
Moroti Adegboyega, estudiante canadiense de 17 años, ganó el Stockholm Junior Water Prize 2026 con Ecoferroquatics, un robot autónomo que combina visión artificial, robótica, imanes y un ferrofluido especialmente formulado para retirar plástico del agua intentando minimizar el impacto sobre la vida acuática.
- 🤖 Robot acuático autónomo guiado mediante inteligencia artificial
- 🧲 Ferrofluido magnético para adherirse al plástico y facilitar su retirada
- 🌊 Captura selectiva, pensada para reducir el contacto con organismos acuáticos
- 🔬 Mejor resultado que un tamiz sencillo frente a partículas de escala microplástica en pruebas controladas
- 🏆 Ganador del Stockholm Junior Water Prize 2026
- ⚠️ Prototipo experimental, con seguridad ambiental y funcionamiento en aguas reales aún por validar
¿Por qué importa?
Retirar plástico de un río, lago o humedal resulta bastante más complicado que recoger basura de una playa. Las redes y otros sistemas físicos pueden atrapar residuos, pero también vegetación, pequeños animales y materia orgánica.
Ecoferroquatics propone atacar justo ese problema: localizar el plástico, dirigirse hacia él y capturarlo de forma selectiva. La combinación de visión artificial, robótica y un líquido sensible a los campos magnéticos abre una vía interesante para automatizar determinadas tareas de limpieza sin tener que filtrar todo lo que encuentra el sistema.
La propuesta está todavía lejos de poder considerarse una tecnología de limpieza ambiental consolidada. Ahí está precisamente lo interesante: permite ver cómo materiales ya conocidos, como los ferrofluidos, podrían pasar de un experimento de laboratorio a una máquina capaz de trabajar sobre el agua.
De una sustancia negra magnética a un robot acuático
Moroti Adegboyega, estudiante de 17 años de St. John’s, en Terranova y Labrador, Canadá, comenzó el proyecto después de conocer investigaciones en las que se utilizaban ferrofluidos para capturar microplásticos.
El principio químico ya existía. Su pregunta fue distinta: ¿podría construirse una máquina que llevara esta técnica directamente hasta la contaminación?
Así nació Ecoferroquatics, nombre abreviado de un proyecto que combina ciencia de materiales, inteligencia artificial, visión por ordenador y robótica.
El dispositivo incorpora una cámara que busca residuos plásticos sobre el agua. Un sistema de inteligencia artificial analiza las imágenes, calcula aproximadamente dónde se encuentra el objeto y ordena al robot desplazarse hacia él.
Una vez alcanzado el residuo entra en juego la parte más peculiar del proyecto.
Adegboyega preparó su propio líquido magnético empleando nanopartículas de magnetita, ácido oleico y aceite vegetal. La formulación presenta afinidad por materiales hidrofóbicos como muchos plásticos.
El ferrofluido entra en contacto con el residuo y se adhiere a su superficie. Después, un sistema magnético puede recuperar conjuntamente el fluido y el plástico capturado.
No hace falta que una red barra toda la zona. Esa selectividad es la idea central.

La inteligencia artificial no elimina el plástico: decide dónde actuar
La presencia de IA puede llamar mucho la atención, aunque conviene situarla en su papel real.
El algoritmo no destruye ni transforma los residuos. Funciona principalmente como sistema de detección y navegación.
Adegboyega tuvo además que crear su propio conjunto de imágenes de residuos plásticos en espacios acuáticos porque no encontró un conjunto de datos adecuado para entrenar el sistema.
La cámara busca el plástico, estima su posición y ayuda a orientar el robot. El ferrofluido y los imanes realizan posteriormente la captura física.
Esa separación entre detección digital y recuperación física resulta interesante porque permitiría mejorar cada parte independientemente.
Una futura versión podría utilizar cámaras mejores, diferentes sensores o modelos de reconocimiento más robustos sin necesidad de modificar por completo el sistema magnético de captura.
¿Y qué ocurre con los microplásticos?
Aquí conviene ser preciso.
Los microplásticos son partículas de hasta 5 mm, aunque dentro de esa categoría existe una enorme variedad de tamaños, formas, densidades y polímeros. Cuanto menores son las partículas, más complicado resulta retirarlas del agua utilizando sistemas mecánicos sencillos.
Durante las pruebas controladas de Ecoferroquatics, el sistema superó a un tamiz básico al recoger las partículas más pequeñas, de escala microplástica, capaces de atravesar métodos de cribado convencionales.
Las fuentes públicas disponibles no proporcionan, por ahora, un porcentaje concreto de eliminación que permita afirmar que Ecoferroquatics retira el 90 %, 95 % o cualquier otra cifra determinada.
Ese dato importa. Mucho.
Hasta disponer de pruebas reproducibles con concentraciones conocidas, diferentes polímeros, distintos tamaños de partículas y aguas naturales, cualquier porcentaje general de eficacia sería prematuro.
Una tecnología que intenta distinguir basura de vida
Los métodos de limpieza acuática presentan un problema difícil de evitar: la contaminación comparte espacio con organismos vivos.
Una red, un filtro o un sistema de arrastre puede recoger plástico. También puede capturar pequeños peces, larvas, algas, insectos, semillas o fragmentos de vegetación.
Ecoferroquatics intenta reducir esa captura indiscriminada mediante dos barreras.
La primera es visual: el sistema identifica previamente el residuo antes de aproximarse.
La segunda depende del material: el ferrofluido está diseñado para mostrar afinidad con superficies plásticas.
Eso podría resultar especialmente útil en lugares ecológicamente sensibles donde introducir grandes equipos de limpieza sería problemático.
De hecho, Adegboyega considera que una futura versión podría probarse en proyectos de restauración de humedales, entornos en los que una solución pequeña y selectiva tendría más sentido que una máquina de gran tamaño.
También ha planteado otra posibilidad interesante: utilizar muchos robots pequeños trabajando coordinadamente en lugar de depender de una única plataforma grande.
El precedente que explica de dónde viene la idea
La utilización de ferrofluidos contra los microplásticos tiene un precedente especialmente relevante.
En 2019, el joven irlandés Fionn Ferreira ganó la Google Science Fair después de desarrollar un método basado en ferrofluidos y campos magnéticos para separar microplásticos del agua.
Aquella investigación demostró el potencial del fenómeno a pequeña escala.
Ecoferroquatics intenta añadir la pieza que faltaba: movilidad y autonomía.
En vez de llevar una muestra contaminada hasta un sistema magnético, la propuesta consiste en llevar el sistema hasta donde se encuentra el residuo.
Es un cambio conceptual pequeño sobre el papel. En ingeniería implica resolver navegación, flotabilidad, reconocimiento visual, recuperación del material, alimentación energética y comportamiento frente a oleaje, corrientes o turbidez.
Adegboyega tardó seis versiones en conseguir que su prototipo mantuviera una flotación consistente.
Los límites que todavía tendrá que superar
El premio internacional no convierte automáticamente el proyecto en una tecnología preparada para trabajar en un ecosistema.
El propio inventor reconoce dos problemas principales.
El primero afecta al ferrofluido.
Aunque su formulación utiliza aceite vegetal, ácido oleico y magnetita y ha sido planteada buscando biocompatibilidad, todavía deben estudiarse con mayor profundidad sus posibles efectos sobre organismos acuáticos.
Una solución para combatir contaminación plástica no puede introducir otro material problemático en el medio.

