
Estudiantes de la Universidad de Kentucky donan y reciclan más de 18 toneladas de artículos durante la mudanza de 2026.
- ♻️ 18,2 toneladas recuperadas en una sola campaña universitaria.
- 🪑 12,6 toneladas de muebles y objetos domésticos con una segunda oportunidad.
- 🍎 288,5 kg de alimentos sin abrir destinados a estudiantes que los necesitan.
- 🛏️ 3,6 toneladas de cubrecolchones usados enviadas a reciclaje.
- 📈 7 % más donaciones que en 2025.
- 🎓 Reutilización, reciclaje y ayuda social dentro del mismo programa.
Cada final de curso, las residencias universitarias generan una montaña de objetos abandonados. Muebles, lámparas, ropa, pequeños electrodomésticos, alimentos sin consumir, ropa de cama. Muchos estudiantes se marchan con prisa, cambian de ciudad o sencillamente no pueden transportar todo lo acumulado durante el año académico.
En la Universidad de Kentucky han convertido ese problema en una oportunidad.
Durante la campaña de desalojo de las residencias de 2026, el programa UK Recycling recuperó 16.490 kg de materiales, alimentos y objetos reutilizables, unas 18,2 toneladas estadounidenses, evitando que una parte considerable terminara mezclada con los residuos convencionales.
La cifra establece un nuevo récord para la universidad. Pero quizá lo más interesante no sea la cantidad recogida. Es el modelo que hay detrás: aprovechar un momento muy concreto del calendario universitario para recuperar materiales cuando existe un elevado riesgo de que sean abandonados.
El final de curso se convierte en una operación de recuperación de recursos
La iniciativa Give and Go funciona alrededor de una idea bastante sencilla. Facilitar que los estudiantes entreguen aquello que ya no necesitan antes de abandonar las residencias.
Durante la campaña de 2026 se recogieron 12.860 kg de donaciones, un 7 % más que el año anterior.
De esa cantidad, aproximadamente 12.573 kg correspondieron a artículos domésticos, mientras que otros 288,5 kg fueron alimentos sin abrir.
La variedad de objetos recuperados muestra hasta qué punto las mudanzas universitarias representan una oportunidad para impulsar la economía circular. Ropa, pequeños muebles, utensilios, material doméstico y otros productos todavía aprovechables pueden permanecer durante años en circulación si existen canales adecuados para recogerlos, clasificarlos y redistribuirlos.
Aquí está una de las claves del programa: donar resulta fácil.
Cuando los puntos de recogida están cerca de las residencias y coinciden con el momento exacto en el que los estudiantes necesitan desprenderse de sus pertenencias, aumenta considerablemente la participación.
No hacen falta soluciones tecnológicas especialmente sofisticadas. Hace falta organización, logística y continuidad.
Un residuo complicado entra por primera vez en el circuito del reciclaje
Uno de los avances más interesantes de la campaña ha sido la recuperación de los cubrecolchones utilizados en las residencias.
La universidad recogió alrededor de 3.629 kg de cubrecolchones usados, un 41 % más que el año anterior.
Estos productos plantean un problema particular. Su gran volumen dificulta el transporte y ocupa mucho espacio en vertederos. Además, dependiendo de su composición, pueden contener espumas de poliuretano, fibras textiles y otros materiales cuya separación requiere instalaciones especializadas.
La experiencia iniciada en 2025 permitió ampliar la recogida durante 2026 a viviendas universitarias ocupadas por fraternidades y sororidades.
Es un ejemplo de cómo pueden evolucionar los programas de residuos. Primero se identifica una fracción problemática. Después se prueba un sistema de recogida. Si funciona, se amplía.
Poco a poco.
De pequeños contenedores a una red universitaria de reutilización
La Universidad de Kentucky comenzó a organizar campañas de donación durante las mudanzas en 2016.
El programa arrancó con pequeños puntos de recogida instalados en las residencias universitarias. Una década después, la iniciativa conecta diferentes departamentos, organizaciones estudiantiles y entidades sociales.
Entre los participantes se encuentra The Thrifty Cat, una tienda gratuita para estudiantes inaugurada en 2025, donde determinados productos recuperados pueden volver a utilizarse dentro de la propia comunidad universitaria.
También participa Goodwill Industries of the Bluegrass, que recibe ropa y artículos domésticos, además del programa Big Blue Pantry, encargado de distribuir los alimentos entre estudiantes que atraviesan situaciones de inseguridad alimentaria.
