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Nuevo estudio global con 31.000 especies de árboles descubre que los de rápido crecimiento están desplazando a las especies nativas, formando bosques más vulnerables

30 enero, 2026 2 comentarios

4/5 - (7 votos)
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Estudio global advierte que árboles de rápido crecimiento están desplazando especies clave y debilitando la resiliencia de los bosques.

  • Bosques más homogéneos, menos diversidad.
  • Árboles “rápidos”, expansión global.
  • Especies lentas, en retroceso.
  • Menor resiliencia climática.
  • Carbono almacenado, en riesgo.
  • Trópicos, zona crítica.
  • Gestión forestal, punto de inflexión.

Árboles de crecimiento rápido están tomando los bosques del futuro y poniendo en jaque la biodiversidad y la resiliencia climática

Los árboles ocupan un lugar central en la vida del planeta. Capturan CO₂, sostienen redes complejas de animales, hongos e insectos, estabilizan suelos y regulan el ciclo del agua. También están profundamente ligados a la vida humana, desde la madera y los alimentos hasta algo tan simple como la sombra en un día de calor extremo, cada vez más frecuente.

Pero los bosques del mundo están entrando en una nueva etapa. Una etapa marcada por la homogeneización del paisaje forestal, la pérdida de especies especializadas y ecosistemas menos capaces de resistir sequías, plagas o cambios bruscos de temperatura. Así lo muestra un amplio estudio internacional publicado en Nature Plants, que analizó más de 31.000 especies de árboles para trazar un mapa global de cómo podrían cambiar los bosques en las próximas décadas.

El patrón que emerge es inquietante: los bosques tienden a llenarse de especies de crecimiento rápido, mientras que los árboles lentos, longevos y altamente especializados retroceden, a veces hasta desaparecer.

Para Jens-Christian Svenning, profesor y director del Centro para la Dinámica Ecológica en una Biosfera Nueva (ECONOVO) de la Universidad de Aarhus, el mayor riesgo no es solo perder árboles, sino perder funciones ecológicas completas.

“Estamos hablando de especies únicas, muchas concentradas en regiones tropicales y subtropicales, donde los ecosistemas funcionan como relojes delicados. Cuando estas especies desaparecen, dejan vacíos que los árboles invasores o naturalizados rara vez pueden llenar, aunque crezcan más rápido y se dispersen con facilidad”, explica.

La columna vertebral de los bosques está en peligro

Las especies más amenazadas suelen ser las llamadas “lentas”. Árboles con hojas gruesas, madera densa y ciclos de vida largos, adaptados a entornos estables como las selvas húmedas tropicales y los bosques subtropicales.

Estos árboles actúan como la estructura invisible del ecosistema. Almacenan grandes cantidades de carbono en su biomasa, crean microclimas bajo sus copas y ofrecen refugio a especies que no sobreviven en entornos abiertos o degradados.

Si continúan las tendencias actuales de cambio climático y explotación forestal, los bosques del futuro se parecerán cada vez más a un conjunto de “velocistas”: árboles con hojas ligeras y madera menos densa, capaces de crecer rápido y colonizar suelos alterados. Entre ellos, diferentes especies de acacia, eucalipto, álamo o pino.

El problema es que esta velocidad tiene un coste. Son más vulnerables a sequías prolongadas, tormentas intensas, plagas y enfermedades emergentes. A largo plazo, los bosques dominados por estas especies tienden a ser menos estables y menos eficaces a la hora de fijar carbono durante décadas.

El estudio también señala que cerca del 41 % de las especies de árboles naturalizadas —es decir, que no son originarias de una región pero ahora crecen allí de forma silvestre— comparten estos rasgos de crecimiento rápido y hojas pequeñas. Esto las hace muy competitivas en paisajes degradados por la actividad humana, pero pobres sustitutas de las especies nativas en términos de servicios ecológicos.

