
Investigadores australianos concentran 80 veces la plata de paneles solares desechados con un proceso de flotación a escala piloto.
- 🔬 Recuperación de casi el 100 % de la plata presente en las células solares procesadas.
- ♻️ 460 kg de paneles fotovoltaicos fuera de uso empleados en la prueba piloto.
- 🫧 Flotación por espuma, una técnica procedente de la minería, adaptada al reciclaje fotovoltaico.
- 🧪 Sin lixiviación con ácidos y con un consumo reducido de reactivos.
- 💰 Proceso potencialmente entre tres y cinco veces más barato que determinadas alternativas basadas en ácidos, según la evaluación económica preliminar del equipo.
- 🥈 Concentrado final con más de 80 veces la concentración inicial de plata.
- 📦 El material rico en plata reducido a apenas el 1,25 % de la masa inicial procesada.
- 🌍 Una posible vía para convertir los paneles retirados en fuentes secundarias de materias primas.
De residuo solar a pequeña mina urbana
Los investigadores del Centre for Critical Minerals and Urban Mining de la Universidad de Newcastle llevan años estudiando una idea que conecta dos industrias que, a primera vista, parecen bastante alejadas: la minería y la energía fotovoltaica.
La técnica elegida es la flotación por espuma, ampliamente utilizada para concentrar minerales.
En lugar de intentar disolver directamente los metales mediante grandes cantidades de ácido, el material procedente de las células fotovoltaicas se tritura y acondiciona para separar sus diferentes componentes.
Después entra en contacto con agua, aire y pequeñas cantidades de reactivos de flotación. Determinadas partículas se adhieren preferentemente a las burbujas y ascienden hacia la superficie, donde pueden concentrarse y recuperarse.
La física hace buena parte del trabajo.
Los ensayos anteriores del grupo ya habían demostrado que este procedimiento podía recuperar más del 97 % de la plata en cuestión de minutos. El problema pendiente era otro: comprobar si aquello que funcionaba en pequeños lotes podía mantenerse cuando el proceso funcionase de forma continua y con cantidades mucho mayores.
Eso es precisamente lo que aborda el nuevo ensayo piloto.
De unos gramos de laboratorio a casi media tonelada de paneles
La instalación experimental procesó 22 kg de material de células solares obtenido a partir de aproximadamente 460 kg de paneles fotovoltaicos retirados, una cantidad equivalente a unos 23 módulos residenciales de las dimensiones utilizadas en el ensayo.
El resultado más llamativo fue una recuperación de plata cercana al 100 %.
Pero hay otro dato quizá más importante desde el punto de vista industrial.
Tras la flotación, la plata quedó concentrada en un producto que representaba únicamente el 1,25 % del material original de células solares. Su concentración de plata era más de 80 veces superior a la existente antes del tratamiento.
Ese paso de concentración resulta fundamental.
Transportar y tratar cientos de kilogramos de material con pequeñas cantidades de metal resulta caro. Concentrar previamente la fracción valiosa permite que las etapas metalúrgicas posteriores trabajen con mucho menos material.
En otras palabras, la flotación no tiene por qué producir directamente plata metálica lista para volver a una fábrica. Su función puede ser más estratégica: separar una pequeña corriente muy rica en plata del enorme volumen de vidrio, polímeros, silicio y otros componentes presentes en un módulo.
La plata puede ser la pieza que haga rentable el reciclaje
El problema del reciclaje fotovoltaico no es únicamente tecnológico. También es económico.
Un panel está formado principalmente por materiales relativamente abundantes y de bajo valor por kilogramo, especialmente vidrio. Recuperarlos tiene sentido ambiental, pero los ingresos obtenidos pueden no compensar por sí solos los costes de recogida, transporte, desmontaje y tratamiento.
La plata cambia esa ecuación.
Aunque representa una fracción diminuta de la masa de una célula solar, es uno de sus componentes económicamente más interesantes. Se utiliza en los contactos conductores que recogen la electricidad generada por la célula.
Por eso resulta importante alcanzar tasas de recuperación muy elevadas. Perder una parte considerable de la plata durante el reciclaje significa perder precisamente uno de los materiales capaces de financiar buena parte del proceso.

Según la evaluación económica preliminar realizada por los investigadores australianos, el procedimiento basado en flotación podría resultar entre tres y cinco veces menos costoso que determinados procesos convencionales de lixiviación ácida.
Todavía se trata de una estimación preliminar y no de los costes demostrados de una planta comercial. Esa diferencia importa.
Los resultados científicos han sido difundidos como prepublicación, por lo que todavía deben considerarse una etapa previa a la validación definitiva mediante revisión científica y operación industrial a gran escala.

