
Equipo de SNU, MIT y Hyundai crea película transparente que enfría coches sin energía y reduce hasta 25,4 millones de toneladas de CO₂ al año.
- ☀️ Radiación solar → calor extremo en coches cerrados.
- 🧊 Enfriamiento pasivo → sin consumo eléctrico.
- 🚗 Película transparente → instalación en ventanas.
- 🌡️ Reducción térmica → hasta 6,1 °C menos.
- ⚡ Menor uso de aire acondicionado → ahorro energético.
- 🌍 Impacto potencial → menos emisiones de CO₂
Una película transparente que enfría sin electricidad
La escena es conocida: un coche aparcado al sol en pleno verano se convierte en una especie de horno. Lo interesante aquí es que empieza a haber soluciones que no dependen de enchufes ni baterías. Investigadores de la Universidad Nacional de Seúl han desarrollado una película de enfriamiento radiativo transparente capaz de expulsar el calor hacia el exterior sin necesidad de energía adicional.
Este avance, conocido como STRC (Scalable Transparent Radiative Cooling), introduce un enfoque distinto al clásico aislamiento térmico. No se limita a bloquear el calor. Lo expulsa activamente en forma de radiación térmica hacia la atmósfera, aprovechando una ventana física natural del planeta.
Cómo funciona el enfriamiento radiativo en vehículos
El principio puede parecer contraintuitivo. En lugar de impedir que el calor entre, esta tecnología permite que el calor salga.
La clave está en una estructura multicapa que combina tres funciones simultáneas:
- Transmisión de luz visible superior al 70 %, lo que mantiene la transparencia del vidrio.
- Reflexión de la radiación infrarroja cercana, responsable de gran parte del calentamiento solar.
- Emisión de calor en el infrarrojo medio, que permite disipar energía térmica hacia el exterior.
Es decir, el vehículo sigue iluminado por la luz natural, pero gran parte del calor solar queda bloqueado, y el calor acumulado dentro se libera de forma pasiva. Sin ventiladores, sin compresores. Nada.

Resultados reales: menos temperatura y menos consumo
Lo relevante no es solo la teoría. Este sistema se ha probado en condiciones reales, en distintos países y climas, tanto en vehículos estacionados como en circulación.
Los resultados hablan por sí solos:
- Reducción de temperatura interior de hasta 6,1 °C
- Disminución del consumo energético en climatización superior al 20 %
- Reducción del tiempo para alcanzar confort térmico en 17 minutos.
Este último punto es clave. Menos tiempo con el aire acondicionado funcionando a máxima potencia implica menos gasto energético y menos desgaste del sistema.
En vehículos eléctricos, donde cada vatio cuenta, esto puede traducirse directamente en mayor autonomía real. No es un detalle menor.

Más allá de los cristales tintados tradicionales
Hasta ahora, soluciones como los cristales tintados o los recubrimientos Low-E han intentado reducir la entrada de calor. Funcionan, pero con limitaciones claras. No eliminan el calor ya acumulado en el interior.
Aquí está la diferencia fundamental. El enfriamiento radiativo actúa como un mecanismo activo, aunque no consuma energía. El calor no se queda atrapado. Se disipa.
Además, al ser transparente, evita uno de los problemas habituales de otros materiales radiativos: la opacidad. Esto abre la puerta a su uso en parabrisas, ventanas laterales… incluso en edificios.
Implicaciones energéticas y climáticas
El impacto potencial va mucho más allá del confort dentro del coche. Según estimaciones basadas en datos reales, si esta tecnología se aplicara a toda la flota de vehículos en Estados Unidos, se podrían evitar aproximadamente 25,4 millones de toneladas de CO₂ al año.
Una cifra que equivale, de forma aproximada, a retirar millones de coches de circulación. Y sin cambiar el comportamiento del usuario. Sin esfuerzo. Eso es lo potente aquí.
Además, hay una lectura interesante: reducir la necesidad de refrigeración en vehículos también reduce la demanda eléctrica global, especialmente en momentos críticos como olas de calor. Esto ayuda a aliviar la presión sobre redes eléctricas que, en muchos países, aún dependen parcialmente de combustibles fósiles.
Potencial
Este tipo de innovación encaja bien en una transición energética que no depende solo de grandes infraestructuras. Aquí se trata de pequeñas mejoras acumulativas que, juntas, cambian el sistema.
Si se integra en la industria automotriz de forma masiva, la película STRC podría convertirse en un estándar, igual que hoy lo son los cristales de seguridad o los filtros solares. No requiere cambios de hábito, ni mantenimiento complejo.
Más allá del automóvil, su aplicación en arquitectura resulta especialmente prometedora. Fachadas acristaladas, invernaderos, transporte público… cualquier superficie expuesta al sol podría beneficiarse de esta tecnología.
Y en paralelo, encaja con políticas actuales en Europa que buscan mejorar la eficiencia energética de edificios y movilidad, como las estrategias de descarbonización del transporte y las normativas de consumo energético.
Más información: Min Jae Lee et al, Towards decarbonization in transportation: scalable transparent radiative cooling for enhanced vehicle energy efficiency, Energy & Environmental Science (2026). DOI: 10.1039/d5ee06609c



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