
Empresa británica construye una planta que almacena energía renovable como aire líquido a −196 °C durante semanas sin usar litio.
- ❄️ Aire líquido como sistema de almacenamiento energético.
- ⚡ 50 MW de potencia y 300 MWh de capacidad.
- 🌬️ Sin litio, cobalto ni níquel.
- 🏭 Instalación sobre una antigua central eléctrica.
- ⏳ Almacenamiento durante horas, días o semanas.
- ♻️ Vida útil prevista de 50 años.
- 🇬🇧 Proyecto clave para reforzar la red eléctrica británica.
Olvídate del litio: una planta británica almacena energía renovable en aire líquido a −196 °C durante semanas y promete durar 50 años
Cuando almacenar electricidad deja de depender de las baterías
La expansión de la energía solar y la energía eólica ha cambiado el sistema eléctrico. Sin embargo, producir electricidad limpia cuando hace sol o sopla el viento no garantiza que esa energía esté disponible cuando realmente se necesita. Ahí aparece uno de los grandes retos de la transición energética: el almacenamiento a gran escala.
Durante los últimos años, las baterías de litio se han convertido en la solución dominante. Su rapidez de respuesta las hace ideales para estabilizar la red eléctrica, aunque presentan limitaciones cuando el almacenamiento debe prolongarse durante muchas horas o incluso varios días. Además, dependen de materias primas estratégicas cuya extracción genera impactos ambientales y geopolíticos cada vez más evidentes.
En el Reino Unido, la empresa Highview Power apuesta por una alternativa completamente distinta. En lugar de almacenar electricidad en productos químicos, la almacena transformando el aire en un líquido extremadamente frío.
Una batería donde el combustible es el aire
La nueva instalación que se construye en Carrington, cerca de Manchester, será la primera planta comercial británica de almacenamiento de energía mediante aire líquido (LAES, Liquid Air Energy Storage).
El principio es relativamente sencillo. Cuando existe un excedente de electricidad renovable, esa energía alimenta un sistema que comprime, limpia y enfría el aire hasta aproximadamente −196 °C, temperatura en la que pasa de estado gaseoso a líquido.
Al ocupar un volumen muchísimo menor que el aire atmosférico, puede almacenarse durante largos periodos en depósitos criogénicos aislados con muy pocas pérdidas. Cuando aumenta la demanda eléctrica, el aire líquido vuelve a calentarse, recupera rápidamente su volumen original y mueve una turbina que genera electricidad para la red.
Lo interesante es que durante este proceso también se recupera parte del frío generado anteriormente mediante un sistema de almacenamiento térmico, mejorando el rendimiento global de la instalación.
Una infraestructura pensada para durar décadas
La planta tendrá una potencia de 50 MW y una capacidad de 300 MWh, suficiente para suministrar electricidad a plena carga durante unas seis horas. Más allá de esta cifra, lo realmente relevante es que el sistema está diseñado para funcionar durante aproximadamente medio siglo, muy por encima de la vida útil habitual de las baterías electroquímicas.
Otra ventaja importante reside en los materiales utilizados.
El sistema no necesita litio, cobalto, níquel ni otros minerales críticos cuya demanda mundial no deja de crecer impulsada por el vehículo eléctrico y el almacenamiento estacionario.
El recurso principal es simplemente el aire atmosférico.
Una tecnología conocida… llevada ahora a otra escala
Aunque pueda parecer una idea futurista, la licuefacción del aire es una tecnología utilizada desde hace décadas en numerosos procesos industriales relacionados con los gases criogénicos.
La innovación no consiste en descubrir una nueva física. Lo novedoso es integrar esa tecnología dentro del sistema eléctrico para convertirla en una herramienta capaz de almacenar grandes cantidades de electricidad renovable.
Highview Power ya operaba desde 2018 una planta piloto de menor tamaño cerca de Manchester, experiencia que ha servido para validar el funcionamiento antes de construir instalaciones comerciales mucho mayores.
No todo son ventajas: la eficiencia sigue siendo el principal desafío
Como ocurre con cualquier tecnología energética, el almacenamiento mediante aire líquido también presenta limitaciones.
Su principal punto débil es la eficiencia del ciclo completo. Según las estimaciones de la propia empresa, recupera aproximadamente entre el 50 % y el 60 % de la electricidad utilizada inicialmente para licuar el aire.
