
Una nueva técnica protege las hormonas vegetales y las libera gradualmente, consiguiendo uvas más grandes y racimos que resisten mejor la manipulación.
- 🍇 Racimos más pesados: el tratamiento experimental aumentó su peso un 104 % frente al ácido giberélico convencional.
- 📏 Uvas de mayor tamaño: las bayas ganaron un 15 % de peso y un 13 % de anchura.
- 🔬 Liberación controlada: las nanopartículas biodegradables liberaron el 65 % de la hormona encapsulada en 96 horas.
- 🌱 Menor riesgo de desprendimiento: la resistencia de las uvas a separarse del racimo aumentó un 25 % frente al tratamiento tradicional.
- ♻️ Potencial sostenible: la tecnología podría mejorar la eficiencia de los tratamientos agrícolas, aunque todavía necesita ensayos comerciales y evaluaciones ambientales.
Una nueva tecnología basada en nanopartículas biodegradables ha conseguido mejorar considerablemente el desarrollo de las uvas de mesa. En los ensayos realizados por investigadores turcos, los racimos tratados alcanzaron un peso un 104 % superior al obtenido con la aplicación convencional de una hormona vegetal, mientras que las uvas individuales aumentaron de tamaño y mostraron una mayor resistencia al desprendimiento.
El avance se basa en una idea relativamente sencilla: en lugar de aplicar directamente una sustancia que estimula el crecimiento de las plantas, los científicos la introducen en unas cápsulas microscópicas que la protegen y permiten liberarla progresivamente.
La investigación, publicada en la revista científica Journal of the Science of Food and Agriculture, abre nuevas posibilidades para mejorar la eficiencia de los tratamientos agrícolas y reducir las pérdidas de fruta durante su manipulación y comercialización.
Una hormona vegetal que se utiliza habitualmente en los viñedos
El ácido giberélico, conocido como GA₃, es una hormona vegetal que interviene en diferentes procesos del crecimiento de las plantas. En el cultivo de uvas de mesa se utiliza para favorecer el desarrollo de los frutos y modificar determinadas características de los racimos.
Su aplicación resulta especialmente interesante en variedades sin semillas, donde puede contribuir a obtener uvas de mayor tamaño y con mejores características comerciales.
Sin embargo, esta sustancia presenta algunas limitaciones. Es sensible a factores ambientales como la luz y la temperatura, que pueden acelerar su degradación y reducir su eficacia.
Esto significa que una parte del producto aplicado puede perder actividad antes de ser aprovechada por la planta.
Para solucionar este problema, investigadores de la Universidad Técnica de Yıldız y la Universidad de Selçuk, en Turquía, han desarrollado un sistema capaz de proteger el ácido giberélico y controlar su liberación.
Cómo funcionan las nanopartículas biodegradables
La tecnología utiliza un polímero denominado PLGA, formado por ácido láctico y ácido glicólico, que puede degradarse progresivamente mediante procesos químicos y biológicos.
Los investigadores emplearon este material para fabricar nanopartículas de aproximadamente 218 nanómetros de diámetro, en cuyo interior incorporaron el ácido giberélico.
Su funcionamiento se basa en tres procesos fundamentales.
En primer lugar, la estructura polimérica protege la hormona frente a una degradación prematura. En segundo lugar, permite que la sustancia activa se libere progresivamente. Finalmente, prolonga su disponibilidad en comparación con una formulación que libera la hormona de manera inmediata.
Las pruebas de laboratorio mostraron que las nanopartículas liberaban aproximadamente el 65 % del ácido giberélico encapsulado durante las primeras 96 horas. Posteriormente, la liberación continuaba a un ritmo más lento.
Este comportamiento es importante porque permite distribuir la disponibilidad de la hormona durante varios días, en lugar de concentrarla únicamente en el momento de la aplicación.
El sistema no modifica la naturaleza de la hormona utilizada en agricultura, sino la forma en que se administra.
Racimos un 104 % más pesados y uvas de mayor tamaño
Para comprobar su eficacia, los investigadores realizaron ensayos con la variedad de uva de mesa Thompson Seedless, una de las variedades sin semillas más conocidas internacionalmente.
Los tratamientos se aplicaron durante el inicio de la floración y se compararon con la utilización convencional de ácido giberélico.
Los resultados mostraron diferencias importantes.
El peso de los racimos aumentó un 104 % respecto al tratamiento convencional, mientras que su longitud creció un 67 %.
