
Noria Energy acaba de lanzar comercialmente Airon, un sistema que lleva algo habitual en grandes plantas terrestres —hacer que los paneles sigan el recorrido del sol— a la fotovoltaica flotante.
- ☀️ Seguimiento solar de un eje sobre el agua.
- ⚡ Hasta un 20 % más de generación, según Noria Energy.
- 🌊 Embalses y balsas convertidos en superficies energéticas.
- ↔️ Movimiento de hasta ±20°, ampliable a ±30°.
- 💨 Posición automática de seguridad con viento fuerte.
- 🧩 Compatible con módulos fotovoltaicos convencionales.
- 🇺🇸 Primer piloto comercial previsto para finales de 2026.
- 🏭 Entregas comerciales previstas para mediados de 2027.
Paneles solares que siguen al Sol desde el agua: Noria lleva los seguidores fotovoltaicos a los embalses
¿Por qué importa?
La fotovoltaica flotante resuelve uno de los problemas menos visibles de la expansión solar: la necesidad de superficie. Embalses, depósitos industriales y balsas de riego permiten generar electricidad sin ocupar suelo agrícola o urbanizable.
Noria Energy quiere añadir ahora otra ventaja: que los paneles instalados sobre el agua puedan seguir el recorrido diario del Sol, como ya hacen muchas grandes plantas fotovoltaicas terrestres. Su nuevo sistema Airon pretende obtener más electricidad con una potencia instalada y una superficie de proyecto similares a las de una planta flotante convencional.
La idea parece sencilla. Ejecutarla sobre una superficie que se mueve, cambia de nivel y recibe viento y oleaje ya es otra historia.
Del panel flotante estático al panel que sigue al Sol
La mayor parte de la fotovoltaica flotante utiliza estructuras con una inclinación fija. Los módulos permanecen prácticamente en la misma posición mientras el Sol cambia de altura y orientación a lo largo del día.
En tierra, los seguidores solares de un eje llevan años resolviendo ese problema. Las filas de módulos giran lentamente para mejorar el ángulo de incidencia de la radiación durante más horas.
Airon traslada ese principio al agua.
Noria Energy ha diseñado un seguidor horizontal de un eje en el que los módulos se apoyan sobre tubos de torsión flotantes. Las filas pueden inclinarse a ambos lados de su posición central mientras un sistema de control determina la orientación adecuada.
La configuración estándar admite un recorrido de ±20°, con una opción de ±30°.
No se busca que los paneles giren espectacularmente. El movimiento es lento y relativamente pequeño. Lo importante es acumular durante miles de horas al año pequeñas mejoras en captación solar.
El verdadero desafío no es seguir al Sol. Es hacerlo flotando
Un seguidor terrestre trabaja sobre cimentaciones relativamente predecibles. En un embalse aparecen variables adicionales.
El nivel del agua sube y baja. Hay oleaje. El viento empuja toda la estructura. Los amarres transmiten cargas y cada fila debe moverse sin desestabilizar el conjunto.
Airon utiliza estabilizadores pasivos y una arquitectura autoenderezable para mantener el equilibrio. Las filas quedan integradas dentro de una estructura flotante perimetral que, a su vez, permanece anclada al fondo.
El accionamiento utiliza motores eléctricos de 24 V y cada fila dispone de su propio controlador. Un gateway puede gestionar hasta 100 filas y un controlador principal puede coordinar hasta cuatro de esos gateways.
Hay además una función especialmente importante para una instalación expuesta: cuando el viento supera aproximadamente 56 km/h, el sistema puede llevar automáticamente los módulos a una posición de seguridad.
Hasta un 20 % más de electricidad sin añadir más paneles
Aquí aparece el principal argumento comercial de Noria.
La empresa sostiene que el seguimiento diario puede proporcionar hasta un 20 % más de generación a lo largo de la vida del proyecto frente a una instalación flotante fija comparable.
Eso cambia una variable importante: la productividad de cada módulo instalado.
Una planta de 10 MW continúa teniendo 10 MW de potencia nominal, pero podría entregar más megavatios-hora al cabo del año. En lugares donde la superficie disponible del embalse está limitada, aumentar el rendimiento energético por panel puede ser especialmente interesante.
También podría tener valor en instalaciones asociadas a industrias, depuradoras, explotaciones agrícolas o empresas de suministro de agua que quieran obtener más electricidad de una superficie acuática concreta.
Noria afirma además que pretende alcanzar ese aumento de producción sin elevar el coste instalado respecto a una planta flotante fija comparable.
Es probablemente la afirmación que más habrá que vigilar cuando lleguen los proyectos comerciales. Un seguidor incorpora motores, controles y elementos móviles. El ahorro energético adicional tendrá que compensar no solo la inversión inicial, también el mantenimiento y las posibles averías durante décadas.
Ya existe una instalación para comprobar si la idea aguanta fuera del laboratorio
Airon no parte completamente de cero.
Noria lleva trabajando con fotovoltaica flotante desde 2018 y ha desarrollado diferentes soluciones de seguimiento. Uno de los pasos más importantes llegó con Aurea Solar, una instalación piloto de 50 kW construida en el embalse Fairmount, en Golden, Colorado.
El proyecto utiliza tecnología de seguimiento flotante desarrollada por la compañía y está destinado a suministrar electricidad a equipos relacionados con la gestión del agua.
La experiencia acumulada allí sirve ahora como base para la nueva generación de seguidores.
El siguiente salto será mayor.
Noria prevé instalar el primer piloto comercial de Airon a finales de 2026. Si las pruebas y certificaciones avanzan según el calendario previsto, los primeros sistemas comerciales certificados comenzarían a llegar a clientes a mediados de 2027.
Por tanto, hablar de una tecnología comercial plenamente consolidada todavía sería prematuro.

