
Científicos identifican zonas tropicales donde dejar que los bosques se regeneren solos maximiza carbono, biodiversidad y ahorro.
- 🌳 Regeneración natural del bosque, con intervención humana mínima.
- 💰 Hasta un 96% menos de coste frente a determinados programas de plantación.
- 🌍 7,49 millones de km² tropicales con potencial biofísico analizado.
- ♻️ 9,57 gigatoneladas de carbono acumulables en 30 años si toda esa superficie se regenerase.
- 🦜 Hasta un 31% de reducción potencial del riesgo de extinción para especies forestales dependientes.
- 📍 Indonesia, Madagascar, Filipinas, México y Malasia, entre las zonas con mayor potencial combinado.
- 🌱 Protección frente a incendios, ganado, invasoras y nuevas talas, claves para dejar trabajar al bosque.
La clave del 96 %
Plantar un bosque implica producir plantones, transportarlos, preparar el terreno, plantar y mantenerlos. La regeneración natural aprovecha semillas, raíces y árboles que ya existen en el paisaje. El dinero se concentra en proteger el terreno del fuego, ganado, especies invasoras y nuevas perturbaciones.
No significa abandonar el terreno. Significa gastar en quitar los obstáculos que impiden al bosque volver.
Un bosque no siempre necesita ser plantado
La restauración forestal suele asociarse con viveros, millones de plantones, cuadrillas trabajando sobre grandes extensiones y campañas masivas de reforestación. Es una imagen potente. También bastante incompleta.
Los bosques poseen sus propios mecanismos de recuperación. Semillas conservadas en el suelo, árboles supervivientes, raíces capaces de rebrotar y semillas transportadas por aves, mamíferos o el viento pueden iniciar una sucesión ecológica cuando desaparecen las presiones que impedían el crecimiento de la vegetación.
El equipo de la Universidad de Queensland y la Universidad de Newcastle ha estudiado precisamente cuándo merece la pena aprovechar esa capacidad natural.
La investigación analiza la variación espacial de los costes y beneficios ecológicos de la regeneración natural en los trópicos. En total, el área estudiada con potencial biofísico alcanza 7,49 millones de km².
El resultado cambia bastante la perspectiva sobre cómo gastar el dinero destinado a restauración.

En condiciones adecuadas, la regeneración natural puede costar hasta un 96% menos que la plantación convencional de árboles.
La explicación tiene bastante lógica. Una plantación requiere producir o comprar semillas y plantones, mantener viveros, transportar material, preparar el terreno, contratar trabajadores y realizar labores posteriores para conseguir que sobrevivan los árboles.
Con la regeneración natural, una parte importante de esos costes desaparece.
Menos plantar y más eliminar obstáculos
Dejar que un bosque se recupere no equivale a cerrar una parcela y olvidarse de ella.
En muchos terrenos degradados existen factores que pueden bloquear durante años la regeneración: incendios recurrentes, ganado, especies invasoras, extracción de madera, ausencia de árboles semilleros o nuevas perturbaciones humanas.

La intervención cambia entonces de naturaleza.
En lugar de plantar miles de árboles, los recursos pueden destinarse a controlar invasoras, reducir el riesgo de incendios, limitar temporalmente el pastoreo, proteger los nuevos brotes y conservar árboles maduros próximos capaces de suministrar semillas.

Es una restauración menos espectacular a simple vista. También puede ser mucho más eficiente.
Y hay otra diferencia importante. No se decide desde el principio qué especies ocuparán el terreno. Buena parte de esa selección procede de los procesos ecológicos locales, lo que puede favorecer comunidades vegetales más diversas que determinadas plantaciones simplificadas.

9,57 gigatoneladas de carbono en 30 años
El potencial climático calculado por los investigadores es considerable.
Si se regenerase completamente toda la superficie tropical identificada en el estudio, los nuevos bosques podrían acumular aproximadamente 9,57 gigatoneladas de carbono durante un periodo de 30 años.
Conviene interpretar correctamente esa cifra. Se trata de un potencial biofísico bajo un escenario de regeneración completa, no de una previsión de lo que necesariamente ocurrirá.
En 20 segundos
Superficie tropical analizada con potencial biofísico para regeneración natural.
Acumulación potencial durante 30 años si se regenerase completamente esa superficie.
Reducción potencial del riesgo de extinción para especies dependientes de los bosques.
Coste potencial frente a determinados programas de plantación.
La disponibilidad real del territorio, sus propietarios, el uso agrícola, la presión ganadera, los incendios, la gobernanza local y los incentivos económicos determinarán qué parte podría restaurarse realmente.
Aun así, el dato muestra la escala de una oportunidad que muchas estrategias climáticas han tratado tradicionalmente como secundaria.
Los bosques jóvenes capturan carbono a medida que aumenta su biomasa, mientras el suelo y la materia orgánica también participan en el almacenamiento. Además, un bosque que vuelve a crecer deja de ser una superficie degradada con poca capacidad para retirar CO₂ de la atmósfera.

