
Un nuevo análisis del World Resources Institute advierte sobre la creciente fragmentación de los últimos paisajes forestales intactos. La construcción de carreteras, la expansión agrícola, la tala y los incendios dividen grandes ecosistemas continuos en áreas cada vez más pequeñas y vulnerables.
- 🌲 15 % menos de paisajes forestales intactos desde el año 2000.
- 🔥 Incendios de origen humano, principal causa de pérdida desde 2020.
- 🗺️ 195 millones de hectáreas degradadas o fragmentadas en 25 años.
- 🛣️ Carreteras, explotaciones forestales y actividades extractivas como vías de entrada.
- 🌡️ Cambio climático y fragmentación, una combinación cada vez más peligrosa.
- 🌍 Más del 65 % de los bosques intactos restantes concentrados en Canadá, Rusia y Brasil.
- 🦌 Refugios esenciales para grandes poblaciones de fauna y especies amenazadas.
- 🛡️ Solo el 37 % bajo alguna figura de protección legal.
Los últimos grandes bosques intactos del planeta están desapareciendo desde dentro: la fragmentación abre la puerta a incendios y degradación
Durante décadas, la pérdida de bosques se ha medido principalmente contando árboles talados y hectáreas completamente deforestadas. Ese enfoque cuenta solo una parte de la historia.
Un bosque puede continuar apareciendo en los mapas, conservar buena parte de su cubierta vegetal y, al mismo tiempo, haber perdido una característica decisiva: su integridad ecológica.
Carreteras, explotaciones mineras, talas selectivas, infraestructuras energéticas y nuevas áreas agrícolas están dividiendo algunos de los últimos grandes territorios forestales continuos del planeta. Cada fragmentación facilita nuevas actividades humanas, aumenta el riesgo de incendios y reduce la capacidad del ecosistema para mantener poblaciones animales viables.
Los últimos datos disponibles muestran la magnitud del problema. Entre 2000 y 2025, la superficie mundial considerada paisaje forestal intacto disminuyó un 15 %, equivalente a 195 millones de hectáreas, aproximadamente la superficie de México.
El ritmo de pérdida, además, se está acelerando. La reducción media anual pasó de 7,1 millones de hectáreas entre 2000 y 2013 a 9,4 millones de hectáreas entre 2014 y 2025.
La tendencia revela un cambio importante. Desde 2020, los incendios provocados o favorecidos por actividades humanas se han convertido en el principal factor de pérdida de integridad forestal.
Qué significa realmente que un bosque siga intacto
Los paisajes forestales intactos son grandes extensiones continuas de bosque y ecosistemas naturales asociados donde las imágenes por satélite no detectan alteraciones humanas significativas ni una fragmentación relevante del territorio.
No basta con conservar árboles.
Para entrar en esta categoría, un territorio debe mantener una superficie mínima de 50.000 hectáreas, una anchura de al menos 10 kilómetros y corredores naturales suficientemente amplios para permitir el movimiento de especies.
Estas dimensiones resultan esenciales para mantener procesos ecológicos que difícilmente sobreviven en pequeños espacios aislados.
Grandes mamíferos, aves migratorias y numerosas especies con extensos territorios de alimentación necesitan desplazarse por paisajes conectados. Cuando aparecen carreteras, explotaciones forestales o asentamientos, esos movimientos se vuelven más difíciles.
También cambia el funcionamiento del propio bosque.
Los grandes sistemas forestales continuos regulan la temperatura, intervienen en los ciclos regionales de lluvia, almacenan enormes cantidades de carbono y mantienen redes ecológicas complejas que han tardado siglos en formarse.
Una vez fragmentadas, recuperar esas condiciones resulta extremadamente difícil.
Una carretera puede transformar miles de hectáreas de bosque
La construcción de una carretera parece una intervención limitada sobre el territorio. Una franja relativamente estrecha atravesando millones de árboles.
Sus consecuencias pueden alcanzar una escala mucho mayor.
La nueva infraestructura facilita el acceso de maquinaria, trabajadores y vehículos a zonas anteriormente remotas. Después pueden llegar la extracción de madera, la minería, los asentamientos humanos, la caza, nuevas explotaciones agrícolas y más carreteras secundarias.
Es un efecto dominó.
La experiencia acumulada en grandes regiones forestales demuestra que las infraestructuras de acceso pueden convertirse en el primer paso de procesos de degradación mucho más amplios.
Además, los bordes creados por carreteras y claros modifican las condiciones ambientales del interior del bosque. Aumenta la exposición al viento y al calor, disminuye la humedad y puede acumularse vegetación seca.
El territorio se vuelve más vulnerable al fuego.
Los incendios han cambiado el mapa de la degradación forestal
Entre 2000 y 2013, la explotación maderera fue la principal causa de reducción de los paisajes forestales intactos, especialmente en regiones tropicales, templadas y en el sur de los bosques boreales.
La expansión agrícola ocupaba la segunda posición.
La situación ha cambiado.