También habrá que comprobar cuánto ferrofluido se recupera después de cada ciclo, cuánto se pierde, cuántas veces puede reutilizarse y cómo deben gestionarse finalmente la mezcla y los microplásticos capturados.
El segundo gran problema está en la visión artificial.
Una cámara que reconoce plástico durante una prueba controlada puede encontrarse con condiciones mucho más difíciles en un río real: agua turbia, reflejos solares, hojas, espuma, ramas, oleaje, objetos parcialmente sumergidos y residuos cubiertos por algas.
El propio Adegboyega identifica la cámara como una de las principales limitaciones del primer prototipo y considera que futuras versiones podrían necesitar otra estrategia de detección.
Faltan además ensayos prolongados, estudios de consumo energético, evaluación de costes, pruebas de resistencia mecánica y experimentos independientes que comparen la plataforma con otras técnicas.
No existe una única respuesta para los microplásticos
Ecoferroquatics tampoco aparece en un vacío tecnológico.
Se están investigando numerosas estrategias para capturar microplásticos: coagulación, membranas, materiales adsorbentes, sistemas magnéticos, filtros textiles, tratamientos biológicos e incluso microrobots.
En España, por ejemplo, la empresa surgida de la Universidad Autónoma de Madrid Captoplastic lleva años trabajando en tecnologías destinadas a identificar, concentrar y separar microplásticos presentes en agua.
En otros proyectos se utilizan materiales vegetales. Investigadores brasileños han experimentado con extractos de semillas de moringa para favorecer la agrupación de estas partículas y facilitar posteriormente su filtración.
Incluso se investigan enjambres de pequeños dispositivos controlados magnéticamente capaces de desplazarse entre contaminantes.
Cada estrategia tiene un ámbito donde puede funcionar mejor.
Una planta depuradora necesita tratar enormes caudales de forma continua. Un robot móvil encaja mejor en intervenciones localizadas. Un filtro doméstico afronta otra escala completamente distinta.
La cuestión importante no consiste en descubrir una máquina universal. El reto está en encontrar la herramienta adecuada para cada punto del recorrido del plástico.
Potencial
La idea tendrá verdadero valor ambiental si consigue evolucionar hacia un sistema seguro, recuperable, energéticamente eficiente y capaz de trabajar durante largos periodos sin liberar materiales secundarios.
Una de sus aplicaciones más razonables podría encontrarse en zonas relativamente cerradas donde la contaminación se concentra: puertos deportivos, canales urbanos, balsas, desembocaduras, humedales o sistemas de drenaje.
También podría funcionar como plataforma híbrida. Un robot equipado con sensores podría localizar contaminación, registrar su posición y retirar determinados residuos en la misma operación.

Con pequeñas plataformas trabajando de forma coordinada, la tecnología podría cubrir superficies mayores sin recurrir necesariamente a maquinaria pesada.
Pero la aportación probablemente más interesante de Ecoferroquatics se encuentra en su arquitectura: ver, decidir, acercarse y recoger únicamente el objetivo identificado.
Ese concepto puede aplicarse a otras tecnologías de restauración ambiental.
Queda mucho desarrollo por delante. También varias preguntas difíciles. Precisamente por eso merece atención: no plantea únicamente otra forma de filtrar agua, plantea cómo hacer que una máquina encuentre activamente la contaminación y actúe sobre ella con mayor precisión.

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