Las baterías de ion-litio suelen superar con facilidad el 80 % de eficiencia, por lo que devuelven una mayor parte de la energía almacenada.
Ahora bien, comparar únicamente ese porcentaje puede resultar engañoso.
Cuando el objetivo consiste en almacenar energía durante muchas horas o incluso varios días, factores como la durabilidad, el coste de construcción, la seguridad, la facilidad para ampliar instalaciones o la disponibilidad de materias primas empiezan a tener un peso mucho mayor que unos puntos porcentuales de eficiencia.
En otras palabras, cada tecnología encuentra su espacio dentro del sistema eléctrico.
Reutilizar antiguas centrales eléctricas abre nuevas oportunidades
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto británico es su ubicación.
La planta se está construyendo sobre los terrenos de una central eléctrica desmantelada, aprovechando conexiones ya existentes a la red de alta tensión y parte de la infraestructura industrial.
Este planteamiento permite dar una segunda vida a antiguos emplazamientos energéticos sin necesidad de ocupar nuevos espacios naturales, una estrategia que cada vez gana más protagonismo en Europa.
En distintos países también se están transformando antiguas minas, centrales térmicas y áreas industriales en centros dedicados al almacenamiento energético o a la producción de hidrógeno renovable.
El Reino Unido prepara una nueva generación de almacenamiento de larga duración
Carrington representa únicamente el primer paso.
Highview Power trabaja en varios proyectos adicionales mucho más ambiciosos, incluyendo instalaciones que combinarán aire líquido y baterías de litio para aprovechar las ventajas de ambas tecnologías.
Al mismo tiempo, el regulador británico Ofgem impulsa mecanismos específicos para favorecer el desarrollo del almacenamiento energético de larga duración, considerado una pieza esencial para alcanzar los objetivos nacionales de descarbonización del sistema eléctrico.
La necesidad es evidente. Cuando existe una elevada producción eólica, parte de esa electricidad no puede aprovecharse por falta de capacidad de almacenamiento y los parques eólicos llegan incluso a reducir su producción temporalmente. Disponer de sistemas capaces de absorber esos excedentes ayudaría a reducir este desperdicio energético y a estabilizar la red.
Un complemento, no un sustituto de las baterías
Resulta poco probable que el aire líquido sustituya completamente a las baterías de litio.
Cada tecnología responde mejor a necesidades diferentes.
Las baterías continuarán siendo especialmente útiles para responder en segundos a cambios en la demanda o estabilizar la frecuencia de la red. En cambio, el almacenamiento criogénico puede convertirse en una solución muy competitiva cuando se trata de guardar grandes cantidades de electricidad durante periodos prolongados utilizando infraestructuras industriales relativamente sencillas.
De hecho, el futuro del almacenamiento energético probablemente pase por la convivencia de varias tecnologías: baterías, centrales hidroeléctricas reversibles, hidrógeno verde, almacenamiento térmico y sistemas basados en aire líquido, cada uno cubriendo una necesidad específica dentro de una red eléctrica mucho más flexible.
Potencial
El desarrollo del almacenamiento mediante aire líquido puede convertirse en una herramienta muy valiosa para acelerar la transición hacia un sistema eléctrico basado casi por completo en energías renovables.
Si logra demostrar su viabilidad económica a gran escala, permitiría aprovechar mejor la electricidad producida por parques eólicos y solares cuando existe exceso de generación, reduciendo los vertidos energéticos y mejorando la estabilidad de la red.
Además, ofrece una alternativa que disminuye la presión sobre la demanda mundial de minerales estratégicos y facilita la reutilización de antiguos emplazamientos industriales, evitando nuevas ocupaciones de suelo.
No resolverá por sí sola todos los retos del almacenamiento energético. Pero sí puede convertirse en una pieza importante dentro de un modelo eléctrico más resiliente, diversificado y menos dependiente de recursos escasos. En un escenario donde la electrificación seguirá creciendo durante las próximas décadas, contar con diferentes formas de almacenar energía renovable puede marcar la diferencia entre un sistema capaz de adaptarse o uno limitado por la falta de flexibilidad.
Vía Highviewpower
Más información: highviewpower.com

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