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Científicos suizos demuestran que el calor no mata a los árboles, pero la falta de agua provoca daños irreversibles

16 abril, 2026 Deja un comentario

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Invernaderos en la WSL, en las instalaciones de Modoek © 2025 Alyssa Therese Kullberg / EPFL / WSL.

Estudio de WSL y EPFL revela que el calor no es el mayor problema para los árboles: lo es la sequía, las hojas pueden soportar hasta 45°C con agua.

  • 🌡️ Altas temperaturas tolerables con agua disponible.
  • 💧 Sequía + calor = daño irreversible en hojas.
  • 🌿 Transpiración clave para enfriar el árbol.
  • 🌳 Haya vulnerable, encina más resistente.
  • 🔥 Hojas hasta 45 °C, riesgo de “quemaduras”.
  • 🌍 Cambio climático = más sequías invisibles.
  • ⚠️ El problema real: falta de agua en el suelo.

Los árboles pueden soportar el calor, pero la sequía los lleva más allá de sus límites

Un futuro más cálido no tiene por qué ser el final de los bosques. O eso parecía. Sin embargo, este experimento desmonta una idea bastante extendida: no es el calor por sí solo lo que pone contra las cuerdas a los árboles, es la combinación con suelo seco lo que desencadena daños serios.

El estudio, desarrollado durante más de cinco años en Suiza, ofrece algo poco habitual: datos a largo plazo en condiciones controladas que imitan el clima que podría darse en Europa con un aumento de unos 5 °C. Y lo que revela no es tan intuitivo como cabría esperar.

Dentro de una prueba en un mini bosque

En Birmensdorf, cerca de Zúrich, los investigadores crearon pequeños ecosistemas experimentales al aire libre. No es un laboratorio clásico, más bien una especie de bosque en miniatura donde se puede ajustar el clima casi a voluntad.

Algunos árboles crecieron en condiciones normales. Otros se expusieron a temperaturas más altas. Un tercer grupo sufrió sequía. Y luego está el escenario más duro: calor elevado junto con falta de agua.

© Alyssa Therese Kullberg / EPFL / WSL.

Se centraron en dos especies clave en Europa: la haya, muy extendida y económicamente relevante, y la encina pubescente, más típica de climas mediterráneos. Esta elección no es casual. En muchos planes forestales actuales ya se debate si algunas especies deberán “ceder espacio” a otras mejor adaptadas al nuevo clima.

Cómo los árboles regulan el calor

Las hojas pueden alcanzar fácilmente temperaturas de entre 40 y 45 °C, incluso cuando el aire es más fresco. Para evitar el sobrecalentamiento, los árboles utilizan un mecanismo sorprendentemente parecido al sudor humano: la transpiración.

Liberan vapor de agua a través de pequeños poros, lo que enfría la superficie de la hoja. Funciona bien… siempre que haya agua suficiente en el suelo.

© Alyssa Therese Kullberg / EPFL / WSL.

Aquí aparece el dilema. Cuando escasea el agua, el árbol tiene que elegir:

  • Mantener los poros abiertos y arriesgarse a deshidratarse.
  • Cerrarlos para conservar agua, pero perder la capacidad de enfriarse.

No hay opción perfecta. Y ahí es donde empieza el problema.

La sequía hace que el calor sea peligroso para los árboles

Cuando el suelo se seca, la transpiración se reduce o se detiene. Las hojas se calientan más de la cuenta y aparece el llamado “scorching”, zonas marrones donde el tejido vegetal ha muerto.

El estudio identifica un concepto clave: el margen de seguridad térmica. Es la temperatura límite que una hoja puede soportar sin sufrir daños permanentes. Superarlo, especialmente en condiciones de sequía, marca un punto de no retorno.

© Alyssa Therese Kullberg / EPFL / WSL.

Con agua disponible, el daño suele ser leve y temporal. Sin agua… la historia cambia. Y bastante.

Este fenómeno ya se ha observado en eventos recientes. Los veranos extremos de 2018 y 2022 en Europa central provocaron daños visibles en hayas, incluso en zonas donde tradicionalmente prosperaban sin problemas.

La encina supera al haya en condiciones de sequía

Aquí llega uno de los hallazgos más interesantes. Tanto la haya como la encina alcanzaron temperaturas críticas con una frecuencia similar. Sin embargo, la haya sufrió mucho más daño.

La encina, en cambio, mostró una resistencia inesperada. No significa que no sufra estrés, pero parece tolerar mejor esas condiciones límite.

© Alyssa Therese Kullberg / EPFL / WSL.

Esto abre una puerta importante en la gestión forestal. En países como España, donde las condiciones mediterráneas ya dominan, esta diferencia es conocida. Pero en regiones más al norte, empieza a ser un factor decisivo para el futuro de los bosques.

No se trata solo de qué árbol crece más rápido o captura más carbono. Se trata de cuál sobrevive.

El papel oculto del aire seco

La sequía no siempre se percibe como falta de lluvia. A veces llueve lo mismo, pero el suelo se seca antes. ¿Por qué?

El aire caliente puede contener más humedad. Eso aumenta la demanda evaporativa de la atmósfera, que “extrae” agua del suelo y de las plantas con mayor intensidad.

En otras palabras, aunque las precipitaciones no cambien demasiado, los ecosistemas pueden experimentar una sequía funcional.

Este matiz es clave en el contexto actual. Muchos modelos climáticos ya apuntan a este tipo de estrés hídrico como uno de los principales riesgos para los bosques europeos.

Evaluando los árboles a lo largo del tiempo

El experimento continúa. Durante los próximos años, los investigadores observarán si los árboles pueden adaptarse tras episodios de estrés.

¿Se vuelven más resistentes tras una sequía? ¿O acumulan daños que los debilitan progresivamente?

Estas preguntas son esenciales. Porque los bosques no se gestionan a corto plazo. Se piensan en décadas.

Y aquí entra en juego la planificación forestal moderna, que ya incorpora estrategias como la diversificación de especies, la selección de variedades más resistentes o incluso la migración asistida de árboles hacia zonas más adecuadas climáticamente.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

Las implicaciones son profundas. Los bosques no solo son paisajes, son infraestructuras naturales.

Cuando el calor y la sequía se combinan:

  • Se reduce la capacidad de captura de carbono.
  • Aumenta la mortalidad forestal.
  • Se incrementa el riesgo de incendios.
  • Se altera la biodiversidad.

Un bosque debilitado pierde funciones esenciales. Regula peor el clima local, retiene menos agua y ofrece menos refugio a especies.

Además, el cambio en la composición de especies puede transformar ecosistemas enteros. No siempre de forma negativa, pero sí de manera profunda. Y a veces irreversible.

Vía EPFL

Más información: Hydraulic stress limits thermal acclimation in trees under chronic drought | PNAS

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Publicado en: Medio Ambiente

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