Menos ácidos, otra ventaja relevante
Los métodos hidrometalúrgicos pueden alcanzar buenas recuperaciones de metales, aunque requieren reactivos químicos, instalaciones resistentes a la corrosión y sistemas adecuados para gestionar las soluciones y residuos resultantes.
Todo eso repercute en costes, seguridad y huella ambiental.
La alternativa desarrollada en Newcastle utiliza principalmente agua, aire y pequeñas cantidades de reactivos de flotación, evitando la utilización de ácido en esta fase de separación.
No significa que el proceso completo de recuperación de plata carezca de productos químicos. El concentrado obtenido tendrá que someterse posteriormente a operaciones que permitan purificar y recuperar el metal.
La ventaja está en reducir drásticamente el volumen de material que debe llegar a esas etapas.
Si de cientos de kilogramos de residuos puede extraerse primero una pequeña fracción altamente concentrada, las operaciones posteriores pueden ser bastante más manejables.
Un panel solar es mucho más que vidrio y aluminio
Cuando se observa un módulo desde fuera, parece un producto relativamente sencillo. En realidad, es una estructura multicapa diseñada precisamente para que resulte difícil separarla.
Un módulo convencional puede contener vidrio, aluminio, silicio, cobre, plata, polímeros, encapsulantes, conexiones eléctricas y otros materiales unidos para resistir décadas de radiación solar, lluvia, viento, humedad y cambios de temperatura.
Esa extraordinaria durabilidad es una ventaja durante su utilización y una complicación cuando llega el momento de desmontarlo.
Los marcos de aluminio y determinados componentes externos pueden separarse con relativa facilidad. El vidrio también dispone de cadenas de reciclaje maduras. Los materiales integrados en las células plantean más dificultades.
Ahí es donde tecnologías de separación selectiva como la desarrollada en Australia pueden aportar valor.
Australia se acerca a una montaña de paneles retirados
El contexto australiano explica el interés por encontrar soluciones cuanto antes.
Australia cuenta con una enorme implantación de energía solar distribuida y muchas de las primeras instalaciones residenciales empiezan a acercarse a edades en las que pueden producirse sustituciones, averías o repotenciaciones.
Las estimaciones manejadas por los investigadores apuntan a más de 1 millón de toneladas de paneles fotovoltaicos convertidos en residuos en Australia para 2050.
Dentro de ese enorme flujo podrían encontrarse aproximadamente entre 300 y 500 toneladas de plata.
Enterrar esos materiales significaría desaprovechar un recurso que ya fue extraído, refinado, transportado y convertido en un componente industrial de elevada pureza.
La lógica de la llamada minería urbana parte precisamente de ahí: determinados residuos tecnológicos pueden considerarse yacimientos secundarios.
No reemplazarán completamente a las minas convencionales. Pero pueden reducir la cantidad de material virgen necesaria para fabricar la siguiente generación de tecnologías.
El problema ya tiene dimensión mundial
La cuestión supera ampliamente a Australia.
La potencia fotovoltaica instalada en el mundo alcanzó aproximadamente 2,4 TW al finalizar 2025, después de varios años de crecimiento extraordinariamente rápido. Cuantos más paneles se instalan hoy, mayor será el flujo de módulos que necesitará reutilización, reparación o reciclaje durante las próximas décadas.
Las estimaciones internacionales sitúan los residuos fotovoltaicos mundiales en varios millones de toneladas durante la próxima década y en decenas de millones de toneladas hacia 2040.
El volumen exacto dependerá de algo que muchas proyecciones todavía tienen dificultades para anticipar: cuánto durarán realmente los módulos.
Un panel puede continuar produciendo electricidad después de los 25 o 30 años habitualmente considerados en las garantías comerciales. Sin embargo, algunos módulos se retirarán antes por daños, fallos, cambios de uso del terreno o repotenciación de instalaciones con tecnologías más eficientes.
Eso introduce una prioridad que conviene no perder de vista: antes de triturar un panel todavía funcional, puede tener más sentido reutilizarlo durante una segunda vida.
El reciclaje debería ocupar las etapas posteriores de esa jerarquía.
Europa ya obliga a responsabilizarse del residuo fotovoltaico
La regulación también está empujando al sector en esa dirección.
En la Unión Europea, los paneles fotovoltaicos están incluidos dentro del marco normativo de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE). Esto introduce obligaciones relacionadas con su recogida, tratamiento, valorización y financiación mediante mecanismos de responsabilidad del productor.
La legislación europea fue además modificada en 2024 para clarificar determinadas responsabilidades financieras asociadas a los paneles fotovoltaicos puestos en el mercado.
El cambio de fondo es relevante: el coste de final de vida empieza a formar parte del propio modelo económico del producto.
Una tecnología capaz de recuperar más materiales y obtener fracciones de mayor valor podría facilitar el cumplimiento de estas obligaciones y, al mismo tiempo, reducir el coste neto del reciclaje.
