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Nuevo estudio detecta 42 «químicos eternos» en la sangre del cordón umbilical de bebés antes de nacer, cinco veces más de lo detectado en estudios previos

13 marzo, 2026 Deja un comentario

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Imagen: nenovbrothers – Depositphotos.

Investigadores detectan 42 sustancias PFAS en recién nacidos, mucho más de las 8 identificadas con métodos anteriores.

  • PFAS detectados en sangre de cordón umbilical.
  • 42 compuestos identificados, muchos nunca analizados antes.
  • Exposición prenatal más amplia de lo esperado.
  • Nuevas técnicas de química analítica y ciencia de datos.
  • Sustancias presentes en envases, textiles, sartenes antiadherentes.
  • Compuestos persistentes en el cuerpo y en el medio ambiente.
  • Posibles vínculos con bajo peso al nacer y alteraciones inmunológicas.

Los bebés están expuestos a más “químicos eternos” antes de nacer de lo que se creía

Un estudio reciente ha revelado que los bebés pueden estar expuestos a una variedad mucho mayor de “químicos eternos” o PFAS antes de nacer de lo que la ciencia había detectado hasta ahora. La investigación, publicada en la revista Environmental Science & Technology, analizó muestras de sangre del cordón umbilical y descubrió un panorama mucho más complejo de exposición prenatal a estas sustancias.

Los PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) constituyen una enorme familia de compuestos sintéticos desarrollados desde mediados del siglo XX. Su característica principal —una estructura química extremadamente estable— es también su mayor problema ambiental: prácticamente no se degradan en la naturaleza y pueden permanecer durante décadas en agua, suelo, animales y seres humanos.

Se utilizan en una sorprendente cantidad de productos cotidianos: sartenes antiadherentes, envases de comida rápida, tejidos impermeables, espumas contra incendios o cosméticos resistentes al agua. Por eso su presencia en el medio ambiente se ha vuelto casi ubicua.

Lo que descubrieron los investigadores

El trabajo fue liderado por la investigadora Shelley H. Liu, profesora asociada en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai. El equipo analizó muestras de sangre de cordón umbilical procedentes de 120 bebés nacidos entre 2003 y 2006 dentro del proyecto HOME Study, un seguimiento de salud ambiental infantil realizado en Estados Unidos.

Mirar hacia atrás casi dos décadas permitió aplicar técnicas analíticas modernas a muestras antiguas. Esto resultó clave.

En lugar de buscar solo unos pocos compuestos conocidos, los científicos emplearon análisis químico no dirigido, una técnica capaz de detectar simultáneamente cientos o miles de sustancias presentes en una muestra biológica.

El resultado fue revelador: se identificaron 42 compuestos PFAS confirmados o potenciales en la sangre del cordón umbilical. Muchos de ellos no se incluyen en los análisis estándar que suelen utilizar los laboratorios.

Entre las sustancias detectadas aparecen perfluorados, polifluorados y fluorotelómeros, diferentes subfamilias de PFAS que comparten una gran persistencia ambiental pero cuyas consecuencias sanitarias aún se investigan.

Para comprender mejor el nivel total de exposición, los investigadores desarrollaron un indicador llamado “PFAS-omics burden score”, un método estadístico que integra múltiples compuestos y genera una especie de fotografía global de exposición química.

Curiosamente, cuando se aplicó esta visión más amplia, desapareció una diferencia que estudios anteriores habían observado: no se detectaron variaciones claras de exposición entre bebés de madres primerizas y aquellos nacidos de madres con embarazos previos.

Eso sugiere que los métodos de medición utilizados hasta ahora podrían haber ofrecido una imagen incompleta del problema.

Por qué importa este hallazgo

El embarazo es uno de los periodos biológicos más sensibles del desarrollo humano. Durante esos meses, el organismo fetal está formando sistemas inmunológicos, metabólicos y neurológicos que condicionarán la salud durante décadas.

Diversos estudios epidemiológicos han asociado la exposición prenatal a PFAS con posibles efectos como:

  • bajo peso al nacer.
  • partos prematuros.
  • alteraciones en la respuesta a vacunas.
  • cambios metabólicos en la infancia.

Aunque todavía quedan muchas preguntas abiertas, cada vez hay más consenso científico en que los PFAS representan un riesgo ambiental acumulativo.

El American College of Obstetricians and Gynecologists ya ha señalado la reducción de la exposición a sustancias tóxicas ambientales como una prioridad de salud pública durante el embarazo.

Un nuevo enfoque para estudiar la exposición química

Otro aspecto relevante del estudio es el uso de herramientas de ciencia de datos aplicadas a la toxicología ambiental. En lugar de estudiar cada compuesto de forma aislada, el nuevo enfoque analiza la mezcla completa de contaminantes presentes en el organismo.

Esto refleja mejor la realidad.

En el mundo real, las personas —y especialmente los fetos— no están expuestos a una sola sustancia, sino a decenas o cientos de compuestos simultáneamente.

Este tipo de análisis integrados podría ayudar en el futuro a:

  • identificar poblaciones con mayor carga química acumulada.
  • mejorar estrategias de prevención durante el embarazo.
  • orientar políticas sanitarias y ambientales.

Hoy por hoy, la exposición a PFAS no forma parte de los análisis clínicos rutinarios, aunque la evidencia científica sobre sus posibles efectos continúa creciendo.

El conocimiento generado por estudios como este abre la puerta a cambios reales en la forma de diseñar materiales y productos.

Una de las tendencias emergentes es el desarrollo de química “libre de PFAS”, donde empresas y centros de investigación buscan alternativas menos persistentes para aplicaciones industriales como textiles impermeables, envases alimentarios o recubrimientos antiadherentes.

También se están explorando tecnologías de tratamiento avanzado de agua, como filtros de carbono activado, resinas especiales o procesos de oxidación avanzada capaces de capturar o degradar parte de estos compuestos.

Pero quizá el cambio más profundo tenga que ver con el diseño de productos desde su origen.

Cada vez más expertos defienden aplicar el principio de química segura por diseño, es decir, crear materiales que cumplan su función sin dejar residuos tóxicos duraderos en el planeta.

No es sencillo. Pero se empieza a mover algo.

Reducir la exposición a PFAS no depende solo de avances científicos: también implica decisiones regulatorias, innovación industrial y hábitos de consumo más conscientes.

Al final, la pregunta es bastante simple. Si sabemos que ciertas sustancias permanecen décadas en el cuerpo humano y en los ecosistemas… ¿tiene sentido seguir fabricándolas igual que antes?

Vía Babies Are Exposed to More “Forever Chemicals” Before Birth Than Previously Known, New Study Finds | Mount Sinai – New York

Más información: Quantifying PFAS-Omics Burden Scores for Nontargeted Analysis Using Multidimensional Item Response Theory: An Exploratory Analysis of Novel and Legacy PFAS in Cord Blood | Environmental Science & Technology

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Publicado en: Contaminación

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