De esta forma, un mismo sistema permite abordar varios problemas a la vez: reducción de residuos, reutilización de productos y apoyo a personas con recursos limitados.
Desde 2016, Give and Go ha recuperado aproximadamente 87.029 kg de donaciones, sin contar los cubrecolchones enviados a reciclaje.
Son materiales que permanecen dentro de la economía durante más tiempo.

Las universidades tienen un problema de residuos concentrado en pocos días
Las ciudades universitarias presentan una particularidad que favorece este tipo de programas.
Miles de personas se mudan prácticamente al mismo tiempo.
En pocos días aparecen grandes cantidades de muebles, bicicletas, aparatos electrónicos, alimentos, ropa y utensilios domésticos que todavía pueden utilizarse.
Sin una infraestructura específica, muchos productos terminan en contenedores.
El fenómeno se observa también en otras universidades estadounidenses, donde se han desarrollado programas de recuperación durante el final del curso académico. Algunas instituciones organizan mercadillos de segunda mano, centros permanentes de reutilización o almacenes donde los objetos recogidos en primavera se venden o entregan a nuevos estudiantes durante el comienzo del siguiente curso.
El modelo tiene una ventaja evidente: la oferta y la demanda aparecen dentro del mismo ecosistema.
Quienes terminan sus estudios necesitan desprenderse de objetos. Quienes comienzan el curso necesitan equipar habitaciones y viviendas.
Conectar ambos grupos reduce compras innecesarias y evita residuos.
Las tiendas gratuitas pueden cambiar la cultura de consumo del campus
La apertura de The Thrifty Cat añade otra dimensión al programa.
Una tienda gratuita permite que los productos recuperados vuelvan directamente a manos de otros estudiantes.
El planteamiento se acerca a los centros de reutilización que están apareciendo en algunas ciudades europeas, donde determinados objetos recogidos en puntos limpios son reparados, revisados y puestos nuevamente en circulación.
Este tipo de infraestructuras ayuda a superar una limitación habitual de las campañas temporales.
Recoger productos durante unos días resulta relativamente sencillo. Almacenarlos, clasificarlos y encontrar nuevos usuarios es bastante más complicado.
Disponer de un espacio permanente facilita la circulación de los objetos durante todo el año.
También puede reducir el coste económico asociado a la vida universitaria. Estudiantes con presupuestos ajustados pueden acceder a muebles, utensilios o ropa sin necesidad de comprar productos nuevos.
Un modelo sencillo que puede reproducirse fuera de las universidades
La experiencia de Kentucky podría aplicarse en muchos otros lugares.
Residencias de estudiantes, hoteles, complejos turísticos, bases militares, hospitales, grandes empresas y promociones de vivienda generan momentos concretos en los que aparecen cantidades importantes de productos reutilizables.
El principio es el mismo: identificar cuándo se producen los residuos y preparar una infraestructura antes de que aparezcan.
También existe margen para incorporar nuevas herramientas.
Plataformas digitales internas podrían mostrar en tiempo real los objetos disponibles. Sistemas de reserva permitirían asignar muebles antes de trasladarlos a un almacén. Talleres de reparación podrían recuperar pequeños electrodomésticos, bicicletas y equipos informáticos.
Incluso podrían establecerse sistemas de depósito para determinados productos utilizados habitualmente en las residencias.
Un estudiante podría recibir un pequeño frigorífico, una lámpara o determinados utensilios al comenzar el curso y devolverlos al terminar.
Menos compras. Menos residuos. Y menos habitaciones vaciadas directamente en los contenedores.
El siguiente reto: medir cuánto se reutiliza realmente
Recoger toneladas de materiales es un buen indicador, aunque no cuenta toda la historia.
Los programas más avanzados de economía circular necesitan conocer qué ocurre después.
¿Cuántos productos encuentran un nuevo propietario? ¿Cuánto tiempo permanecen almacenados? ¿Qué objetos tienen mayor demanda? ¿Qué materiales terminan finalmente reciclados?
Disponer de esta información permitiría mejorar las campañas futuras y orientar las compras de las propias universidades.
Si cada año aparecen miles de unidades del mismo producto abandonadas, quizá exista una oportunidad para implantar sistemas de alquiler, reutilización interna o compra compartida.
La gestión de residuos deja entonces de ser una actividad limitada a recoger basura.
Se convierte en gestión de recursos.
Vía UKNow



Leonor Santacruz dice
Excelente idea. Deberían todas las universidades o universitarios hacer este ejercicio al finalizar sus estudios. Dar a familias pobres sus objetos que todavía puedan usar otros que no tienen.