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Investigadores británicos descubren que los canales urbanos pueden enfriar las ciudades hasta 2,3°C durante las olas de calor

10 agosto, 2026 Deja un comentario

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Imagen: onetoremember1 – Depositphotos

Estudio de Manchester revela que los canales urbanos reducen un 74% las horas de alto riesgo por calor.

  • 🌡️ Hasta 2,3 °C menos durante episodios de calor extremo.
  • 💧 Refrigeración natural a partir del agua urbana.
  • 📍 Efecto más acusado a 20-50 metros del canal.
  • ☀️ Hasta 1,4 °C de enfriamiento en primavera y comienzos del verano.
  • 🧍 74 % menos horas de riesgo térmico alto en las zonas estudiadas.
  • 🚲 Más posibilidades para caminar y desplazarse en bicicleta con altas temperaturas.
  • 🏙️ 6,2 millones de personas a menos de un kilómetro de los canales urbanos británicos.
  • 🌳 Infraestructura azul como complemento de árboles, parques y zonas verdes.

Los canales urbanos pueden bajar más de 2 °C la temperatura durante las olas de calor

¿Por qué importa?

Las ciudades acumulan calor precisamente donde se concentra la población, el tráfico, los edificios y buena parte del consumo energético. Un estudio de la Universidad de Manchester muestra que una infraestructura construida hace siglos puede convertirse ahora en una herramienta de adaptación climática: los canales urbanos pueden reducir la temperatura de su entorno inmediato entre 1,5 y 2,3 °C durante las olas de calor.

No sustituirán a los árboles ni resolverán por sí solos el efecto isla de calor. Su importancia está en otra parte: ya existen, atraviesan numerosos barrios y pueden integrarse en redes de espacios verdes, recorridos peatonales y carriles ciclistas.

De infraestructura industrial a refugio climático urbano

Muchos de los canales británicos nacieron para transportar mercancías, materias primas y carbón durante la industrialización. Dos siglos después, su función urbana está cambiando.

Una investigación de la Universidad de Manchester ha cuantificado hasta qué punto estas masas de agua pueden modificar el microclima de las ciudades. El equipo desarrolló un modelo de balance energético y simuló durante un año completo el comportamiento térmico de más de 2.300 tramos de canales de Gran Bretaña e Irlanda.

Los resultados muestran un enfriamiento diurno medio de aproximadamente 0,8 °C en las inmediaciones del agua. La influencia es especialmente perceptible dentro de una franja situada aproximadamente entre 20 y 50 metros del canal.

Pero esa media anual cuenta solo una parte de la historia.

En primavera y a comienzos del verano, la reducción puede alcanzar entre 1,2 y 1,4 °C. Y cuando llegan las olas de calor, justo cuando unos pocos grados pueden marcar una diferencia importante para el confort térmico, el descenso calculado aumenta hasta 1,5-2,3 °C.

Es ahí donde los viejos canales adquieren una relevancia completamente nueva.

¿Cómo consigue un canal enfriar una calle?

El agua responde al calor de manera muy distinta al asfalto, el hormigón, los tejados o las fachadas.

Las superficies urbanas expuestas a la radiación solar pueden calentarse rápidamente y después transferir parte de esa energía al aire. Una masa de agua posee una elevada capacidad térmica, por lo que su temperatura cambia de forma más lenta.

También interviene la evaporación, que consume energía y puede contribuir al enfriamiento del entorno. A ello se suma el movimiento del aire, capaz de transportar aire relativamente más fresco desde la superficie acuática hacia las calles próximas.

Investigaciones recientes sobre espacios azules urbanos apuntan precisamente a que la advección horizontal, es decir, el desplazamiento del aire enfriado desde el agua hacia el tejido urbano, puede resultar determinante para extender el beneficio térmico.

La intensidad final depende de bastantes variables: anchura y profundidad del canal, orientación, radiación solar, viento, temperatura del agua, geometría de los edificios, vegetación próxima y humedad ambiental.

Por eso no todos los canales refrigeran igual ni su influencia puede extrapolarse automáticamente a cualquier ciudad.

Hay una contrapartida: por la noche pueden aportar algo de calor

El comportamiento cambia cuando desaparece el Sol.

El agua que durante el día se ha calentado lentamente también pierde esa energía con mayor lentitud. Como consecuencia, los canales pueden producir un pequeño efecto de calentamiento nocturno respecto a algunas superficies circundantes.

Los investigadores consideran que este efecto es reducido frente al beneficio diurno detectado, pero es una cuestión importante para la planificación urbana.

El fenómeno demuestra algo bastante interesante: colocar agua en una ciudad no equivale automáticamente a obtener refrigeración permanente. La infraestructura azul tiene su propia dinámica térmica y debe estudiarse junto con las condiciones meteorológicas y la morfología urbana.

Menos horas soportando niveles peligrosos de calor

La diferencia de temperatura resulta todavía más relevante cuando se analiza desde la perspectiva de las personas.

El equipo estudió cómo la presencia de los canales modifica el estrés térmico durante episodios de altas temperaturas. Al incorporar el enfriamiento proporcionado por el agua, las horas clasificadas como de riesgo térmico moderado disminuyeron aproximadamente un 58 %.

En el caso de las horas correspondientes a un riesgo elevado, la reducción alcanzó aproximadamente el 74 %.

En determinadas localizaciones, los periodos considerados de riesgo extremo llegaron incluso a desaparecer en las simulaciones.

Eso no significa que permanecer junto a un canal convierta una ola de calor en una jornada agradable. Hay otro factor que entra en juego: la humedad.

