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Nuevo estudio descubre que durante el confinamiento los incendios cayeron un 12 % en todo el mundo, pero en algunos países aumentaron hasta un 70 %: ahora sabemos por qué

10 octubre, 2026 Deja un comentario

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La pandemia permitió observar cómo cambia el riesgo de incendios cuando desaparece gran parte de la actividad humana. Los resultados revelan una paradoja inesperada.

  • 🔥 Un 12,3 % menos de incendios a escala mundial durante el primer semestre de 2020, tras considerar las condiciones meteorológicas y otros factores.
  • 🌳 Un 27,7 % menos de incendios en bosques y un 8,4 % menos en pastizales.
  • 🇦🇺 Australia registró un descenso del 79 %, mientras que en Estados Unidos la reducción se aproximó al 23 %.
  • 🌎 Honduras registró un aumento del 70 % y Colombia, del 31 %, mostrando una tendencia completamente diferente.
  • 🛰️ Satélites, datos meteorológicos y registros de movilidad permitieron comparar los incendios de 2020 con los de 2013 a 2019.
  • 🌱 Las quemas prescritas se redujeron aproximadamente a la mitad en los 12 países estudiados con registros específicos.

El confinamiento provocado por la pandemia de COVID-19 permitió observar algo que difícilmente podría reproducirse en condiciones normales: cómo cambia el comportamiento de los incendios cuando millones de personas reducen sus desplazamientos y actividades al aire libre. Un equipo de investigadores de la Academia China de Ciencias ha descubierto que la actividad humana puede aumentar o disminuir el riesgo de incendios, dependiendo del territorio y de cómo se gestionen sus ecosistemas.

El confinamiento mundial permitió realizar un experimento imposible de reproducir

La actividad humana es uno de los factores que más influyen en la aparición de incendios. Una colilla mal apagada, una hoguera abandonada, determinados trabajos agrícolas o el uso inadecuado de maquinaria pueden iniciar fuegos que se extienden rápidamente cuando existen condiciones favorables.

Sin embargo, las personas también desempeñan un papel fundamental en su prevención. Los equipos de vigilancia forestal, las labores de limpieza y gestión de la vegetación, las quemas controladas y los servicios de extinción contribuyen a evitar que pequeñas igniciones se conviertan en grandes incendios.

Hasta ahora, distinguir ambos efectos a escala mundial resultaba especialmente complicado.

El confinamiento de 2020 ofreció una oportunidad excepcional. Las restricciones de movilidad redujeron numerosas actividades humanas durante varios meses, permitiendo estudiar cómo respondían los ecosistemas ante ese cambio.

Un equipo dirigido por investigadores del Instituto de Ciencias Geográficas e Investigación de Recursos Naturales de la Academia China de Ciencias, entre ellos Jianghao Wang y Yong Ge, analizó la evolución de los incendios durante el primer semestre de 2020.

Para ello combinaron cuatro fuentes de información:

  • Observaciones por satélite de incendios y focos de calor.
  • Registros meteorológicos para considerar la influencia del tiempo atmosférico.
  • Información sobre las restricciones aplicadas durante la pandemia.
  • Datos de movilidad humana para evaluar los cambios en la actividad de la población.

Posteriormente, compararon los resultados con el periodo comprendido entre 2013 y 2019.

El análisis reveló que las restricciones de movilidad estuvieron asociadas con una reducción media del 12,3 % en la incidencia mundial de incendios, después de considerar las condiciones meteorológicas y otros factores.

También se observaron reducciones en la superficie quemada y en las emisiones de carbono asociadas a los incendios respecto a los valores históricos de referencia.

Mientras Australia reducía sus incendios un 79 %, Honduras registraba un aumento del 70 %

Uno de los resultados más sorprendentes fue la enorme diferencia entre países.

En Australia, la incidencia de incendios disminuyó un 79 % durante el periodo analizado. Estados Unidos también experimentó una reducción cercana al 23 %.

Sin embargo, la evolución fue completamente diferente en otros territorios.

En Colombia, los incendios aumentaron aproximadamente un 31 %, mientras que en Honduras el incremento alcanzó el 70 %.

Estas diferencias muestran que reducir la presencia humana no tiene necesariamente el mismo efecto sobre el riesgo de incendios en todos los ecosistemas.

En algunas regiones, la disminución de actividades humanas implica menos fuentes de ignición, lo que reduce el número de incendios.

En otras, una menor presencia de personas puede significar menos vigilancia, menos mantenimiento forestal y una detección más tardía de los focos.

Los investigadores plantean que la reducción de las actividades de gestión durante los confinamientos pudo contribuir a determinados aumentos regionales.

Por tanto, la ausencia de actividad humana no garantiza por sí sola una disminución del riesgo.

