
Escocia autoriza la cremación por agua a 150 °C, un método más sostenible que reduce drásticamente las emisiones frente a la cremación tradicional.
- Tercera opción funeraria en Reino Unido.
- Hidrólisis alcalina, sin llama.
- 150 °C, agua y hidróxido de potasio.
- Hasta siete veces menos CO₂.
- Marco legal actualizado tras más de un siglo.
- Infraestructura aún por desplegar.
Escocia se convierte en el primer país del Reino Unido en legalizar la cremación por agua
Escocia ha dado un paso que, aunque pueda parecer discreto, marca un antes y un después en la forma de entender los servicios funerarios en el Reino Unido. La legalización de la cremación por agua, conocida técnicamente como hidrólisis alcalina, introduce una alternativa real al entierro tradicional y a la cremación con combustión.
No es una excentricidad. Tampoco una moda pasajera. Es el reflejo de un cambio cultural más profundo: el deseo de que incluso el último gesto de una persona esté alineado con sus valores ambientales.
¿Qué es la cremación por agua?
La hidrólisis alcalina consiste en introducir el cuerpo en una cámara presurizada junto con agua y una solución alcalina —normalmente hidróxido de potasio— y aplicar calor, alrededor de 150 °C, durante aproximadamente 90 minutos.
El proceso acelera lo que la naturaleza hace durante años: descomponer los tejidos. Al finalizar, solo permanecen los huesos, que se secan y pulverizan, generando un resultado similar en apariencia a las cenizas de una cremación convencional.
No hay llama. No hay combustión directa. Y ahí está la clave ambiental.
En países como Estados Unidos o la República de Irlanda ya se utiliza desde hace años. Incluso figuras públicas como el arzobispo Desmond Tutu optaron por este método, lo que ayudó a visibilizarlo fuera del ámbito técnico.
El cambio legal más relevante desde 1902
La introducción de esta práctica ha sido descrita por empresas del sector como la mayor modificación en la legislación funeraria escocesa desde que se reguló la cremación en 1902.
El Ministerio de Salud Pública escocés ha dejado claro que el procedimiento estará sometido a los mismos estándares regulatorios que las prácticas existentes. No se trata de una desregulación, sino de una ampliación del marco normativo.
Eso implica permisos urbanísticos, aprobación de las autoridades del agua y controles sanitarios estrictos antes de que los primeros equipos puedan operar —previsiblemente este verano—. No es inmediato. Pero es inminente.
La empresa Kindly Earth, que dispone de los derechos de fabricación de estos equipos en Reino Unido, lleva años trabajando con organizaciones escocesas. El sector funerario tradicional, lejos de oponerse frontalmente, parece asumir que la demanda de opciones más sostenibles va a seguir creciendo.

Huella de carbono: el dato que cambia la conversación
Una cremación convencional genera aproximadamente 320 kg de CO₂ por procedimiento. La hidrólisis alcalina reduce esa cifra de forma significativa —hasta siete veces menos emisiones según estimaciones disponibles—.
La diferencia se explica por la ausencia de combustión directa de gas natural o fuel, que es lo habitual en los hornos crematorios tradicionales. Además, se evita la liberación a la atmósfera de ciertos compuestos asociados a empastes dentales u otros materiales.
No es una solución perfecta —requiere energía para calentar el sistema y tratamiento del líquido resultante—, pero sí representa una reducción sustancial de emisiones en un sector que rara vez se incluye en las conversaciones climáticas.
Y quizá ahí está lo interesante: la transición ecológica también afecta a ámbitos que durante décadas permanecieron fuera del debate.
Más que sostenibilidad: valores y decisiones personales
Las empresas funerarias coinciden en algo: no todo el mundo elegirá esta opción. Y eso es positivo. La cuestión no es imponer un estándar, sino ampliar el abanico de decisiones disponibles.
Algunas personas planifican su funeral con años de antelación. Buscan coherencia con su estilo de vida: alimentación sostenible, consumo responsable, energías renovables en casa… y ahora, también despedidas con menor impacto climático.
En ese sentido, la legalización en Escocia conecta con una tendencia global hacia funerales de bajo impacto, que incluye ataúdes biodegradables, cementerios naturales sin lápidas de hormigón o incluso prácticas como el compostaje humano en ciertos estados de EE. UU.
La muerte también entra en la economía circular. Puede sonar incómodo, pero es así.
Una industria tradicional ante una transición silenciosa
El sector funerario no suele asociarse con innovación tecnológica. Sin embargo, está empezando a moverse. Equipos como los “resomadores” —las cámaras de hidrólisis— son máquinas industriales complejas, con sistemas de recirculación, control térmico y seguridad integrada.
No es casual que su implantación requiera planificación y permisos. Son infraestructuras nuevas dentro de ciudades consolidadas.
Lo interesante es que esta transición no está impulsada solo por regulación, sino también por demanda social. Cooperativas funerarias y empresas privadas han expresado apoyo a la reforma legal. Ofrecer opciones sostenibles empieza a ser una ventaja competitiva.
El precio, según estimaciones del sector, será similar o ligeramente superior al de una cremación convencional. No se trata de un servicio exclusivo para élites. Eso importa.
Más información: kindlyearth.co.uk



Sergio dice
Cuando se producira el cambio en Argentina, creo que la mayoría de la gente lo veria con muy buenos ojos, especialmente cuidar el medio ambientr, ya que tenemos medio.ambiente unicamente.
Jorge dice
y el tratamiento de la solución?
Gabriel Acevedo Rojas dice
Excelente método de cremación. Novedoso y ecológico.