
¿Gas, parafina o electricidad? Cada una calienta distinto, cuesta distinto y sirve para un usuario distinto, y elegir sin saberlo es la vía rápida a gastar de más. Por ello, a continuación comparamos estas tecnologías para que sepas cuál encaja mejor con tus necesidades.
Qué tener en cuenta antes de elegir
La superficie de la estancia marca la potencia mínima necesaria. Como norma general, entre 80 y 100 vatios por metro cuadrado en viviendas bien aisladas, y hasta 150 en las que no lo están. Sin embargo, la altura del techo, el número de ventanas y su orientación modifican ese cálculo, por lo que hay que sumar un margen del 20 % en espacios con grandes cristaleras o esquinas expuestas.
El aislamiento y el tipo de uso pesan tanto como la superficie. En un despacho que usas pocas horas y cuyas ventanas tienen doble acristalamiento y sin humedades, un equipo de menor potencia rinde mejor y gasta menos. En cambio, en salones de pisos antiguos con corrientes de aire, cualquier aparato necesitará más energía para compensar las pérdidas.
Tipos de estufas
Las estufas son la opción más directa para calentar una sola habitación, pero el combustible que utilizan cambia por completo la experiencia
Estufas de gas
Las estufas de gas (butano o propano) ofrecen una potencia alta y un coste por hora competitivo, lo que las hace adecuadas para estancias grandes y uso intensivo en invierno. Frente a las eléctricas, calientan más rápido y durante más tiempo con el mismo desembolso. No obstante, requieren una bombona, un espacio ventilado y, en los modelos catalíticos, una revisión periódica del sistema de combustión.
Estufas de parafina
Por su parte, las estufas de parafina destacan por su potencia elevada y su capacidad de calentar espacios amplios sin necesidad de instalación fija, ya que solo requieren un depósito de combustible líquido. Su consumo es más económico que el eléctrico por kilovatio térmico, aunque emiten un ligero olor al encenderse y al apagarse, y generan humedad, por tanto, hay que ventilar la estancia con regularidad.
Estufas eléctricas
Las estufas eléctricas son las más versátiles. No necesitan combustible, no emiten gases y se enchufan en cualquier toma de corriente. Su punto fuerte es la inmediatez, dado que calientan al instante por radiación o convección. Ahora bien, su punto débil es el coste por hora, siendo superior al del gas o la parafina.
Calefactores y radiadores móviles
Los calefactores y radiadores móviles cubren la necesidad de calentar sin obra ni instalación, y suelen incorporar termostato, programador y varias potencias.
Calefactores cerámicos y termoventiladores
Por un lado, los calefactores cerámicos y los termoventiladores calientan el aire y lo impulsan con un ventilador, por eso alcanzan la temperatura deseada en pocos minutos. Esa rapidez hace que sean la mejor opción para baños, despachos y estancias de uso intermitente, donde no tiene sentido esperar media hora a que suba el termómetro. A cambio, el ventilador produce ruido y el calor desaparece rápido al apagarlos.
Radiadores de aceite y eléctricos
Y, los radiadores de aceite y los eléctricos de inercia calientan lentamente, pero mantienen la temperatura durante más tiempo tras apagarlos gracias a la masa térmica del fluido o del material. Esta inercia los hace silenciosos y confortables, ideales para el salón o el dormitorio en uso prolongado. En contrapartida, tardan en alcanzar el régimen y consumen más energía en el arranque.
Como has visto, no necesitas el aparato más caro, ni el más potente. Necesitas el que corresponde a tus metros, tu aislamiento y tus horas de uso, con la potencia justa y las medidas de seguridad cubiertas.

Deja una respuesta