Desde 2020, cerca del 40 % de la pérdida de paisajes forestales intactos está relacionada con incendios de origen humano o vinculados a actividades desarrolladas alrededor de infraestructuras, explotaciones agrícolas, zonas madereras y proyectos extractivos.
A comienzos de siglo representaban alrededor del 21 %.
El mayor crecimiento de la pérdida asociada al fuego se ha registrado en América del Norte. En América del Sur, los incendios han superado incluso a la expansión agrícola como principal factor de reducción.
Detrás de esta evolución aparecen dos procesos que se refuerzan mutuamente.
Por una parte, carreteras, explotaciones agrícolas, minería y tala penetran progresivamente en territorios anteriormente aislados y multiplican las posibilidades de ignición.
Por otra, el calentamiento global favorece temperaturas más elevadas, periodos secos prolongados y condiciones capaces de alimentar incendios más extensos e intensos.
El resultado es una combinación difícil de controlar: más fuentes potenciales de fuego en bosques cada vez más expuestos a condiciones climáticas extremas.

La tala continúa avanzando hacia los bosques boreales
La explotación forestal representa aproximadamente el 20 % de la reducción de los paisajes forestales intactos registrada desde 2020.
Continúa siendo la principal causa de pérdida en África, el sudeste asiático y las regiones templadas de Eurasia.
Uno de los procesos más preocupantes se observa en los bosques boreales del norte de Eurasia.
La expansión de infraestructuras relacionadas con la extracción de petróleo y gas está creando nuevas vías de acceso hacia territorios donde anteriormente resultaba demasiado costoso construir carreteras forestales.
Esas infraestructuras pueden terminar facilitando la entrada posterior de explotaciones madereras.
La frontera industrial avanza por etapas. Primero llega una carretera. Después aparecen nuevas actividades económicas.
Y cada nueva intervención reduce la superficie de bosque que permanece realmente aislada.

Minería, petróleo y gas ganan peso en la fragmentación
Las actividades extractivas representan una proporción creciente de la pérdida de integridad forestal.
Desde comienzos del siglo XXI, la participación de la minería, las perforaciones y la exploración de recursos naturales ha pasado aproximadamente del 12 % a cerca del 19 % de la reducción total.
El crecimiento resulta especialmente visible en los bosques boreales de Rusia, donde la expansión de las explotaciones de petróleo y gas en Siberia oriental está penetrando en grandes territorios forestales.
En América del Sur, una parte importante del aumento está relacionada con la expansión de la minería de oro.
El impacto territorial supera ampliamente la superficie ocupada por las propias explotaciones.
Carreteras, campamentos, tendidos eléctricos, oleoductos y otras infraestructuras auxiliares crean nuevos corredores de acceso que facilitan actividades adicionales.
Una explotación puntual puede acabar desencadenando la transformación de un territorio mucho mayor.
Canadá, Rusia y Brasil concentran buena parte de los últimos grandes bosques intactos
En 2025, más del 65 % de los paisajes forestales intactos restantes se concentraba en Canadá, Rusia y Brasil.
Son también los países que han sufrido las mayores pérdidas absolutas durante los últimos 25 años.
Rusia perdió aproximadamente 53 millones de hectáreas entre 2000 y 2025.
Brasil, alrededor de 33 millones de hectáreas.
Canadá, cerca de 29 millones de hectáreas.
Otros países presentan situaciones todavía más extremas en términos relativos.
Rumanía perdió toda la superficie clasificada como paisaje forestal intacto antes de 2013. Paraguay había perdido aproximadamente el 81 % en 2025.
Islas Salomón, Laos, República Centroafricana, Nicaragua, Honduras, Liberia y Guinea Ecuatorial han perdido más de la mitad de sus paisajes forestales intactos desde comienzos de siglo.
Bosques capaces de retirar enormes cantidades de carbono de la atmósfera
La importancia climática de estos ecosistemas resulta difícil de exagerar.
Entre 2001 y 2025, los bosques situados dentro de paisajes forestales intactos absorbieron de media aproximadamente 1,62 gigatoneladas de CO₂ equivalente cada año.
Esa capacidad representa más del 30 % del sumidero neto anual de carbono de todos los bosques del planeta.
Los bosques tropicales intactos almacenan, de media, tres veces más carbono sobre el suelo que los bosques tropicales degradados o fragmentados.
Los bosques boreales cumplen otra función fundamental.
Aunque almacenan menos carbono en la vegetación, conservan enormes cantidades bajo tierra.
Los suelos boreales y el permafrost contienen reservas de carbono acumuladas durante miles de años. La degradación de estos territorios puede alterar esas reservas y favorecer la liberación de dióxido de carbono y metano.
Proteger la continuidad de los bosques boreales constituye, por tanto, una estrategia climática de largo plazo.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente
La pérdida de integridad forestal genera consecuencias que van mucho más allá de la desaparición de árboles.
Uno de los primeros efectos es la reducción de la biodiversidad.
Los bosques tropicales albergan más de la mitad de las especies de vertebrados terrestres conocidas, pese a ocupar menos de una quinta parte de la superficie terrestre mundial.
