
Su secreto está en una sorprendente estructura molecular que combina resistencia y degradación natural. Los científicos ya estudian cómo reproducirla.
- 🐝 Una pequeña abeja solitaria fabrica un plástico natural con una estructura cristalina sorprendentemente parecida a la del polietileno.
- 🔬 El material presenta un 60 % de cristalinidad y una temperatura de fusión de 75 °C, pero puede degradarse en el suelo.
- 📉 En solo cuatro meses, la proporción de poliéster en el revestimiento de sus nidos descendió del 73 % al 40 %.
- 🏡 Las abejas utilizan este revestimiento para proteger sus larvas de la humedad y otros riesgos del entorno subterráneo.
- ♻️ El descubrimiento podría inspirar una nueva generación de plásticos biodegradables que combinen durabilidad y menor persistencia ambiental.
- 🌍 Publicado en PNAS, el estudio abre nuevas posibilidades para combatir la contaminación por plásticos, aunque todavía no existe una aplicación industrial demostrada.
Una pequeña abeja solitaria fabrica bajo tierra un material que podría ofrecer pistas para resolver uno de los grandes problemas de los plásticos: su persistencia en el medio ambiente. Investigadores de varias universidades estadounidenses han descubierto que el revestimiento de los nidos de Colletes inaequalis, conocida como abeja del celofán, contiene un poliéster con una estructura cristalina semejante a la del polietileno, pero capaz de degradarse considerablemente en el suelo en pocos meses.
El hallazgo, publicado en la revista científica PNAS, abre una nueva vía para diseñar plásticos inspirados en la naturaleza.
Cómo fabrica una abeja un material parecido al polietileno
Las abejas del género Colletes construyen sus nidos bajo tierra y recubren las celdas donde depositan sus huevos y las provisiones destinadas a las larvas. Este revestimiento actúa como una barrera protectora frente a la humedad del suelo y a los patógenos, una función esencial para que la cría se desarrolle con éxito en un entorno hostil.
Lo sorprendente es que la abeja produce esta película a partir de macrolactonas segregadas por su glándula de Dufour, que se polimerizan formando un poliéster reticulado y semicristalino.

Uno de los grandes desafíos para desarrollar plásticos biodegradables consiste en combinar buenas propiedades mecánicas con una degradación ambiental eficaz. La elevada cristalinidad y la hidrofobicidad pueden dificultar el acceso del agua y de las enzimas a las cadenas del polímero, ralentizando su descomposición. Sin embargo, este estudio identifica una excepción notable en el reino animal.
Los análisis químicos revelan que el material posee un empaquetamiento cristalino similar al del polietileno y una temperatura de fusión de 75 °C. Su grado de cristalinidad alcanza aproximadamente el 60 %, una cifra elevada que, según lo que se sabe de los polímeros sintéticos, debería dificultar la entrada de agua y el ataque de agentes degradadores.
A pesar de su elevada cristalinidad, el material presenta una organización molecular particular que podría facilitar el acceso del agua y de determinadas enzimas a los enlaces químicos responsables de mantener unidas sus cadenas. Esta característica ayudaría a explicar por qué puede degradarse en el suelo.

Del 73 % al 40 %: qué ocurre con el material en cuatro meses
La verdadera singularidad de este material radica en su comportamiento al final de su ciclo de vida. Los investigadores recolectaron revestimientos de nidos en dos ubicaciones de Tennessee a lo largo de un periodo de hasta once meses para monitorizar su evolución. Los datos muestran una reducción significativa de su componente polimérico: la proporción de poliéster descendió del 73 % al 40 % en peso en tan solo cuatro meses bajo condiciones ambientales de suelo.
Esta reducción de 33 puntos porcentuales equivale a una disminución relativa del 45,2 % respecto a la proporción inicial de poliéster. Sin embargo, no significa necesariamente que haya desaparecido el 45,2 % de la masa original del polímero, ya que el porcentaje también depende de la evolución de los demás componentes del revestimiento. Los resultados son compatibles con una degradación considerable, aunque no permiten establecer por sí solos la pérdida absoluta de masa ni la mineralización completa del material.
El estudio también detectó actividad de esterasas, tanto en los revestimientos recién construidos como en los envejecidos durante cuatro meses, mediante ensayos con un sustrato modelo. Estas enzimas pueden participar en la ruptura de los enlaces éster del polímero, aunque su contribución exacta a la degradación ambiental observada no ha sido cuantificada. Se trata de un posible mecanismo que contribuye al proceso, no de una causa definitivamente demostrada.
Qué implica y cuáles son sus límites
Es fundamental contextualizar este avance. El estudio demuestra una semejanza estructural a nivel molecular, pero no una equivalencia de prestaciones mecánicas con el polietileno industrial, ni la existencia de un producto comercial listo para sustituir al plástico de un solo uso. La abeja produce este material en pequeñas cantidades destinadas exclusivamente a revestir las celdas de cría.
Traducir estos principios de diseño bioinspirado a procesos de fabricación a gran escala representa un desafío que todavía requiere investigación sobre síntesis, propiedades mecánicas, biodegradación y escalabilidad industrial. Además, el estudio no demuestra que la degradación esté programada para comenzar tras el desarrollo larvario; lo que se observa es una degradación durante el envejecimiento natural del nido bajo condiciones ambientales.
El descubrimiento demuestra que un poliéster con elevada cristalinidad puede experimentar una degradación considerable en condiciones naturales de suelo, una combinación especialmente interesante para la investigación de nuevos materiales biodegradables. Los nidos de estas pequeñas abejas ofrecen una referencia natural valiosa para desarrollar futuros plásticos que combinen funcionalidad durante su uso y una menor persistencia al convertirse en residuos.
Más información: Jonathan P. Coote et al., Degradación rápida en el suelo de un poliéster semicristalino reticulado similar al polietileno producido por abejas del género Colletes, Actas de la Academia Nacional de Ciencias (2026). DOI: 10.1073/pnas.2607098123

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