
Mercedes-Benz reemplaza el pegamento por tornillos en sus faros para facilitar el reciclaje y extender su vida útil.
- Menos pegamento, más tornillos.
- Diseño pensado para desmontar.
- Reparar antes que sustituir.
- Más materiales reciclados.
- Economía circular aplicada al coche.
Mercedes vuelve a lo básico para fabricar de forma más sostenible
Mercedes-Benz suele asociarse a innovación tecnológica, pantallas cada vez más grandes o asistentes inteligentes. Sin embargo, en su estrategia ambiental más reciente, la marca ha optado por mirar atrás. No para renunciar al progreso, sino para recuperar principios sencillos que la industria había ido dejando de lado. A veces, avanzar consiste justo en eso.
En lugar de seguir uniendo piezas con adhesivos permanentes, la compañía alemana está replanteando procesos de montaje clave para que los componentes puedan separarse fácilmente al final de su vida útil. El objetivo es claro: facilitar la reparación, alargar la vida de las piezas y mejorar el reciclaje, todo al mismo tiempo.
Faros diseñados para desmontarse, no para desecharse
Uno de los ejemplos más reveladores está en los faros delanteros. Actualmente, muchas marcas —incluida Mercedes— pegan sus componentes internos, lo que convierte una avería menor en un residuo complejo. Si una lente se daña por el impacto de una piedra, lo habitual es sustituir el conjunto completo.
Dentro de su iniciativa de sostenibilidad Tomorrow XX, Mercedes propone algo mucho más lógico: sustituir el pegamento por tornillos. Esto permite desmontar el faro, cambiar solo la pieza dañada y volver a montarlo. Menos residuos. Menos costes. Menos emisiones asociadas a fabricar un faro nuevo desde cero.
No es un detalle menor. Los faros están expuestos constantemente a golpes, radiación solar y desgaste. Poder reemplazar una lente o un módulo concreto puede duplicar su vida útil y reducir de forma directa la demanda de nuevas piezas.

Un material, una pieza: reciclar sin complicaciones
El rediseño no se queda en la forma de ensamblar. Mercedes también está revisando los materiales. El objetivo es que cada componente esté hecho de un solo material, evitando mezclas difíciles de separar, como plásticos compuestos.
Este enfoque facilita que, una vez desmontadas, las piezas puedan reciclarse y convertirse de nuevo en materia prima de calidad. Según la compañía, este cambio permitiría casi duplicar el uso de materiales reciclados en los faros frente a los actuales, con una reducción asociada de emisiones cercana al 50 % en ese componente concreto.
No es solo reciclaje, es reciclaje útil, que vuelve a entrar en la cadena de producción sin perder valor.
Puertas, interiores y desmontaje al final de la vida útil
La lógica del “desmontar sin destruir” se está extendiendo a otras partes del vehículo. En los paneles interiores de las puertas, Mercedes estudia sustituir la soldadura por ultrasonidos —prácticamente irreversible— por remaches termoplásticos desmontables.
Esto permite separar tejidos, plásticos y refuerzos cuando el coche llega al final de su vida útil. Un paso clave para que el reciclaje deje de ser un proceso caótico y pase a ser algo planificado desde el diseño inicial.
Diseñar pensando en el desmontaje sigue siendo raro en automoción. Y ahí está el valor real del cambio.
Material reciclado que ya está en la calle
Algunas de estas ideas ya han pasado del laboratorio a los modelos comerciales. El nuevo CLA incorpora un depósito de líquido limpiaparabrisas fabricado con polipropileno 100 % reciclado, además de parachoques con un 25 % de material reciclado.
La marca también explora usos más ambiciosos: neumáticos usados convertidos en cuero sintético, materiales fonoabsorbentes reciclados o soportes de motor fabricados a partir de airbags recuperados. Proyectos aún en fase experimental, pero que apuntan a una reutilización mucho más creativa de los residuos del automóvil.
Economía circular: menos extracción, más inteligencia
Todo este planteamiento responde a un mismo marco: la economía circular. Fabricar coches nuevos a partir de materiales recuperados de coches antiguos. Reducir la dependencia de materias primas vírgenes. Disminuir el impacto ambiental antes incluso de que el vehículo empiece a rodar.
Porque el impacto climático del automóvil no se limita al tubo de escape. La extracción de recursos, la fabricación y la logística pesan —y mucho— en la huella total. Aquí, un tornillo bien colocado puede ser más transformador que un nuevo gadget electrónico.
Otras marcas, como BMW, ya han explorado este enfoque en prototipos conceptuales. Mercedes lo está bajando al terreno industrial. Ahí está la diferencia.
Qué impacto puede tener
El cambio de adhesivos a sistemas desmontables tiene efectos que van más allá de una sola pieza. Permite reducir residuos complejos, bajar la demanda de nuevas materias primas y disminuir emisiones asociadas a la fabricación de componentes completos.
Además, favorece la reparación frente a la sustitución, algo clave en un sector donde el coste ambiental de producir suele ser mayor que el de usar. Menos faros desechados. Menos plásticos mezclados imposibles de reciclar. Más control sobre el final de vida del vehículo.
También abre la puerta a nuevos modelos de negocio, como la recuperación sistemática de piezas o el reacondicionamiento industrial, con impacto positivo en empleo y recursos.



Juan Antonio dice
Me parece genial tuve un 300D carrocería 123 y lo reparaba la mayorías de las veces,los faros se podía sustituir el cristal y muchos más componentes
Ahora tengo un Clase E w 211 y no se puede hacer nada