La evaporación puede reducir la temperatura del aire mientras aumenta su contenido de humedad. Y un ambiente más húmedo dificulta la capacidad del cuerpo humano para disipar calor mediante la evaporación del sudor.

Por eso temperatura y confort térmico no son exactamente lo mismo.

Un corredor fresco que también puede favorecer caminar y pedalear

Aquí aparece una de las implicaciones urbanísticas más interesantes.

Muchos canales disponen de caminos de sirga, paseos o recorridos relativamente protegidos del tráfico. Si esos corredores son además algunos grados más frescos durante las jornadas calurosas, podrían convertirse en rutas climáticamente más confortables para peatones y ciclistas.

El beneficio puede multiplicarse cuando el canal está acompañado por árboles y vegetación.

En lugar de contemplar por separado un carril bici, un parque, una alineación de árboles y un canal, la planificación urbana puede tratarlos como una red conectada de infraestructura verde y azul.

Un canal sombreado por árboles, con vegetación en las orillas, pavimentos permeables y un itinerario ciclista continuo puede cumplir simultáneamente varias funciones: refrigeración, movilidad activa, biodiversidad, ocio y gestión del agua.

Mucho más interesante que considerarlo simplemente un elemento ornamental.

Millones de personas ya viven cerca de esta infraestructura

La escala potencial del fenómeno resulta considerable.

Alrededor de 6,2 millones de personas viven a menos de un kilómetro de la red británica de canales urbanos estudiada. Buena parte de la infraestructura necesaria para obtener esos beneficios climáticos, por tanto, ya está construida.

Esto cambia bastante el planteamiento económico.

Crear desde cero grandes masas de agua dentro de ciudades consolidadas puede resultar complejo y costoso. Recuperar, proteger y conectar canales existentes con otros espacios públicos puede ser considerablemente más realista.

La cuestión pasa entonces de construir nuevos canales a aprovechar mejor los que llevan décadas o siglos formando parte de la ciudad.

El agua funciona mejor acompañada de árboles

La principal conclusión urbanística no debería ser que las ciudades necesitan elegir entre árboles y canales.

Precisamente ocurre lo contrario.

Los investigadores plantean los canales como una pieza adicional dentro de las estrategias de adaptación, junto con arbolado urbano, parques, drenaje sostenible y otras infraestructuras verdes y azules.

La combinación puede ser particularmente eficaz porque actúa mediante mecanismos distintos.

Los árboles proporcionan sombra y evapotranspiración. Los suelos permeables reducen superficies que almacenan grandes cantidades de calor y facilitan la infiltración del agua. Las cubiertas vegetales mejoran el comportamiento térmico de los edificios. Las masas de agua modifican el balance energético y el microclima local.

Una calle capaz de combinar varios de estos elementos tendrá mayor capacidad de adaptación que otra dependiente de una única solución.

Los canales también necesitan adaptarse al cambio climático

Hay una paradoja que conviene tener presente.

El mismo cambio climático que aumenta el valor de los canales como espacios de refrigeración puede complicar la conservación de estos ecosistemas.

Periodos prolongados de sequía, temperaturas elevadas del agua, menor renovación, proliferaciones de algas o deterioro de la calidad del agua pueden afectar a su funcionamiento ecológico.

Por ello, la restauración de canales urbanos necesita ir acompañada de actuaciones sobre la cuenca: reducción de vertidos, control de la escorrentía contaminada, vegetación de ribera, mejora de la circulación del agua y soluciones de drenaje urbano sostenible.

No basta con conservar una lámina de agua azul en el mapa.

Una herramienta especialmente interesante para barrios densos

El efecto encontrado se concentra principalmente en las proximidades del canal, lo que también marca sus límites.

Una reducción de temperatura dentro de una franja de decenas de metros no refrigerará una ciudad completa. Pero en barrios densos, donde crear un parque de varias hectáreas puede resultar prácticamente imposible, un corredor azul existente puede convertirse en una pieza estratégica de adaptación.

Las administraciones podrían identificar qué escuelas, residencias, viviendas, centros sanitarios, paradas de transporte público y rutas peatonales se encuentran próximas a estas zonas más frescas.

A partir de ahí se podrían diseñar itinerarios sombreados que conectasen los canales con parques, plazas y equipamientos públicos.

La infraestructura azul dejaría entonces de ser una colección de espacios aislados para convertirse en una red urbana de refugios climáticos.

Un modelo que puede aplicarse en otras ciudades

La investigación tiene además una utilidad que va más allá de Gran Bretaña e Irlanda.

El nuevo enfoque de modelización puede utilizarse para estudiar cómo ríos urbanos, canales y otras masas de agua modifican las temperaturas en diferentes configuraciones urbanas.

Eso resulta importante porque ciudades como Ámsterdam, Birmingham, Manchester o Suzhou poseen redes de agua completamente diferentes. Anchura de los canales, densidad de edificios, orientación de las calles, viento y clima regional pueden alterar considerablemente los resultados.

La siguiente etapa será combinar modelos de este tipo con mediciones sobre el terreno y observaciones por satélite, permitiendo elaborar mapas urbanos de refrigeración cada vez más detallados.

Esos mapas podrían terminar teniendo una aplicación muy práctica: localizar corredores relativamente frescos durante las olas de calor y decidir dónde resulta más eficaz plantar árboles, recuperar riberas o crear nuevos espacios públicos.

Vía The University of Manchester

Más información: A national-scale assessment of the impact of canals on urban temperatures | Nature Communications

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Publicado en: Medio Ambiente

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