
Con recogedores fabricados con PVC reutilizado, actividades de limpieza e incentivos para turistas, han creado un modelo sencillo que otras comunidades costeras pueden replicar.
- 🚬 53,2 % menos colillas encontradas sobre la arena entre 2023 y 2024.
- 🌊 6.821 colillas fueron interceptadas antes de que pudieran alcanzar el océano durante los dos años analizados.
- 👧👦 Participaron niños de entre 7 y 12 años, que realizaron labores de seguimiento mediante ciencia ciudadana.
- ♻️ Se instalaron recogedores de colillas fabricados con PVC reutilizado, que capturaron 1.198 unidades en 18 meses.
- 🏖️ Un sistema de intercambio permitió retirar otras 941 colillas y 97,9 kg de residuos durante ocho actividades.
- 📊 Los muestreos se realizaron mensualmente sobre una superficie total de 1.500 m², utilizando transectos fijos para poder comparar los resultados.
Un grupo de niños de entre 7 y 12 años se ha convertido en una pieza central de un singular sistema para combatir la contaminación en la playa de Ayangue, en Ecuador. El proyecto combina ciencia ciudadana, recogida sistemática de residuos, contenedores fabricados con PVC reutilizado e incentivos para implicar también a turistas y vecinos.
Los resultados muestran que una intervención relativamente sencilla puede producir cambios medibles. Entre 2023 y 2024, el número de colillas encontradas directamente sobre la arena durante los muestreos se redujo un 53,2 %, mientras que el conjunto de las actuaciones permitió evitar que 6.821 colillas llegaran al océano en dos años.
El pequeño residuo que se convierte en un problema ambiental
Una colilla puede parecer insignificante frente a otros residuos que llegan a las playas, pero su enorme abundancia multiplica el problema.
Los filtros están fabricados principalmente con acetato de celulosa, un material plástico no biodegradable. Además, las colillas pueden retener miles de sustancias procedentes del tabaco y de su combustión, entre ellas nicotina y metales pesados.
Se estima que alrededor de 4,5 billones de colillas se desechan cada año en todo el mundo, y se encuentran entre los residuos más habituales en las playas.
El reducido tamaño de estos residuos también facilita que pasen desapercibidos o terminen desplazados por el viento, la lluvia y las mareas hasta el medio marino.