Un recurso energético que apenas necesita suelo
El interés por estas instalaciones va bastante más allá de Noria.
La fotovoltaica flotante permite utilizar superficies artificiales que ya tienen otra función: embalses hidroeléctricos, depósitos de agua, balsas agrícolas, estanques industriales o instalaciones de tratamiento de aguas.
Eso evita parte de la competencia territorial que acompaña a algunas grandes plantas solares terrestres.
Además, una instalación sobre un embalse puede situarse cerca de bombas, plantas de tratamiento, infraestructuras hidroeléctricas o conexiones eléctricas ya existentes.
En algunos casos aparece una combinación especialmente atractiva: hidroeléctrica + fotovoltaica flotante. Durante las horas soleadas, los paneles pueden aportar electricidad mientras el agua almacenada conserva parte de su valor como recurso gestionable.
No todos los embalses serán adecuados. La profundidad, el viento, el oleaje, las variaciones del nivel, los usos recreativos, la calidad del agua y los ecosistemas presentes pueden cambiar por completo la viabilidad de un proyecto.
Una tecnología que puede tener especial sentido donde el terreno vale mucho
No todos los proyectos necesitan seguidores.
Si existe suelo abundante y barato, una planta fotovoltaica terrestre convencional puede continuar siendo una solución más sencilla. Tampoco parece lógico introducir elementos móviles sobre el agua cuando el incremento de producción previsto sea pequeño.
Airon resulta más interesante cuando coinciden varias circunstancias: superficie terrestre limitada, una masa de agua artificial disponible, buena irradiación solar y demanda eléctrica próxima.
Depuradoras, compañías de abastecimiento de agua, explotaciones agrícolas con grandes balsas, instalaciones industriales y determinados embalses hidroeléctricos encajan bastante bien en ese perfil.
Hay además una cuestión económica interesante. Cuanto más difícil sea ampliar físicamente una instalación, mayor valor adquiere conseguir más electricidad de cada módulo existente.

Potencial
La principal aportación de este tipo de seguidores no consiste en sustituir a la fotovoltaica terrestre. Puede ampliar el abanico de lugares donde producir electricidad renovable sin abrir un nuevo conflicto por el suelo.
Una balsa agrícola podría cubrir parte de la electricidad necesaria para bombeo. Una planta de tratamiento de agua podría producir energía directamente junto a sus instalaciones. Un embalse hidroeléctrico podría incorporar generación solar utilizando parte de su propia superficie.
Si el seguimiento permite realmente obtener alrededor de un 10-20 % adicional de electricidad sin aumentar proporcionalmente materiales, superficie y coste, la mejora puede resultar relevante a gran escala.
La prueba decisiva llegará durante los próximos años.
Habrá que comprobar cuánto produce Airon durante un ciclo anual completo, cuánto cuesta mantenerlo, cómo envejecen los componentes mecánicos sobre el agua y qué ocurre después de sucesivos episodios de viento fuerte.
La fotovoltaica flotante ya ha demostrado que los paneles no necesitan tierra firme para producir electricidad. El siguiente paso que propone Noria es bastante lógico: si flotan, también pueden aprender a seguir al Sol.
Más información: noriaenergy.com

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