
Investigadores advierten: no estamos en una extinción masiva de géneros, pero cada pérdida sigue siendo moralmente inaceptable.
- No hay extinción masiva de géneros aún.
- Las especies sí desaparecen rápido.
- La mayoría de extinciones en islas.
- Reducción del ritmo en últimos 100 años.
- Conservación funciona en algunos casos.
- Amenazas actuales: cambio climático, pérdida de hábitat.
- Cada especie importa, aunque no afecte al ser humano directamente.
Las especies están desapareciendo a un ritmo alarmante, pero aún no estamos en una «extinción masiva»
La extinción ha sido siempre parte del ciclo de la vida. Algunas fueron dramáticas, como la del asteroide que acabó con los dinosaurios; otras más sutiles, transformaron silenciosamente los ecosistemas.
Hoy, la acción humana acelera la desaparición de especies. La destrucción de hábitats, las especies invasoras y el cambio climático están provocando un colapso de biodiversidad difícil de ignorar.
Pero ¿significa esto que la Tierra atraviesa una nueva extinción masiva? Todavía no. Según un estudio reciente dirigido por John Wiens (Universidad de Arizona) y Kristen Saban (Universidad de Harvard), aunque muchas especies han desaparecido, la pérdida de géneros —un nivel superior en la clasificación biológica— es mucho menos común y no sigue un patrón de aceleración global.
Por qué importan los géneros extintos
Cada género reúne especies con una historia evolutiva única. Cuando desaparece, no solo se pierde una forma de vida, sino un conjunto de características genéticas y ecológicas que no se repiten en ningún otro grupo.
Un ejemplo clave es el tuátara, el único sobreviviente de una línea de reptiles de más de 250 millones de años. Su extinción significaría el fin completo de un linaje irremplazable.
El estudio analizó más de 22.000 géneros del registro de la UICN, identificando solo 102 extintos en los últimos 500 años, menos del 0,5 % del total evaluado.

Extinción a nivel de género: rara pero reveladora
Las extinciones no afectan a todos los grupos por igual. Aves y mamíferos concentran la mayoría de pérdidas, con 37 y 21 géneros extintos, respectivamente, lo que representa alrededor del 1,6 % de sus géneros conocidos.
En contraste, anfibios, reptiles y peces óseos apenas perdieron unos pocos géneros. Entre los artrópodos, plantas y moluscos, las pérdidas son bajas y suelen restringirse a islas pequeñas o ecosistemas muy concretos.
Esto evidencia una desigualdad en el esfuerzo de observación. Aves y mamíferos están más estudiados, mientras que insectos y otros invertebrados —que conforman la mayoría de la biodiversidad global— permanecen subrepresentados en los registros.
El efecto isla
Casi tres de cada cuatro géneros extintos eran endémicos de islas. Estos ecosistemas, por su aislamiento, concentran especies únicas pero altamente vulnerables.
Las especies insulares suelen evolucionar sin depredadores naturales ni competencia externa. Cuando llegan especies invasoras o se transforma el hábitat, el impacto es inmediato y devastador.
Ejemplos como las islas Mascareñas (aves), las Antillas (mamíferos) o Santa Elena (moluscos) demuestran cómo la presión humana ha desmantelado linajes completos.
Incluso los ecosistemas de agua dulce son frágiles: los cuatro géneros extintos de peces óseos vivían en ríos o lagos, no en océanos abiertos.
¿Una desaceleración real?
Los datos muestran un pico de extinciones entre finales del siglo XIX y principios del XX. Décadas como la de 1890, 1900 o 1930 fueron las más destructivas. Desde entonces, el ritmo ha bajado.
Esta tendencia contradice la percepción común de que las extinciones se aceleran constantemente. Una explicación posible es que muchas de las especies más vulnerables ya desaparecieron hace décadas. Las que quedan podrían tener cierta resistencia a las amenazas tradicionales, aunque no necesariamente a las actuales.
También influye el aumento de programas de conservación efectivos, sobre todo para aves y mamíferos. Proyectos como la reintroducción del cóndor de California o la protección del lince ibérico han demostrado que con recursos y voluntad política, se pueden evitar extinciones.
Contar extinciones no es tan sencillo
La dificultad de medir con precisión la extinción es un reto constante. Por ejemplo, los insectos representan casi la mitad de todas las especies del planeta, pero muy pocos de sus géneros están evaluados.
Además, la estructura taxonómica influye: los géneros de aves y mamíferos suelen tener pocas especies, por lo que la desaparición de una puede significar la pérdida total del género. En cambio, anfibios y reptiles concentran muchas especies por género, lo que los hace menos propensos a ese tipo de desaparición.

¿Qué dicen los casos dudosos?
El estudio también rastreó 37 géneros posiblemente extintos, la mayoría monoespecíficos, es decir, formados por una sola especie. Muchos de estos casos son endémicos de islas o de hábitats dulceacuícolas, en línea con los patrones ya confirmados.
Incluso si todos esos casos se confirmaran como extinciones reales, la tendencia general —rareza y desaceleración— seguiría siendo válida.
Extinguir especies es un acto ético, no solo ecológico
Aunque las extinciones de géneros son poco comunes, la pérdida de especies continúa sin tregua, y eso es motivo de alerta.
Las amenazas actuales son distintas a las del pasado: el calentamiento global, la deforestación masiva, la contaminación y el uso intensivo del suelo modifican hábitats a escalas nunca vistas. Muchos ecosistemas ya no pueden adaptarse con la rapidez necesaria.
Para Wiens y Saban, el argumento central para evitar futuras extinciones no es que afecten directamente la supervivencia humana, sino que es éticamente inaceptable que una sola especie —la nuestra— sea responsable de la desaparición de tantas otras.
Además, como subraya Saban, la comunicación científica debe ser clara, honesta y rigurosa. Exagerar las cifras o dramatizar innecesariamente no ayuda a construir confianza ni moviliza con eficacia.
Valor irremplazable de cada especie
No estamos ante una extinción masiva de géneros, pero cada especie perdida empobrece el planeta. Su valor no siempre puede medirse en beneficios humanos: muchas cumplen funciones ecológicas críticas que apenas comenzamos a entender.
En tiempos donde el discurso ambiental se enfrenta a escepticismo y desinformación, cada dato cuenta, pero también cada vida. La biodiversidad no es solo una colección de nombres científicos: es la base misma de los sistemas naturales que sostienen la vida.
Más información: Recent extinctions of plant and animal genera are rare, localized, and decelerated | PLOS Biology



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