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Investigadores de Penn State logran que células solares orgánicas conserven más del 93% de su eficiencia tras 180 horas de calor

17 febrero, 2026 Deja un comentario

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@ Cyril Kumachang

PQ podría ser un camino práctico hacia celdas solares orgánicas más duraderas y comercialmente viables.

  • Fotovoltaica orgánica, materiales ligeros.
  • Aditivo sólido no tóxico, mayor estabilidad.
  • Menor huella ambiental frente al silicio.
  • Más vida útil, menos residuos.
  • Paso realista hacia paneles alternativos.

Un aditivo puede reforzar las células solares orgánicas

La energía solar no deja de crecer y ya concentra buena parte de la nueva capacidad eléctrica instalada en Estados Unidos y otros países. Sin embargo, la tecnología dominante desde mediados del siglo XX —los paneles de silicio— arrastra costes ambientales relevantes: procesos de fabricación muy intensivos en energía, uso de productos químicos peligrosos y un reciclaje complejo que todavía no está bien resuelto a gran escala.

En este contexto, las células solares orgánicas aparecen como una alternativa atractiva. Se fabrican con materiales basados en carbono, potencialmente menos tóxicos y más fáciles de procesar. El problema es conocido: se degradan demasiado rápido, lo que limita su uso comercial. Un equipo de investigadores de la Penn State University ha explorado una vía sencilla pero prometedora para abordar este talón de Aquiles.

Qué han investigado y por qué importa

El trabajo, liderado por la profesora Nutifafa Doumon y el doctorando Souk Yoon “John” Kim, se centra en el uso de un aditivo sólido llamado 9,10-fenantrenoquinona (PQ). Se trata de un compuesto derivado de carbono e hidrógeno, económico, disponible comercialmente y con un perfil ambiental más seguro que muchos de los aditivos habituales empleados en fotovoltaica orgánica.

La idea es simple en apariencia, pero relevante en la práctica: introducir PQ en la capa activa de la célula solar, la zona donde se absorbe la radiación solar y se genera la electricidad. Ahí es donde suelen producirse los procesos de degradación más rápidos.

La investigación, publicada en ACS Materials Au y destacada en el número especial 2025 Rising Stars in Materials Science, demuestra que este enfoque no solo mejora la estabilidad, sino que también incrementa la eficiencia de conversión energética.

Resultados que cambian el panorama

Las pruebas se realizaron con diferentes arquitecturas de células solares orgánicas y bajo condiciones térmicas exigentes, simulando escenarios realistas de funcionamiento. Los resultados son claros:

Los dispositivos con PQ mantuvieron más del 93 % de su eficiencia inicial tras 180 horas de exposición continua al calor. En comparación, células similares que incorporaban un aditivo tóxico habitual conservaron solo alrededor del 76 % en el mismo periodo.

No es un detalle menor. En tecnologías que aún no han llegado al mercado masivo, mejoras moderadas en estabilidad pueden marcar la diferencia entre un prototipo de laboratorio y un producto viable. Más durabilidad implica menos sustituciones, menos residuos y menores costes operativos a lo largo de la vida útil del sistema.

Una alternativa al silicio, no un sustituto total

El propio equipo investigador es prudente. No se plantea que la fotovoltaica orgánica desplace al silicio en tejados o grandes plantas solares. La clave está en los usos complementarios: superficies ligeras, flexibles, aplicaciones móviles, integración en edificios, dispositivos portátiles o entornos donde el peso y la adaptabilidad importan más que la máxima eficiencia absoluta.

En esos nichos, las células solares orgánicas pueden jugar un papel relevante si se consigue alargar su vida útil sin introducir nuevos problemas ambientales. El uso de PQ encaja bien en esa lógica: un aditivo sólido, no volátil, tolerante al calor y que evita recurrir a sustancias más peligrosas.

Potencial

La incorporación de aditivos sólidos como la 9,10-fenantrenoquinona no es una solución milagro, pero sí un paso pragmático en la dirección correcta. Permite imaginar una fotovoltaica más diversa, adaptada a distintos usos y con menor impacto ambiental acumulado.

En el corto y medio plazo, esta tecnología podría integrarse en fachadas, ventanas semitransparentes, marquesinas, dispositivos electrónicos autónomos o sensores alimentados por energía solar. Espacios donde hoy el silicio no encaja bien.

A largo plazo, la investigación en aditivos estables y seguros puede ayudar a consolidar una nueva generación de energía solar más ligera, más versátil y más alineada con los principios de la economía circular. No resolverá sola la crisis climática, claro. Pero suma. Y en la transición energética, cada mejora real, aunque sea incremental, cuenta.

Vía Penn State University

Más información: Phenanthrenequinone, a Nonvolatile, Nonhalogenated Solid Additive, for Enhancing Thermal Stability in Organic Solar Cells | ACS Materials Au

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Publicado en: Energía solar

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