
Nueva tecnología en Córdoba mejora sistemas de enfriamiento por agua capaces de reducir el aire hasta 16 °C con materiales poliméricos optimizados.
- Aire frío sin compresores.
- Agua y aire como únicos “combustibles”.
- Hasta 70 % menos consumo eléctrico.
- Materiales plásticos optimizados.
- Edificios, industria, centros de datos.
- Calor urbano, reto climático real.
Sistemas de refrigeración evaporativa podrían allanar el camino hacia un aire acondicionado más sostenible
El aumento sostenido de las temperaturas globales está empujando la climatización al centro del debate energético. Ya no se trata solo de confort doméstico, sino de infraestructura crítica. Edificios públicos, hospitales, instalaciones industriales y centros de datos dependen de sistemas de refrigeración cada vez más intensivos en electricidad. Según datos de Eurostat, la necesidad de aire acondicionado en edificios se ha multiplicado casi por cuatro desde 1979, con España situada entre los países europeos con mayor crecimiento. La consecuencia es doble: presión sobre la red eléctrica y una huella de carbono que sigue escalando, justo cuando el sistema energético intenta descarbonizarse.
En este contexto, la búsqueda de alternativas más limpias y eficientes se ha convertido en una prioridad. Ahí entra en juego el trabajo del grupo Research in Applied Thermal Engineering (RATE), que está desarrollando sistemas de refrigeración basados en un principio tan antiguo como eficaz: la evaporación del agua. Estos sistemas utilizan solo aire y agua como fluidos de trabajo, prescinden de refrigerantes químicos y compresores, y pueden reducir el consumo energético hasta en un 70 % frente a equipos convencionales.
La investigadora de la Universidad de Córdoba Paula Conrat, junto a Manuel Ruiz de Adana (Departamento de Química Aplicada y Termodinámica) y Francisco Comino (Departamento de Mecánica), en colaboración con el Centro Tecnológico del Plástico de Andaltec, ha liderado un estudio centrado en mejorar el rendimiento de estos sistemas a través de algo tan concreto —y tan decisivo— como la selección de materiales. Los resultados se han publicado en la revista Energy.

Selección de materiales y rendimiento del sistema
El corazón de estos sistemas es lo que los investigadores llaman el “canal húmedo”, la pieza donde se produce el intercambio de calor y masa entre el aire y el agua. En palabras del equipo, no todos los materiales se comportan igual frente a la humedad, la rugosidad o la capacidad de retener agua, y esas diferencias marcan la eficiencia final del proceso.
Para comprobarlo, el grupo trabajó con materiales poliméricos en forma de láminas y películas finas, cada uno con distintos niveles de porosidad, retención hídrica y textura superficial. Mediante técnicas de laminación, estos materiales se integraron en varios prototipos de canales, que después se sometieron a pruebas comparativas de rendimiento térmico.
Los resultados fueron claros. Algunas combinaciones lograron reducciones de temperatura del aire de hasta 16 grados centígrados, una cifra que acerca este tipo de sistemas al rango de confort necesario en aplicaciones reales. Más allá del dato puntual, el estudio muestra algo más interesante: la eficiencia no depende solo del diseño del sistema, sino de la microestructura del material que entra en contacto con el agua y el aire. Es ahí, en lo pequeño, donde se decide gran parte del ahorro energético.
Este enfoque abre la puerta a una nueva generación de soluciones personalizadas. Por ejemplo, materiales optimizados para climas secos del sur de Europa o del norte de África, donde la refrigeración evaporativa tiene un margen de mejora especialmente alto, o versiones adaptadas a entornos industriales donde la durabilidad y la facilidad de limpieza son tan importantes como el rendimiento térmico.

El impacto más amplio de la refrigeración sostenible
La climatización ya representa una parte significativa del consumo eléctrico global, y su peso seguirá creciendo. La Agencia Internacional de la Energía (IEA) estima que la demanda mundial de energía asociada a la refrigeración podría aumentar alrededor de un 25 % para 2050. Ese crecimiento, si se cubre solo con tecnologías tradicionales, amenaza con neutralizar buena parte de los avances en energías renovables y eficiencia energética.
Frente a ese escenario, los sistemas evaporativos ofrecen algo más que ahorro en la factura eléctrica. Reducen la dependencia de gases refrigerantes que, incluso en sus versiones más modernas, siguen teniendo potencial de calentamiento global. También alivian la carga en las redes eléctricas durante las olas de calor, cuando los picos de demanda pueden provocar cortes o la activación de centrales fósiles de respaldo. En ciudades densas, donde el fenómeno de isla de calor urbana agrava las temperaturas, cualquier tecnología que consuma menos energía para enfriar tiene un efecto en cascada sobre la calidad del aire y la salud pública.
Ya existen experiencias piloto en naves industriales, invernaderos y centros logísticos del sur de Europa que combinan refrigeración evaporativa con energía solar fotovoltaica. La lógica es sencilla: producir electricidad limpia durante las horas de mayor radiación, que suelen coincidir con los momentos de mayor necesidad de refrigeración. El trabajo del grupo RATE encaja en esta tendencia, aportando una capa más de eficiencia desde el propio material del sistema.
Potencial
La verdadera fuerza de esta tecnología está en su escalabilidad. No se limita a grandes instalaciones: puede adaptarse a viviendas, escuelas, centros de salud y espacios de trabajo, especialmente en regiones cálidas y secas. Combinada con energía solar y una arquitectura bioclimática bien diseñada, la refrigeración evaporativa puede convertirse en una pieza clave de edificios casi autosuficientes en términos térmicos.
A nivel urbano, su integración en proyectos de rehabilitación energética podría ayudar a reducir la vulnerabilidad de los barrios más expuestos a las olas de calor, mejorando el confort sin disparar el consumo eléctrico. Y en el ámbito industrial, donde cada kilovatio cuenta, estos sistemas ofrecen una vía realista para descarbonizar procesos auxiliares sin sacrificar productividad.
No es una solución mágica, ni pretende serlo. Pero sí representa una forma concreta, medible y tecnológicamente madura de enfriar el presente sin calentar aún más el futuro. A veces, el avance no viene de inventar algo completamente nuevo, sino de mirar un proceso natural —como la evaporación del agua— y aprender a hacerlo mejor, con criterio y con cuidado.
Vía www.uco.es
Más información: Paula Conrat et al, Experimental and numerical analysis of wet channels for evaporative cooling systems manufactured with polymeric film materials, Energy (2025). DOI: 10.1016/j.energy.2025.139370



Héctor Federico Bastién Reyna dice
Hola a todos, siempre es bueno conocer los nuevos descubrimientos que nos harán depender menos de los combustibles fósiles para mejorar la salud de nuestra casa, nuestro entorno que es lo que dejaremos a nuestras futuras generaciones, gracias, saludos!
Jose Luis Hernández dice
Los sistemas evaporativos representan una buena opción para atender la creciente demanda de acondicionamiento de aire , disminuyendo el consumo de energía.
Sin embargo estos sistemas pierden eficiencia en los lugares donde hay un elevado porcentaje de humedad relativa.
Por lo tanto los fabricantes de equipo deben seguir investigando para satisfacer la demanda de acondicionamiento de aire en este tipo de zonas.