniforme de menor precipitación alrededor de todo el mar del Norte. La intensidad del efecto dependería de la dirección del viento, la localización de los parques, la distancia a la costa, la densidad de aerogeneradores y las condiciones atmosféricas dominantes.
En otras palabras: dónde se colocan las turbinas puede ser casi tan relevante como cuántas se instalan cuando se estudian estos efectos climáticos regionales.

No significa que un parque eólico pueda provocar una sequía
Conviene separar dos escalas que fácilmente pueden confundirse.
El estudio analiza estadísticas climáticas regionales acumuladas durante años, no afirma que un parque eólico individual sea capaz de impedir una tormenta concreta o de hacer desaparecer la lluvia de una ciudad.
Tampoco atribuye episodios recientes de sequía a la eólica marina.
La precipitación depende de procesos atmosféricos muchísimo mayores: circulación oceánica y atmosférica, temperatura del mar, sistemas de bajas presiones, humedad disponible, relieve terrestre y cambio climático global, entre otros factores.
Lo que aparece en las simulaciones es una modificación adicional superpuesta a ese sistema.
De hecho, los propios investigadores señalan una cuestión especialmente interesante: las proyecciones climáticas independientes apuntan hacia aumentos de alrededor del 15 % de las precipitaciones invernales en buena parte del norte de Europa bajo determinados escenarios de calentamiento. El efecto provocado por grandes concentraciones de eólica marina podría interactuar con esa tendencia, pero el estudio no pretende sustituir las proyecciones climáticas generales.
Una Europa con cientos de gigavatios instalados en el mar
La escala futura explica por qué esta cuestión empieza a resultar relevante.
Los países europeos llevan años preparando una expansión sin precedentes de la generación marina. Los compromisos acordados para los distintos mares europeos apuntan a aproximadamente 317 GW de renovables marinas para 2050, mientras que los países del entorno del mar del Norte han establecido una ambición de al menos 300 GW de eólica marina para mediados de siglo.
Además, el proceso continúa avanzando.
En enero de 2026, los países participantes en la Cumbre del Mar del Norte celebrada en Hamburgo reforzaron la cooperación para desarrollar grandes proyectos compartidos. Una parte relevante de la futura infraestructura podría combinar parques eólicos, interconectores eléctricos y conexiones entre varios países.
Esta evolución transforma la propia naturaleza de la eólica marina.
Ya no se habla únicamente de parques independientes conectados a una costa. Se avanza hacia enormes sistemas energéticos transfronterizos, con generación, redes eléctricas y potencialmente cientos de kilómetros de instalaciones distribuidas por una misma cuenca marina.
A semejante escala, estudiar sus efectos acumulativos resulta lógico.
La distribución de los aerogeneradores podría convertirse en una herramienta ambiental
Uno de los aspectos más útiles del trabajo es que el efecto atmosférico no depende únicamente de la potencia total instalada.
El tamaño de las turbinas, su separación, la densidad del parque y la distribución espacial de diferentes instalaciones pueden cambiar la forma en que se generan y propagan las estelas.
Eso abre una vía interesante para futuras políticas energéticas.
Si posteriores investigaciones confirman que determinadas configuraciones reducen los efectos sobre la atmósfera, los modelos meteorológicos podrían incorporarse a la planificación antes incluso de construir los parques.
La cuestión dejaría entonces de ser únicamente:
«¿Cuántos gigavatios caben en esta zona?»
También habría que preguntar cómo distribuirlos para producir electricidad reduciendo las alteraciones atmosféricas, oceánicas y ecológicas acumulativas.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La posible redistribución de las precipitaciones añade otra variable a una lista ambiental que ya resulta considerable.
Una disminución persistente de lluvia podría afectar a la humedad del suelo, disponibilidad de agua dulce, vegetación y agricultura de determinadas regiones costeras si el cambio fuese suficientemente intenso y duradero. La magnitud real de estas consecuencias todavía no puede deducirse directamente del estudio.
También existe una dimensión marina.
