
Descubren que cocinar genera más partículas contaminantes que los tubos de escape en Londres y Pekín: hasta el 87 % en horas punta.
- 🍳 Una fuente inesperada de contaminación: Cocinar genera más emisiones directas de partículas PM1 que los tubos de escape en el centro de Londres y Pekín, según un nuevo estudio científico.
- 🏙️ Hasta el 87 % de las emisiones: En determinados momentos del día, la preparación de alimentos representa hasta el 87 % de las emisiones primarias locales de PM1 en Londres y el 76 % en Pekín.
- 🚗 El tráfico pierde protagonismo: Las emisiones de partículas de los tubos de escape se redujeron un 94 % en el Reino Unido entre 1996 y 2024, gracias a las normativas ambientales y las mejoras tecnológicas.
- 🔬 Partículas peligrosas para la salud: Las PM1, de menos de una micra de diámetro, pueden penetrar profundamente en los pulmones y contribuir a problemas respiratorios y cardiovasculares.
- 🌱 Nuevas soluciones para las ciudades: Mejorar la extracción y filtración de humos en cocinas domésticas y comerciales podría ayudar a reducir una fuente de contaminación urbana hasta ahora poco atendida.
Durante décadas, las regulaciones ambientales y la transición hacia vehículos menos contaminantes han transformado el paisaje atmosférico de las grandes metrópolis. Sin embargo, un nuevo estudio liderado por el Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido (UKCEH) ha identificado una fuente de contaminación urbana que ha pasado relativamente desapercibida: la preparación de alimentos.
La investigación, publicada en la revista npj Climate and Atmospheric Science, revela que las emisiones primarias de partículas de diámetro inferior a una micra (PM1) procedentes de la cocina ya superan a las emitidas por los tubos de escape en el centro de Londres y Pekín. Este hallazgo subraya la necesidad de ampliar el enfoque de las políticas de calidad del aire más allá del tráfico rodado.
El desplazamiento del foco contaminante
El equipo internacional de investigadores midió los flujos de emisiones de materia particulada PM1. Es importante diferenciar estas partículas de las ultrafinas (que se definen habitualmente por diámetros inferiores a 0,1 µm). Las PM1 son partículas cuyo diámetro no supera aproximadamente una micra (1 µm). Como referencia, una partícula de este tamaño puede ser cientos de veces más pequeña que el grosor de un cabello humano, dependiendo del diámetro utilizado para la comparación. Estas partículas microscópicas pueden penetrar profundamente en el aparato respiratorio y, en el caso de las más pequeñas, atravesar barreras biológicas y alcanzar otros tejidos, lo que suscita preocupación por sus posibles efectos sobre la salud cardiovascular y respiratoria.
Los investigadores analizaron los flujos de partículas entre las superficies urbanas y la atmósfera mediante observatorios elevados. En Londres, las mediciones se realizaron desde la torre BT de Londres, de unos 190 metros de altura, utilizada desde 2011 para estudiar las emisiones atmosféricas de la capital británica. Este enfoque permite analizar las emisiones de áreas urbanas extensas, en lugar de limitarse a mediciones junto a una carretera o un restaurante.
Los datos revelan un patrón temporal claro vinculado a los hábitos alimentarios. En Londres, la preparación de alimentos representó hasta el 83 % de las emisiones primarias locales de PM1 al mediodía y el 87 % a última hora de la tarde y primeras horas de la noche. En Pekín, las proporciones alcanzaron el 61 % y el 76 %, respectivamente. Durante esos periodos, las emisiones procedentes de los tubos de escape representaron menos del 10 %.

Ben Langford, científico atmosférico del UKCEH y autor principal del estudio, explica que muchas personas perciben el olor de los alimentos al cocinar, pero no consideran esta actividad una fuente de contaminación. Sin embargo, la preparación de alimentos puede liberar cantidades importantes de partículas finas a la atmósfera.
El investigador destaca que, mientras las emisiones del transporte por carretera se han reducido considerablemente durante las últimas décadas, las procedentes de cocinas comerciales y de la preparación de alimentos han recibido mucha menos atención.
El éxito de las políticas de movilidad y sus límites
Los autores califican estos resultados de sorprendentes, aunque en realidad constituyen una prueba indirecta del éxito de las normativas de emisiones vehiculares. En el Reino Unido, las emisiones de partículas finas procedentes específicamente de los tubos de escape se redujeron un 94 % entre 1996 y 2024. Esta reducción no incluye las partículas generadas por el desgaste de neumáticos, frenos y pavimentos.
A diferencia del tráfico, las emisiones de la cocina solo se han incorporado recientemente al inventario de emisiones atmosféricas de Londres. Por este motivo, los investigadores advierten de que todavía no existen datos históricos suficientes para determinar cómo ha evolucionado su contribución a la contaminación urbana durante las últimas décadas.
La creciente electrificación del parque automovilístico contribuirá a reducir las emisiones de partículas procedentes de los tubos de escape, aunque persistirán las generadas por el desgaste de neumáticos, frenos y pavimentos. Estas últimas no fueron captadas directamente por las mediciones del estudio. Sin embargo, al combinar sus resultados con investigaciones anteriores, los autores consideran probable que las emisiones de partículas procedentes de la cocina superen incluso al conjunto de las relacionadas con el tráfico en el centro de Londres.
Emisiones locales frente a exposición real
El estudio, financiado por el Consejo de Investigación del Medio Ambiente Natural (NERC) y con la colaboración de instituciones de China e India, destaca una distinción fundamental entre lo que se emite localmente y la contaminación real a la que está expuesta la población.
La cocina puede ser una fuente dominante de emisiones primarias locales sin representar necesariamente la principal contribución a la contaminación total que respira la población. Una parte importante de las partículas atmosféricas procede de otras regiones o se forma mediante reacciones químicas entre gases precursores. Por tanto, las emisiones directas de una ciudad no explican por sí solas la exposición de sus habitantes.
Curiosamente, el patrón observado en Londres y Pekín no es universal. En ciudades como Delhi, los resultados apuntan a un mayor protagonismo del tráfico y otras fuentes de combustión, lo que indica que las estrategias de mitigación deben adaptarse al contexto socioeconómico y geográfico de cada metrópoli.

Las cocinas, un nuevo objetivo para mejorar la calidad del aire
Ante este nuevo escenario, los investigadores consideran que mejorar la captura y filtración de los humos de cocina, especialmente en establecimientos comerciales, podría ofrecer nuevas oportunidades para reducir las emisiones urbanas de partículas.
Entre las posibles medidas se encuentran los sistemas de extracción con filtración de partículas, el mantenimiento adecuado de las instalaciones y la revisión de los requisitos de ventilación. Sin embargo, el estudio no cuantifica la eficacia de estas intervenciones ni compara tecnologías concretas. El desafío consiste en reducir las emisiones que llegan al exterior sin trasladar el problema al interior de los edificios y procurando limitar el consumo energético de los sistemas de ventilación.
Vía UK Centre for Ecology & Hydrology
Más información: Traffic and combustion emission controls leave cooking as a dominant local source of primary PM1 in megacities

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