Niños convertidos en científicos ciudadanos
La experiencia se ha desarrollado en Ayangue, una comunidad costera de Ecuador con autonomía para gestionar determinados recursos terrestres y marinos.
El proyecto, denominado Monitoring of Cigarette Butts Ayangue Limpio (MCBAL), ha sido impulsado por la Fundación Amiguitos del Océano en colaboración con instituciones académicas nacionales e internacionales. Sus resultados han sido analizados en una investigación publicada en la revista científica Ocean & Coastal Management.
Una de sus características más interesantes es que los niños no se limitan a participar ocasionalmente en una limpieza de playa.
El sistema utiliza un protocolo de seguimiento periódico. Cada mes, durante la marea baja, se realizan campañas de muestreo sobre zonas previamente determinadas.
En total se controlan 1.500 m² de playa, divididos en transectos fijos. Mantener las mismas áreas permite comparar los datos a lo largo del tiempo y comprobar si las medidas adoptadas realmente están funcionando.
De esta manera, recoger basura deja de ser únicamente una actividad ambiental y se convierte también en una herramienta para generar información.
Un 53,2 % menos de colillas sobre la arena
Los resultados obtenidos son especialmente interesantes porque el proyecto no se ha limitado a contabilizar los residuos recogidos.
Entre 2023 y 2024 se registró una reducción del 53,2 % en las colillas encontradas directamente sobre la arena durante las campañas de seguimiento.
Los investigadores relacionan esta evolución con una estrategia que combina infraestructuras específicas, educación ambiental e incentivos para modificar el comportamiento de residentes y visitantes.
Por tanto, el planteamiento busca actuar antes de que el residuo llegue al mar en lugar de depender exclusivamente de sucesivas jornadas de limpieza.
Recogedores fabricados con PVC reutilizado
Una de las soluciones más sencillas del proyecto consiste en instalar puntos específicos para depositar colillas en lugares estratégicos del paseo marítimo.
Los dispositivos fueron fabricados utilizando PVC reutilizado.
Durante sus primeros 18 meses de funcionamiento consiguieron recoger 1.198 colillas que, potencialmente, podrían haber terminado sobre la playa, enterradas en el sedimento o arrastradas hacia el océano.
Es una intervención técnicamente elemental, pero precisamente esa sencillez facilita su reproducción en otras zonas costeras sin necesidad de instalar sistemas complejos o costosos.
Recoger residuos a cambio de utilizar material deportivo
El proyecto incorporó además una idea especialmente interesante para conseguir que los visitantes participaran.
Se creó un punto de intercambio donde residentes y turistas podían acceder temporalmente a material deportivo, como equipos de esnórquel o pelotas, entregando a cambio determinados residuos que hubieran recogido en la playa.
El planteamiento transforma la limpieza en una actividad con una recompensa inmediata.
Durante solo ocho eventos, este sistema permitió recuperar 941 colillas y 97,9 kg de otros residuos.
Más que el volumen absoluto recogido, la iniciativa resulta interesante como mecanismo para cambiar hábitos: el visitante deja de ser únicamente usuario de la playa y pasa a participar en su conservación.
El efecto llega también hasta las familias
El impacto del proyecto tampoco parece haberse quedado exclusivamente en los niños participantes.
Según la investigación, el 85,7 % de los participantes compartió activamente los conocimientos adquiridos con familiares y personas de su entorno.
En algunos casos, consiguieron incluso involucrar a sus padres en la recogida cotidiana de colillas en sus lugares de trabajo.
El proyecto también consiguió integrarse en las estructuras comunitarias de Ayangue. El Cabildo apoyó las propuestas infantiles mediante recursos y logística y comenzó a divulgar los logros del Ecoclub a través de sus canales oficiales.
Los niños pasaron así de participar como voluntarios en una actividad ambiental a desempeñar un papel que los investigadores describen como embajadores ambientales.

6.821 colillas que no llegaron al océano
Sumando las distintas intervenciones, el proyecto consiguió evitar que 6.821 colillas alcanzaran el océano durante un periodo de dos años.
No se trata de una tecnología sofisticada: el modelo combina medición científica, educación, recipientes construidos con materiales reutilizados, incentivos y colaboración entre ciudadanos e instituciones locales.
Precisamente ahí reside buena parte de su interés.
La experiencia de Ayangue demuestra que la ciencia ciudadana puede ir más allá de recopilar datos para investigadores. Cuando existe continuidad y apoyo de las instituciones locales, esos datos pueden servir para identificar un problema, medir su evolución y decidir qué intervenciones funcionan mejor.
Los propios autores señalan, no obstante, una limitación: aunque los datos generados son de calidad y se encuentran disponibles en repositorios abiertos, la difusión científica revisada por pares derivada de este tipo de iniciativas comunitarias sigue siendo uno de sus puntos débiles.
El modelo ofrece, en cualquier caso, una estrategia potencialmente replicable en otras localidades costeras: medir siempre las mismas zonas, facilitar dónde depositar los residuos, incentivar la participación y convertir los resultados obtenidos en decisiones comunitarias.
En Ayangue, todo ello comenzó poniendo las herramientas de la ciencia en manos de niños de apenas 7 a 12 años.
Más información: Beatriz Almonacil Fernández et al., Creación conjunta de soluciones mediante la ciencia ciudadana: Los niños reducen la contaminación por colillas de cigarrillos en la playa de Ayangue (Ecuador), Ocean & Coastal Management (2026).
DOI: 10.1016/j.ocecoaman.2026.108132

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