También se observaron mejoras en las características individuales de las uvas:
- 15 % más de peso por baya, lo que indica un mayor desarrollo individual de los frutos.
- 13 % más de anchura, una característica importante para las uvas de mesa.
- 4 % más de longitud, que contribuye a modificar el tamaño final de cada fruto.
El aumento del peso total de los racimos fue considerablemente superior al incremento del peso individual de las uvas.
Esto indica que la mejora no estuvo relacionada exclusivamente con el tamaño de los frutos, sino también con otras características del desarrollo del racimo, incluida la cantidad de bayas.
Conviene señalar que estos porcentajes corresponden a las condiciones experimentales del estudio. No significan que cualquier viñedo pueda duplicar automáticamente su producción utilizando esta tecnología.

Uvas que se desprenden menos durante la recolección y el transporte
Una de las mejoras más interesantes del experimento está relacionada con la resistencia de las uvas a separarse del racimo.
Durante la recolección, clasificación, envasado y transporte, los movimientos y golpes pueden provocar que algunas bayas se desprendan de sus pequeños tallos.
Este problema afecta a la presentación comercial de las uvas y puede contribuir al desperdicio alimentario.
Los investigadores comprobaron que la formulación con nanopartículas aumentaba la fuerza necesaria para separar las uvas del racimo.
En concreto, la resistencia al desprendimiento fue un 25 % superior a la observada con ácido giberélico convencional y un 8 % mayor que en los racimos sin tratar.
Este resultado resulta especialmente relevante porque algunas aplicaciones convencionales de ácido giberélico pueden debilitar la unión entre la baya y su pedicelo en determinadas variedades.
Una mayor resistencia podría traducirse en menos uvas sueltas durante la comercialización. Sin embargo, los investigadores todavía no han demostrado directamente una reducción de las pérdidas durante el transporte o el almacenamiento.
¿Puede esta tecnología reducir el uso de productos agrícolas?
Una de las aplicaciones potenciales de las nanopartículas biodegradables es mejorar la eficiencia de los tratamientos agrícolas.
Actualmente, muchos productos utilizados en agricultura pierden parte de su eficacia por la degradación ambiental, el lavado provocado por la lluvia o una liberación demasiado rápida de sus componentes activos.
Los sistemas de liberación controlada buscan solucionar estos problemas.
En este caso, las nanopartículas de PLGA permiten proteger el ácido giberélico y modificar su disponibilidad.
Si esta tecnología consigue mantener su eficacia en condiciones comerciales, podría facilitar tratamientos más eficientes y, potencialmente, reducir la necesidad de repetir determinadas aplicaciones.
También podría disminuir las pérdidas de sustancias activas al medio ambiente.
No obstante, el estudio no demuestra todavía que se necesite una menor cantidad total de hormona por hectárea ni que disminuyan las emisiones o el consumo de recursos.
Además, aunque el PLGA es biodegradable, su utilización agrícola a gran escala requiere estudiar el comportamiento de las nanopartículas en el suelo, su posible acumulación temporal y sus efectos sobre los organismos no objetivo.
Una investigación prometedora, pero todavía experimental
Los ensayos se realizaron en un invernadero de la Universidad de Selçuk, utilizando 24 racimos de uva distribuidos entre cuatro tratamientos.
Los investigadores compararon racimos sin tratar, nanopartículas sin hormona, ácido giberélico convencional y ácido giberélico encapsulado.
Cada tratamiento contó con seis repeticiones y se aplicó una sola vez al comienzo de la floración.
El sistema encapsulado produjo los racimos de mayor peso medio, con 301,08 gramos, aunque la diferencia de peso respecto al tratamiento convencional no alcanzó significación estadística en el análisis presentado por los autores. Por tanto, el incremento porcentual observado debe interpretarse como un resultado experimental preliminar y no como una mejora garantizada.
Para confirmar su utilidad comercial será necesario realizar ensayos con un mayor número de plantas, distintas variedades de uva y varias campañas agrícolas.
También habrá que determinar el coste de fabricación de las nanopartículas, su estabilidad durante el almacenamiento y su viabilidad económica frente a los tratamientos convencionales.
Más información: Erişen, S. y colaboradores (2026). Polymeric nano-delivery of gibberellic acid enhances fruit quality, yield and pedicel strength in grapevine (Vitis vinifera L.). Journal of the Science of Food and Agriculture.

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