El beneficio que el carbono no cuenta
Medir únicamente toneladas de carbono puede llevar a decisiones bastante pobres desde el punto de vista ecológico.
Una plantación forestal destinada a maximizar rápidamente la biomasa puede almacenar carbono y, al mismo tiempo, ofrecer un hábitat relativamente simple. Un bosque que se regenera con especies locales puede desarrollar estructuras vegetales más complejas, aunque necesite tiempo.
El estudio estima que, si se materializara todo el potencial analizado, la regeneración podría reducir alrededor de un 31% el riesgo global de extinción de las especies dependientes de los bosques, respecto al escenario de referencia utilizado por los investigadores.
Aquí aparece una de las grandes fortalezas de la regeneración natural: clima y biodiversidad pueden avanzar en la misma dirección.
No siempre ocurre. Una política climática centrada exclusivamente en almacenar carbono podría favorecer plantaciones homogéneas de rápido crecimiento. Desde el punto de vista de la biodiversidad, recuperar un ecosistema forestal funcional es bastante más complejo que cubrir una superficie de árboles.
El mapa mundial de las mejores oportunidades
Una de las aportaciones más útiles del trabajo es espacial.
Los investigadores identificaron zonas donde coinciden bajos costes de restauración, elevada captura potencial de carbono y grandes beneficios para la biodiversidad. Las denominaron holistic hotspots, algo parecido a puntos calientes de restauración integral.
Las mayores superficies de este tipo aparecen principalmente en Indonesia, Madagascar, Filipinas, México y Malasia.
Sin embargo, no existe una geografía única para todos los objetivos.
Los mayores beneficios relacionados con el carbono aparecen especialmente en regiones neotropicales, incluida la cuenca amazónica, y en territorios de la región indomalaya como Borneo, Sumatra y Papúa Nueva Guinea.
Cuando la prioridad es la biodiversidad, destacan especialmente regiones afrotropicales como Madagascar.
Y hay un dato que obliga a afinar bastante las políticas: las áreas que reúnen simultáneamente altos beneficios para carbono y biodiversidad a bajo coste representan aproximadamente el 9,67% de toda la región estudiada.
No todo terreno degradado es igual. Tampoco debería recibir la misma estrategia de restauración.