En la práctica, la competencia por luz, agua y nutrientes se intensifica. Y las especies locales, ya presionadas por el clima y la fragmentación del hábitat, lo tienen aún más difícil para recuperarse.

Imagen: Deerphoto – Depositphotos.

Las especies tropicales, en la primera línea de riesgo

La homogeneización forestal golpea con más fuerza a los trópicos y subtrópicos. Es allí donde se concentran muchas especies de distribución muy limitada, árboles que solo existen en valles concretos, laderas específicas o islas biogeográficas.

Según el primer autor del estudio, Wen-Yong Guo, de la Universidad Normal del Este de China en Shanghái, estas especies son especialmente vulnerables porque no tienen “plan B” geográfico. Si su entorno se transforma por deforestación, incendios o invasión de especies rápidas, la extinción puede ser local… o total.

Al mismo tiempo, el estudio prevé que en regiones más frías del hemisferio norte aumente la presencia de especies naturalizadas adaptadas a disturbios frecuentes. En estos paisajes, el avance de árboles rápidos puede cambiar la fisonomía de los bosques en apenas una o dos generaciones humanas.

Detrás de este proceso hay una combinación de factores muy humanos: infraestructuras, silvicultura intensiva, comercio global de especies, demanda de biomasa y madera de rápido crecimiento. Plantar árboles “productivos” es una solución tentadora a corto plazo. Pero ecológicamente, el sistema se vuelve más frágil.

Gestión activa del ecosistema: una decisión, no una opción

Los modelos del estudio muestran que, si no se actúa, las especies ya naturalizadas y de crecimiento rápido ganarán aún más terreno en las próximas décadas.

Esto convierte la gestión forestal en una herramienta clave contra la pérdida de biodiversidad. No se trata solo de plantar más árboles, sino de plantar mejor.

Dar prioridad a especies lentas, raras o propias de cada región puede aumentar la diversidad estructural del bosque, mejorar su capacidad de resistir eventos extremos y favorecer la recuperación de fauna asociada, desde grandes mamíferos dispersores de semillas hasta insectos polinizadores.

En Europa, por ejemplo, algunos proyectos de restauración están reintroduciendo especies de frondosas autóctonas en zonas dominadas durante décadas por monocultivos de coníferas. En América Latina, iniciativas de restauración de corredores biológicos buscan conectar fragmentos de selva para que las especies de crecimiento lento puedan recolonizar áreas degradadas.

Qué impacto puede tener en el medio ambiente

El avance de árboles de crecimiento rápido no es solo un problema de biodiversidad, también afecta al ciclo del carbono, al agua y a la estabilidad del suelo. Bosques menos diversos suelen almacenar menos carbono a largo plazo, filtran peor el agua de lluvia y son más propensos a la erosión tras incendios o talas.

En paisajes dominados por pocas especies, las plagas pueden propagarse con mayor facilidad, lo que obliga a usar más tratamientos químicos o a asumir pérdidas forestales masivas. Todo esto tiene un efecto en cadena sobre ríos, acuíferos y comunidades humanas que dependen del bosque para su sustento.

Más información: Guo, WY., et al. Global functional shifts in trees driven by alien naturalization and native extinction, Nature Plants (2026). DOI: 10.1038/s41477-025-02207-2

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Publicado en: Medio Ambiente

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Comentarios

  1. Rafael Angel Aragón Aramburú dice

    16 febrero, 2026 a las 06:45

    qué árboles frutales serían buenos para mitigar el efecto invernadero.

    Responder
  2. ING. Forestal Levy Vielma dice

    7 abril, 2026 a las 15:53

    Es por ellos (los bosques nativos) prioridad mundial. debemos aplicar mecanismos de protección real y con un verdadero compromiso de cuidarlos en el tiempo. Las políticas ambientales deben tener más importancia hoy día. Los gobiernos también son parte de ambos lados (desforestación – Reforestación), pero sin relevancia y eso hace que cada día desaparezca más árboles.

    Responder

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