Muchas necesitan grandes territorios continuos para sobrevivir.
La fragmentación divide poblaciones, dificulta los desplazamientos y reduce el intercambio genético entre grupos de animales. Con el tiempo, pequeñas poblaciones aisladas se vuelven más vulnerables a enfermedades, incendios y cambios ambientales.
También se alteran los ciclos del agua.
Los grandes sistemas forestales reciclan humedad mediante la evapotranspiración y contribuyen a mantener patrones regionales de precipitación. Cuando el bosque pierde continuidad, también puede disminuir su capacidad para regular temperaturas, conservar humedad y amortiguar inundaciones.
Otro efecto preocupante es el aumento de los incendios.
Más bordes forestales, más carreteras y más presencia humana significan mayores probabilidades de ignición. Si además el clima se vuelve más cálido y seco, un incendio inicialmente localizado puede propagarse por superficies enormes.
Existe además una pérdida difícil de medir económicamente.
Los bosques intactos funcionan como reservas de procesos ecológicos completos. Conservan relaciones entre especies, microorganismos, suelos, cursos de agua y ciclos de nutrientes que no pueden reconstruirse simplemente plantando árboles.
Una plantación forestal puede capturar carbono y producir madera. No sustituye la complejidad de un ecosistema que ha evolucionado durante miles de años.
Los bosques intactos pueden acelerar la recuperación de territorios degradados
Conservar estos grandes ecosistemas no implica únicamente proteger lo que todavía permanece en buen estado.
También pueden convertirse en puntos de partida para recuperar territorios cercanos.
Los bosques intactos mantienen semillas, animales dispersores, microorganismos del suelo y poblaciones de especies capaces de recolonizar zonas degradadas.
Las investigaciones muestran que los procesos de regeneración natural suelen ser más rápidos y diversos cerca de bosques bien conservados.
El caso de la recuperación de las poblaciones de tigre en Tailandia ofrece un ejemplo interesante. La protección de grandes áreas forestales continuas ha permitido conservar poblaciones reproductoras capaces de aumentar progresivamente y expandirse hacia territorios cercanos.
Esta función convierte los últimos bosques intactos en infraestructuras naturales para la restauración ecológica del futuro.
Perderlos reduciría también la capacidad de recuperar otros ecosistemas.
Los territorios indígenas desempeñan un papel decisivo
Cerca del 60 % de los paisajes forestales intactos del planeta se solapan con territorios de pueblos indígenas.
Los datos disponibles muestran que la pérdida de integridad forestal suele ser menor en estas áreas.
No es una coincidencia.
Muchas comunidades mantienen sistemas de gestión territorial desarrollados durante generaciones, basados en el conocimiento de los ciclos naturales, el uso limitado de recursos y la vigilancia directa del territorio.
Reconocer los derechos sobre la tierra, mejorar la seguridad jurídica de estas comunidades y facilitar recursos para la gestión forestal puede convertirse en una de las herramientas más eficaces para conservar grandes territorios.
La protección ambiental, en este caso, también pasa por cuestiones sociales y políticas.
Las áreas protegidas funcionan, pero todavía cubren una superficie insuficiente
La protección legal reduce de forma considerable la fragmentación.
Entre 2000 y 2025, la tasa de reducción de paisajes forestales intactos dentro de áreas estrictamente protegidas fue menos de la mitad de la registrada fuera de estos espacios.
El problema es que únicamente alrededor del 37 % de los bosques intactos restantes cuenta actualmente con alguna figura de protección legal.
El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal establece el objetivo de conservar y gestionar eficazmente al menos el 30 % de las tierras y aguas del planeta antes de 2030.
Los grandes paisajes forestales continuos deberían ocupar un lugar prioritario en la ampliación de las redes de espacios protegidos.
Especialmente aquellos territorios donde una carretera, una concesión minera o una explotación forestal podrían desencadenar procesos irreversibles de fragmentación.

Proteger un bosque antes de que sea degradado cuesta menos que intentar reconstruirlo
Durante años, buena parte de las políticas forestales se han concentrado en detener la deforestación visible y restaurar superficies degradadas.
Ambas actuaciones continúan siendo necesarias.
Pero existe una estrategia complementaria con una enorme ventaja ecológica: evitar que los últimos grandes bosques intactos comiencen a fragmentarse.
La prevención requiere mejorar la planificación de infraestructuras, limitar nuevas carreteras en territorios remotos, controlar las actividades extractivas, reforzar los sistemas de detección temprana de incendios y garantizar financiación estable para la conservación.
También hacen falta mecanismos económicos capaces de recompensar a los países que mantienen grandes superficies forestales en pie.
Iniciativas internacionales basadas en pagos por conservación y nuevos instrumentos financieros para los bosques tropicales intentan avanzar en esa dirección.
El desafío consiste en lograr que conservar un bosque intacto resulte económicamente viable antes de que aparezcan incentivos para explotarlo.
Más información: Fragmentation and Fires Are Threatening the World’s Last Intact Forests



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