Plantar árboles continúa teniendo sentido
La conclusión tampoco debería convertirse en un enfrentamiento entre regeneración natural y reforestación activa.
Hay terrenos donde el bosque difícilmente regresará por sí mismo.
Una parcela muy alejada de masas forestales puede carecer de fuentes suficientes de semillas. Un suelo extremadamente degradado puede necesitar actuaciones previas. Las especies invasoras pueden impedir el establecimiento de vegetación autóctona. Y en determinados paisajes fragmentados puede ser necesario plantar estratégicamente para recuperar corredores ecológicos.
También existen lugares donde interesa introducir especies nativas concretas para acelerar la recuperación.
La solución más eficaz puede ser híbrida: regeneración natural allí donde funciona, regeneración asistida cuando existen obstáculos y plantación activa cuando el ecosistema ha perdido su capacidad de recuperarse por sí mismo.
Otro estudio publicado en Nature Climate Change ya había llegado a una conclusión complementaria: escoger entre regeneración natural y plantaciones en función de las características de cada lugar aumenta considerablemente el potencial de mitigación económicamente viable.
La pregunta adecuada, por tanto, deja de ser cuántos árboles se pueden plantar. Pasa a ser qué necesita realmente cada territorio para volver a funcionar como bosque.
Entonces, ¿por qué seguimos plantando árboles?
Que la regeneración natural pueda ser mucho más barata no significa que funcione en cualquier terreno. Hay lugares donde el bosque ha perdido buena parte de su capacidad para regresar por sí mismo y esperar simplemente no sería suficiente.
Uno de los factores decisivos es la existencia de fuentes de semillas cercanas. Si quedan árboles maduros, pequeños fragmentos de bosque o vegetación capaz de rebrotar, aves, mamíferos y el viento pueden ayudar a recolonizar el terreno. Cuando un área lleva décadas completamente aislada y degradada, ese proceso puede ser demasiado lento o incluso quedar bloqueado.
También aparecen problemas cuando existen suelos muy deteriorados, incendios recurrentes, especies invasoras o una presión ganadera intensa. En estos casos puede ser necesario intervenir: plantar especies autóctonas, recuperar determinados árboles clave, mejorar la conectividad entre fragmentos forestales o realizar tratamientos que permitan arrancar de nuevo la sucesión ecológica.
La plantación también puede utilizarse estratégicamente para acelerar la recuperación. No necesariamente hay que cubrir cada hectárea con filas de plantones. En algunos proyectos basta con introducir grupos de especies nativas capaces de atraer fauna, producir semillas y crear pequeños núcleos desde los que posteriormente avance la regeneración.
Por eso, la conclusión del estudio no debería interpretarse como un «dejar de plantar árboles». La cuestión es bastante más interesante: dejar de plantar automáticamente allí donde la naturaleza puede recuperar el bosque con menos recursos y reservar la restauración activa para los lugares donde realmente hace falta.
La restauración forestal más eficiente probablemente combine ambas estrategias. Primero se evalúa qué capacidad de recuperación conserva el ecosistema. Después se decide cuánto intervenir. A veces habrá que plantar miles de árboles. Otras veces, proteger los que ya están intentando volver será suficiente.
Un bosque regenerado no sustituye a un bosque antiguo
Permitir la regeneración de terrenos degradados puede recuperar carbono y biodiversidad, pero proteger los bosques primarios existentes continúa siendo prioritario. Un ecosistema antiguo contiene estructuras, especies e interacciones ecológicas que pueden necesitar muchas décadas o siglos para recuperarse.
El gran desafío: proteger el bosque durante décadas
Conseguir que aparezcan árboles jóvenes es relativamente sencillo comparado con mantener el proceso durante 20, 30 o 50 años.
Un terreno en recuperación puede volver a convertirse en cultivo, pastizal o zona urbanizada. También puede arder repetidamente antes de alcanzar suficiente madurez.
Por eso, la permanencia resulta tan importante como la regeneración inicial.
Los programas públicos necesitan combinar restauración ecológica con incentivos económicos, derechos claros sobre la tierra, prevención de incendios y participación de las comunidades locales.
Existe además una cuestión social inevitable. Parte de los terrenos con potencial de regeneración se encuentra en paisajes utilizados por agricultores, ganaderos y comunidades rurales. Declararlos simplemente disponibles para restauración desde un mapa sería un error.
La recuperación forestal funciona mejor cuando se integra con las necesidades de quienes viven del territorio. En algunos lugares puede implicar recuperar zonas marginales poco productivas; en otros, crear corredores entre bosques existentes o favorecer sistemas agroforestales.
Un objetivo mundial que necesita soluciones baratas
La cuestión económica adquiere especial importancia por los compromisos internacionales existentes.
El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal establece que, para 2030, al menos el 30% de las áreas degradadas de ecosistemas terrestres, aguas continentales, costeros y marinos deben encontrarse bajo restauración efectiva.
Es una escala enorme.
Durante 2025 y 2026 también ha avanzado la denominada Target 2 Road Map, una iniciativa internacional destinada a acelerar y mejorar la aplicación y seguimiento de ese objetivo global de restauración.
Con presupuestos limitados, reducir drásticamente el coste por hectárea puede significar pasar de proyectos relativamente pequeños a programas capaces de actuar sobre paisajes completos.
Ahí está probablemente la mayor implicación práctica del nuevo estudio: el dinero ahorrado evitando plantaciones innecesarias podría utilizarse para restaurar más superficie o financiar precisamente las intervenciones intensivas en aquellos lugares donde sí resultan imprescindibles.
La restauración también necesita mejores mapas
Durante años, una de las grandes dificultades ha sido decidir dónde actuar primero.
El nuevo trabajo aporta una herramienta particularmente interesante al combinar costes, carbono y biodiversidad sobre el territorio.
Un gobierno interesado principalmente en mitigación climática podría priorizar determinadas regiones. Otro podría concentrar recursos en especies amenazadas. Y un programa con financiación limitada podría buscar los lugares donde varios beneficios coinciden a bajo coste.
Ese enfoque evita uno de los errores habituales de las grandes campañas ambientales: aplicar la misma receta a territorios completamente diferentes.
Una hectárea abandonada junto a un bosque tropical bien conservado no requiere necesariamente el mismo tratamiento que una explotación intensamente degradada y aislada durante décadas.
Parece evidente. En la práctica, buena parte de la eficiencia de la restauración depende precisamente de reconocer esa diferencia.
Más información: Variation in the costs and ecological benefits of tropical natural forest regeneration | Nature Ecology & Evolution

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