Cambiar la velocidad del viento sobre grandes superficies puede modificar el intercambio de calor y gases entre océano y atmósfera. Las turbulencias atmosféricas y las estelas también pueden interactuar indirectamente con procesos oceánicos.
Por eso el siguiente paso no consiste únicamente en perfeccionar modelos meteorológicos. Los investigadores consideran necesario estudiar conjuntamente atmósfera, océano y ecosistemas marinos.
La eólica marina ya requiere evaluar cuestiones como aves migratorias, mamíferos marinos, ruido submarino durante la construcción, pesca, fondos marinos y rutas de navegación. Los resultados de Hereon sugieren que, en despliegues especialmente extensos, los efectos meteorológicos acumulativos también podrían incorporarse progresivamente a esa evaluación ambiental.
El reto no es elegir entre energía eólica y medio ambiente
Sería fácil interpretar estos resultados como una contradicción de la transición energética. La realidad es bastante más compleja.
Los aerogeneradores marinos permiten generar electricidad sin quemar continuamente carbón, petróleo o gas. Reducir esas emisiones resulta esencial para limitar el calentamiento global, cuyos impactos sobre el ciclo hidrológico son muchísimo más amplios.
La cuestión planteada por esta investigación es diferente.
Una tecnología necesaria para reducir emisiones también puede generar impactos ambientales locales o regionales cuando se despliega a escalas enormes. Reconocerlos no invalida la tecnología. Permite diseñarla mejor.
Algo parecido ha ocurrido con otras infraestructuras renovables. Los grandes proyectos solares han obligado a prestar mayor atención al uso del suelo y la biodiversidad; las centrales hidroeléctricas, a la conectividad de los ríos; las líneas eléctricas, a las aves y al paisaje.
Con la eólica marina empieza a aparecer una nueva capa: la interacción acumulativa entre miles de turbinas y la atmósfera.
El mar del Norte necesita planificación conjunta
Hay además una dificultad política.
El viento y la humedad no respetan fronteras.
Un gran conjunto de parques situado en aguas de un país podría generar estelas que se propagasen hacia aguas o costas de otro. Eso convierte la evaluación ambiental en un asunto necesariamente transfronterizo.
La cooperación ya empieza a extenderse al propio diseño de la infraestructura energética. Los planes europeos contemplan proyectos híbridos capaces de combinar producción eólica e interconexiones internacionales. En 2026, por ejemplo, Alemania y Dinamarca avanzaron en el proyecto Bornholm Energy Island, respaldado con financiación europea para reforzar su conexión transfronteriza.
La misma lógica podría trasladarse progresivamente al análisis climático: compartir modelos, datos meteorológicos, observaciones marinas y criterios comunes para determinar dónde resulta más adecuado concentrar o dispersar los parques.
Todavía hacen falta más modelos y observaciones
Existe una limitación importante: los resultados proceden fundamentalmente de simulaciones numéricas.
Los modelos climáticos son herramientas imprescindibles para investigar fenómenos que todavía no pueden observarse directamente, pero contienen incertidumbres. Especialmente cuando se intenta representar la interacción entre miles de turbinas, nubes, turbulencia atmosférica y precipitación.
Los autores consideran necesario repetir estos experimentos con otros modelos climáticos, diferentes escenarios de implantación y nuevas configuraciones de turbinas.
También será fundamental aprovechar el propio crecimiento de la industria para recopilar observaciones.
Los parques existentes ofrecen una oportunidad para instalar radares, lidar, boyas meteorológicas y sensores capaces de medir cómo evolucionan las estelas durante decenas o centenares de kilómetros. Comparar esas mediciones con los modelos permitirá determinar cuánto de lo proyectado aparece realmente en la atmósfera.
Es ahí donde probablemente llegará la respuesta más sólida.
Más información: Naveed Akhtar et al, Projected impacts of future offshore wind farms on coastal precipitation over the Northwest European shelf, Communications Earth & Environment (2026). DOI: 10.1038/s43247-026-03852-x

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