Los bosques fueron los ecosistemas donde más disminuyeron los incendios

El estudio también examinó cómo respondieron diferentes tipos de vegetación.

Los resultados fueron especialmente significativos en dos ecosistemas:

Bosques: la incidencia de incendios disminuyó un 27,7 %.

Pastizales: la reducción alcanzó el 8,4 %.

Estas cifras sugieren que las igniciones relacionadas con actividades humanas tienen una influencia considerable sobre el comportamiento del fuego en ambos entornos, aunque su importancia varía según las características del territorio.

Los investigadores también identificaron reducciones importantes en zonas con una menor huella humana y alejadas de la interfaz urbano-forestal, donde se encuentran los espacios naturales y las áreas urbanizadas.

Este resultado permite comprender mejor la relación entre la presencia de personas, las actividades que desarrollan y las fuentes de ignición.

No obstante, el número de incendios no depende únicamente de la actividad humana.

La temperatura, las precipitaciones, la humedad, el viento, la topografía y la cantidad de vegetación disponible como combustible también desempeñan un papel decisivo.

Las quemas controladas también disminuyeron durante la pandemia

Otro de los aspectos investigados fue el efecto de las quemas prescritas.

Esta técnica consiste en utilizar el fuego de manera planificada, bajo condiciones meteorológicas y operativas controladas, para reducir la vegetación combustible o conseguir determinados objetivos de gestión del territorio.

Cuando se aplica correctamente y en ecosistemas apropiados, puede contribuir a disminuir la intensidad de futuros incendios y facilitar las labores de extinción.

Los científicos analizaron registros de quemas prescritas de 12 países, entre ellos Estados Unidos y Canadá.

Descubrieron que la superficie sometida a estas actuaciones durante 2020 se redujo aproximadamente a la mitad de su promedio histórico.

Se trataba de un factor importante, porque una parte de los incendios detectados mediante satélite corresponde a fuegos planificados y no necesariamente a emergencias forestales.

Al considerar la disminución de las quemas prescritas, los investigadores comprobaron que la reducción de incendios asociada a los confinamientos seguía siendo superior al 27 % en el conjunto de esos 12 países.

Esto indica que la caída de la actividad incendiaria no podía explicarse únicamente por la suspensión de las quemas controladas.

También existía una relación relevante con la disminución de otras actividades humanas.

La menor actividad humana también pudo modificar las temporadas de incendios

El trabajo aporta otra observación especialmente interesante: los cambios en las igniciones pueden alterar el momento del año en el que se producen los incendios.

Cuando disminuyen los fuegos al principio de una temporada, una parte de la vegetación que normalmente habría ardido puede permanecer disponible como combustible.

Esto podría favorecer su acumulación y desplazar parte de la actividad incendiaria hacia fechas posteriores.

En cambio, cuando se producen más incendios al comienzo de la temporada, el combustible disponible puede consumirse antes, modificando la distribución temporal de los fuegos.

Este fenómeno demuestra que una reducción inicial de incendios no implica necesariamente una disminución proporcional del riesgo durante todo el año.

La evolución posterior depende de factores como el crecimiento de la vegetación, la disponibilidad de humedad y las condiciones meteorológicas.

Qué limitaciones tiene el estudio

Conviene interpretar los resultados teniendo en cuenta que se trata de una investigación observacional basada en datos históricos y registros de movilidad.

Aunque los investigadores consideraron la meteorología y otros factores, no resulta posible atribuir cada cambio regional exclusivamente a las restricciones impuestas durante la pandemia.

Además, una reducción en el número de incendios no equivale necesariamente a una reducción proporcional de su gravedad. El tamaño, la intensidad, la duración y los daños provocados son indicadores diferentes.

El estudio tampoco demuestra que los confinamientos sean una estrategia adecuada para prevenir incendios. Su valor científico reside en haber permitido identificar cómo interactúan las actividades humanas con los procesos naturales.

La investigación aporta, en definitiva, una conclusión fundamental: las personas pueden ser simultáneamente una fuente de incendios y una parte indispensable de su prevención. Comprender qué papel predomina en cada territorio permitirá diseñar políticas forestales más eficaces y adaptadas a las características de cada ecosistema.

Fuentes

  • Estudio científico: Wang, J. y colaboradores (2026). Unraveling the dual roles of human activity in shaping global fire regimes. Cell Reports Sustainability. Consultar investigación original.
  • Academia China de Ciencias: Researchers Reveal Dual Roles of Human Activity in Shaping Global Fire Regimes.
  • Cell Press / EurekAlert: Global wildfires decreased during the COVID-19 lockdown, but some fires intensified without human intervention.
  • Datos y código de la investigación: Repositorio Zenodo.
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Publicado en: Medio Ambiente

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