Recuperar plata también reduce presión sobre nuevas minas
La plata tiene muchos más usos además de la energía solar. Electrónica, automoción, redes eléctricas, industria química y otras tecnologías compiten por este metal.
La transición energética, por tanto, crea una situación peculiar.
Para fabricar tecnologías destinadas a reducir las emisiones se necesitan grandes cantidades de materias primas cuya extracción también provoca impactos ambientales.
La respuesta no pasa únicamente por abrir nuevas explotaciones. Mantener los metales que ya están circulando dentro de la economía durante el mayor tiempo posible puede reducir parte de esa presión.
Cada kilogramo de plata recuperado de residuos fotovoltaicos es material que puede volver al sistema productivo sin comenzar nuevamente todo el recorrido desde la extracción del mineral.
No existe una equivalencia ambiental perfecta entre una tonelada reciclada y una tonelada de extracción evitada, pero cerrar estos ciclos permite aprovechar inversiones energéticas y materiales realizadas décadas antes.
De la minería convencional a la minería urbana
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto australiano es que no intenta inventar desde cero toda la infraestructura necesaria.
La flotación es una tecnología madura en la industria minera. Existen décadas de conocimiento sobre diseño de celdas, control de burbujas, reactivos, comportamiento de partículas y funcionamiento continuo.
La innovación consiste en trasladar ese conocimiento desde los minerales extraídos del subsuelo hasta los materiales contenidos en productos tecnológicos desechados.
La misma filosofía podría aplicarse a otros residuos.
El equipo de Newcastle ya estudia la utilización de estas técnicas en placas de circuitos impresos procedentes de centros de datos retirados y otros residuos electrónicos.
La frontera entre una planta de reciclaje y una instalación de procesamiento mineral empieza así a hacerse menos evidente.
Todavía falta el salto industrial
Una prueba piloto continua es bastante más relevante que un experimento de laboratorio, aunque todavía queda distancia hasta una planta comercial.
Será necesario comprobar el comportamiento del proceso con miles de toneladas de paneles de diferentes fabricantes, edades y composiciones.
También habrá que resolver la logística.
Los paneles solares son grandes, relativamente pesados y están dispersos por tejados, viviendas, empresas y plantas fotovoltaicas. Transportarlos hasta instalaciones centralizadas puede convertirse en una parte importante del coste.
Por eso, el futuro del reciclaje probablemente necesitará combinar centros regionales de recogida, desmontaje inicial cerca del lugar de generación del residuo y plantas especializadas capaces de recuperar los materiales de mayor valor.
Además, los paneles están cambiando. Los fabricantes reducen continuamente el consumo de plata por vatio producido y aparecen nuevas arquitecturas de células y metalizaciones. Una planta de reciclaje diseñada hoy deberá ser suficientemente flexible para tratar módulos fabricados durante varias generaciones tecnológicas.

Potencial
La energía fotovoltaica ya ha demostrado que puede producir electricidad con emisiones muy inferiores a las fuentes fósiles durante su ciclo de vida. Su siguiente desafío consiste en cerrar el círculo de los materiales que hicieron posible esa electricidad.
Procesos como el desarrollado por la Universidad de Newcastle apuntan hacia una industria fotovoltaica donde un panel retirado no termine convertido en una mezcla de vidrio triturado de bajo valor.
Primero debería comprobarse si puede repararse o reutilizarse. Cuando eso deje de tener sentido, aluminio, vidrio, cobre, silicio y metales valiosos podrían volver progresivamente a cadenas industriales.
La recuperación casi completa de plata mediante flotación aporta una pieza importante porque ataca precisamente uno de los puntos débiles actuales: la rentabilidad económica del reciclaje profundo.
Si la tecnología confirma a escala comercial los resultados obtenidos en la planta piloto, podrían aparecer instalaciones capaces de procesar grandes cantidades de módulos con menor dependencia de tratamientos químicos intensivos. También podrían desarrollarse procesos híbridos donde la separación física concentre primero los materiales y la química se reserve para pequeñas corrientes de alto valor.
A largo plazo, la oportunidad va más allá de reciclar paneles.
La misma infraestructura industrial podría formar parte de una nueva generación de plantas de minería urbana, preparadas para recuperar materiales críticos de paneles solares, electrónica, centros de datos, baterías y otros equipos vinculados a la electrificación.
La transición energética necesitará enormes cantidades de materiales. Recuperar los que ya fueron extraídos una vez puede convertirse en una de las formas más sensatas de conseguirlos.
Más información: Hamidreza Saffarian et al, Continuous flotation unlocks full recovery of silver from end-of-life solar cells, ChemRxiv (2026). DOI: 10.26434/chemrxiv.15003814/v1

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